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Publicado en marzo de 1977.

Mientras en la Inglaterra de 1977, cientos de jóvenes frustrados se colgaban alfileres de gancho en la cara siguiendo el ejemplo de The Sex Pistols, The Clash, The Damned y Buzzcocks, The Jam salían a escena uniformados con trajes negros de corte italiano y camisas blancas, convirtiéndose en la cara políticamente correcta del punk y de la new wave inglesa, aunque tampoco fue tan correcta (también querían pelearse con la Reina).

La banda de Woking (Surrey), formada por Paul Weller (guitarra y voz), Bruce Foxton (bajo y voz) y Rick Buckler (batería) se formó en 1972 y, tras presenciar un show de The Sex Pistols en 1976, su sonido comenzó a hacerse más rápido y crudo, inspirando incluso a los mismos Pistols –cosa que se nota en la similitud entre las lineas de bajo de ‘Holidays in the Sun’ y las de ‘In the City’-. Por estos años la música parecía tomar dos caminos: el de la actitud o el del sentido musical. The Jam se desentiende de estas opciones y tras firmar contrato con Polydor, debuta en marzo del 77 con In the City, el primero de sus seis álbumes. Grabado en apenas once días, este primer LP entra en competencia, mejorando la oferta de sus contemporáneos del punk con sensibilidad pop. Sin intenciones de revivir el sonido de los sesentas, la banda de Paul Weller no desconoce el Northen Soul ni el pasado beat de los los primeros Kinks, The Who y Small faces, pero tampoco traiciona los ideales del punk, ocupando el sonido y la imagen mod para hacer un disco, ante todo, rápido, accesible y callejero (el tag de su portada puede dar cuenta de ello).

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Con la ansiedad de haber sido compuesto en su mayoría por Weller (salvo ‘Slow Down’, y una parodia de Batman Theme, compuesta por Nean Hefti) cuando tenía apenas dieciocho años, las doce canciones de In the City promedian un poco menos de tres minutos, queriendo tenerlo todo, en muy poco tiempo. En ellas, la voz de Weller cuenta con la urgencia de un adolescente de provincia viviendo en Londres, con susrespectivas experiencias callejeras (“In the city there’s a thousand faces all shining bright, And those golden faces are under 25, They wanna say, they gonna tell ya, About the young idea, You better listen now you’ve said your bit-a”; canta en ‘In The City’), de chicas (“Baby, baby, baby I’ve changed my address, I didn’t mean to make you cry but I know it’s for the best”; ‘I’ve changad my address’) y de lo mal que le iba en el colegio (“Away from the numbers, Is where I’m gonna be”; en ‘Away from the Numbers’).

En Inglaterra, The Jam estuvo alejado de lo que masivamente se conocía estéticamente como punk -tachas, jeans ajustados, swásticas, químicos y escándalos-, convirtiéndose en una banda con un gran potencial comercial y que, a la postre, llegaría a la categoría leyenda. Weller y compañía posicionaron 18 de sus singles en los rankings ingleses. De ahí que se les critique por, aparentemente, ser una banda de sencillos más que de discos. Sea como sea, The Jam sería por definición un trío que compendia el más puro y elegante sonido de la música popular inglesa de todos los tiempos: el de su pasado, el de sus contemporáneos y el de su posterior influencia.

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La historia ha sido injusta con este disco, puesto que mientras la prensa al otro lado del Atlántico se encandiló con la exhuberancia efectista punk, The Jam nunca logró el reconocimiento en Estados Unidos -como sucedió a muchas otras maravillas europeas de fines de los ’70 y principios de los ’80-, cosa que a estas alturas ya no es ninguna sorpresa considerando en lo que se ha transformado la cultura de masas del país del norte.