El influyente sello inglés de electrónica de avanzada Warp Records celebra sus 20 años a nivel mundial. A presentaciones en ciudades como Tokio, Berlín, París y Londres, se suma a la fiesta Santiago de Chile con los shows inminentes de Prefuse 73, Bibio y Plaid, más la proyección del documental sobre All Tomorrow’s Parties (quizás el mejor festival indie), gentileza de Warp Films. Aquí, una nota sobre la influencia de Warp, y 10 discos selectos de su catálogo.

Más allá de verse influenciados por la electrónica, los artistas del sello Warp Records han demostrado ir mucho más lejos que sus contemporáneos, generando una vanguardia artística real que ha adquirido su propio peso. Ligado desde sus comienzos -1989, en la ciudad inglesa de Sheffield- a una propuesta gráfica interesante (generada, en parte, por los míticos diseñadores de The Designers Republic), el sello supo hacerse popular por sus fichajes fuera de lo común, incluso llegando a los charts ingleses en varias ocasiones.

Nombres como Aphex Twin, Autechre, LFO y, más recientemente, Prefuse 73, han definido un antes y un después dentro del género. Hasta entonces, a fines de los ochenta y principios de los noventa, existían corrientes disímiles, como las tocadas en las raves (techno), el acid jazz, o el house de Detroit y Chicago. La gente de Warp supo darle textura y consistencia a corrientes disímiles, extrayendo una nueva tendencia, en un principio tildada de “Intelligent techno” o de “Intelligent Dance Music” (IDM), tal vez a causa de las ediciones del sello bajo el nombre de “Artificial Intelligence”.

Con el famoso disc jockey y productor Andrew Weatherall en el equipo (con su proyecto Sabres of Paradise), Warp despegó con fuerza. Eran los tiempos en que Weatherall dominaba la escena electrónica subterránea inglesa, codeándose con el circuito de DJ’s, produciendo a bandas como Primal Scream y remezclando a otras como My Bloody Valentine. En un extremo más autista, Autechre revolucionó el sonido de lo que se entendía por ‘techno’ con sus aires minimalistas. A mediados de los noventa, la etiqueta más fácil para conseguir en una disquería estas ediciones escasas y preciadas era “ambient” (si bien este era un género fundado por Brian Eno que rara vez permeó los clubes como lo hicieron Sean Booth y Tim Brown). De seguro, las ediciones de Aphex Twin, bajo el nombre de Selected Ambient Works, tuvieron algo que ver al respecto.

VIDEO: Aphex Twin – “Come to daddy”

El ambient era, por supuesto, una música casi para entendidos (o elegidos) dada su extrema confidencialidad y la elegancia de los diseños editoriales de las portadas de discos (en una época donde la mayor parte del mundo estaba pendiente de Soul Asylum o Elton John). LFO, quienes habían debutado con el influyente Frecuencies de 1992, se consolidaban con Advance, un álbum que juntó de manera sólida las proposiciones del manifiesto Warp.

Con los años, Warp se ha aliado con otros sellos, como el coloso Matador en Estados Unidos, y ha incorporado artistas de indie rock en su catálogo, como Battles o Grizzly Bear, además de expandirse hacia el folk con Vincent Gallo y al hip hop con Anti Pop Consortium y Prefuse 73. Así como Matador ha sido un bastión fuerte de la estética del lo-fi, el twee y el post punk, otorgando al rock conceptos que lo mantienen como una opción atractiva -y no un cliché-, Warp ha sabido hacer lo suyo y crear escuela en materia de electrónica.

Sellos como Planet Mu, Skam o Fat Cat le deben mucho, con criterios editoriales estrictos que mantienen la calidad a niveles muy por sobre la norma, y ayudando a que el adjetivo de “independiente” tenga un valor agregado. Artistas como Aphex Twin, Prefuse 73 y Chris Clark han sabido hacer del error y la intervención digital un método propio de expresión, conocido como glitch. Por ello, muchos se cuelgan del prestigio del término “indie” para vender cualquier cosa, a causa del hecho de ser autoproducida, aunque olvidan el rigor y la fineza estética de pautas creativas como las de Warp.

VIDEO: Battles – “Tonto”

Músicos como Boards of Canada y Broadcast han sabido abrir sus propios caminos, de una manera diferenciadora. Es difícil predecir cómo sonará un artista de Warp, dentro de qué estilo. Sin embargo, es fácil saber que se distinguirá inmediatamente de entre todos los demás, como es el caso de Bibio, o de los desaparecidos Plone. Parte de la avanzada norteamericana tuvo gran influencia de Warp. Grupos como Tortoise o Trans Am se dedicaron a ser permeados por estos nuevos conceptos, y mezclarlos con el rock, generando propuestas ambiciosas. La electrónica indie, o indietronica, nace del cruce de una generación de músicos que disfrutaban tanto del lo-fi de Sebadoh como de los discos de Warp. He ahí Mörr Music y su exquisita paleta de sonidos.

Resulta difícil ver hasta dónde se extiende la influencia de Warp como sello, como método de gestión y de criterio editorial, así como impulsor de talentos altamente creativos. Ello, por lo menos, dentro de los oídos más refinados y quisquillosos. No sólo se convirtió esta empresa en un modelo a seguir, sino que más de una camada de músicos le da el título de referencia, o de materia de respeto. Tal vez, porque son personas razonables, como dicen ellos mismos: “We Are Reasonable People”.

Para introducirse en este universo musical, nada mejor que las compilaciones históricas que han lanzado con extractos de sus distintos artistas, como WAP 100 (la edición número 100 del catálogo), Warp 10 (que incluye un disco de influencias, otro de clásicos y un último de ‘grandes éxitos’) y, ahora, Warp 20, que se edita, además, en un boxset de lujo que aparece como una joya: costosa pero de mucho valor.

VIDEO: Prefuse 73 – “Another one long gone”

10 discos selectos de Warp

Fue preciso evitar lo obvio –Richard H Kirk, Nightmares on Wax, Black Dog, Sabres of Paradise- para desglosar parte del enorme catálogo de un sello que posee más de 180 álbumes editados, en algunas de sus muestras más interesantes y cautivadoras, en un criterio editorial con una personalidad propia y marcada.

1.- Boards of Canada: Music Has The Right To Children (1998)

Beats hip hop altergados, en un estado onírico (¿narcótico?) de eterna metamorfosis, junto a voces tratadas de niños que aparecen como en un sueño, o en un recuerdo que se ve difuso, como a través del agua, y melodías sacadas de viejos sintetizadores de los ’70, más música de antiguos documentales sobre el mundo natural, el álbum debut de Boards of Canada es desconcertante y perturbador, como una regresión subconsciente o hipnosis.

Luego de un par de vinilos para Skam, Boards of Canada se lanza con todo en este larga duración (en el real sentido de la palabra), que resulta ser un verdadero viaje a las profundidades dormidas dentro de lo más recóndito del ser humano. Más allá de un tema reconocible (usado hasta en publicidad), Music Has The Right To Children vale en su conjunto, si bien eso es algo duro de pedir a la frágil memoria colectiva, que almacena casi exclusivamente éxitos comerciales ¿Por qué, cuando dicen noventas, ésta piensa en Pearl Jam y Oasis, como entes reconocibles de inmediato? Este álbum es un legado al futuro sobre las posibilidades creativas de herramientas usadas, por lo genral, sólo para el arte de lo desechable. Este disco es el diseño hecho música, de manera lúdica y con un refinamiento delicioso.

MP3: Boards of Canada – “Aquarius”

2.- Aphex Twin: I Care Because You Do (1993)

Luego de distintos experimentos y alias (Polygon Window, AFX), Richard D James lanza el álbum definitivo de Aphex Twin, el que lo erige como un artista cabal y meritorio. I Care Because You Do supo imprimirle misterio, deseo, belleza, nostalgia y una saludable dosis de perversión a las corrientes techno circundantes, mucho más explícitas, sin dejar nada al imaginario. Ante todo, el inglés juega aquí al enigma y a lo revelado, aunque esto nunca termina siendo absoluto.

Más introvertido que carismático, Aphex Twin parece divertirse con lo que ve a su alrededor y se dedica a jugar y romper esquemas, como un niño que inventa sus propias reglas y se abstrae de lo que le dictan los demás. Por disc jockeys electrónicos e intérpretes del estilo, I Care Because You Do es considerado una pieza clásica e ineludible. Este disco moldea un lenguaje nuevo, e introduce nuevas incógnitas sobre posibles rutas de navegación. Richard D James absorbe, bebe del ambient de Brian Eno, de las raves, del hip hop y del pop, y lo metaboliza en términos personales e inauditos.

MP3: Aphex Twin – “Wet Tip Hen Ax”

3.- Autechre: Chiastic Slide (1997)

Con este disco, luego de su definitorio Tri Repetae, Autechre se lanza de lleno dentro del contraste entre la digitalización brutal y la nostalgia. Ya no hay miedo en Sean Booth y Tim Brown de destruir, reconstruir, editar, copiar, pegar y manipular. Con Chiastic Slide, su música alcanza un grano perfecto, en procesos donde la máquina suena peligrosamente orgánica, como si tuviese una vida propia, a la manera de un organismo vegetal que se desarrolla y expande.

Elegante, minimalista, lleno de quiebres y detalles, este álbum es una obra maestra en sí mismo, pasando de un estado a otro dentro de un mismo corte. Autechre apuesta alto y de una manera casi pretenciosa. Lo peor de todo, es que dan en el blanco.

MP3: Autechre – “Cipater”

4.- Stereolab: Aluminum Tunes (1997)

Si bien, en rigor, este disco reúne gran parte del material desperdigado por Stereolab dentro de sus más secretas ediciones de singles y música para instalaciones artísticas, es la primera vez que este material aparece de manera accesible a la luz pública. Compuesto por piezas de la época de mayor fervor creativo y experimental del groop (luego de su impronta inicial, Stereolab se diversifica hacia el funk, el jazz y la electrónica de manera mucho más marcada), Aluminum Tunes es uno de los mejores discos de la banda anglo-francesa. Ello pues, aquí, Stereolab se da el lujo de hacer lo que quiere, sin las restricciones comerciales de su casa habitual, Elektra Records.

Las canciones pierden toda proporción habitual, y entran en un mundo extraño, como el de Lewis Carroll en Alicia en el país de las maravillas. Un universo surrealista y confuso, que encuentra sus raíces dentro del pop francés de los ’60, de la bossa nova, el easy listening y el krautrock, vistos con ojos esfumados, inciertos. Lástima que sus mayores logros fuesen tan confidenciales, pues Stereolab es un grupo que se ha caracterizado por funcionar mejor en formatos cortos que en álbumes. Aluminum Tunes es el disco a recomendar para quien quiera descubrir lo mejor de esta banda y, paradojalmente, el único que sacaron por Warp.

MP3: Stereolab – “Check and double check”

5.- Red Snapper: Prince Blimey (1996)

En la época, Red Snapper era una rareza. Ello pues en un mundo donde la electrónica era música hecha por tipos con máquinas, ellos la tocaban con instrumentos más convencionales: batería, bajo, guitarra, teclados y saxofón. En un mundo de programadores donde la queja del público era la frialdad de las presentaciones, Red Snapper se transformó en la sensación en vivo del momento. Su jazz cool y narcótico, junto a ritmos del incipiente jungle, da un resultado de mala leche.

Temas como “Crusoe takes a trip” navegan por mares remotos y apasionantes, llenos de aventuras y peligros. El contrabajo pulsa con fuerza, mientras la batería se ejecuta sin concesiones, el saxo se pierde en su propia libido y la guitarra va narrando como una voz interpretativa que describe lo que está ocurriendo. Red Snapper posee una efectividad venenosa y letal, y Prince Blimey es un álbum que sobrepasa por mucho los epítetos de trip hop.

MP3: Red Snapper – “Gridlock”

6.- LFO: Advance (1995)

Un producto sintético y alienante, tal es Advance, el segundo disco del dúo LFO (Low Frecuency Oscillator). Ello pues este álbum es una droga en sí mismo (y una bastante potente y difícil de manejar), y le hace honor a su nombre: eleva el techno de las raves a estados nuevos y próximos al misticismo. Pocas veces el trance había sido abordado de una manera tan tribal y penetrante. Una vez que el álbum comienza a dar vueltas en la platina, es imposible sustraerse a sus efectos hipnóticos y poderosos.

LFO logra en Advance un disco con mucha clase, demostrando porqué Björk los eligió de productores en su momento. No se trata de meterle bombo a los temas, sino que hay que saber hacerlo. Cómo, cuándo y dónde. Ello es fundamental. Cortes como ‘Shove piggy shove’ son una muestra de lo sutil y elevado de su discurso: un tema terso como una piel joven, lozana y firme, con la belleza de una modelo de Botticelli.

MP3: LFO – “Tied up”

7.- Chris Clark: Clarence Park (2001)

El debut de Chris Clark (hoy, simplemente Clark) para Warp es un asunto de proporciones. Por primera vez para un artista de esta categoría, Clark incorpora a las locuras electro de Aphex Twin y Squarepusher la influencia del rock descontrolado de Pavement, y de artistas clásicos como Erik Satie. Desde composiciones nostálgicas, como ‘Pleen 1930s’ y ‘Caveman’s Lament’, hasta otras más movidas e imparables como ‘Proper Lofi’ (una clase de edición y destrucción digital), Chris Clark toma el camino del riesgo y lo asume.

Clarence Park es una obra hermosa en su inmadurez, como la banda sonora perfecta para un grupo de infantes patinando sobre el hielo encima de un lago, escuchando a AFX y Boards of Canada con una radio descompuesta que se adelanta, se atrasa, se pega y crea unos sonidos que se evaporan como los alientos entre ellos al conversar. Dentro de lo más desconocido del catálogo del sello, éste es un álbum a rescatar con urgencia, dada la enorme visión, incomprendida en su tiempo, que Chris Clark le imprimió a sus temas. De hecho, este se acerca mucho más a la estética underground y rupturista de sellos como Rephlex y Planet Mu.

MP3: Chris Clark – “Lord of the dance”

8.- Bibio: Ambivalence Avenue (2009)

Tras un par de discos para el sello Mush Records, propiedad de Boards of Canada, Bibio exhibe su debut para Warp con un manejo a la vez virtuoso y despreocupado de estilos y técnicas. Un as de la herramienta MPC (que permite lanzar sonidos y secuencias a la manera de un teclado telefónico), Stephen Wilkinson se deja influenciar por el folk inglés y la Intelligent Dance Music en partes iguales, con un resultado abrumador.

Pocos discos, en una era dominada por el electro-dance, poseen la densidad de sonido de Ambivalence Avenue, con sus citas al funk, al jazz y hasta a la bossa nova. Aunque Tortoise no deja de venir al espíritu en esta mezcla insospechada y sabrosa, Bibio posee méritos propios. Wilkinson pasa de un estilo a otro sin avisar e invita a dejarse llevar tanto por su voz y guitarra como por sus intervenciones electrónicas.

MP3: Bibio – Cry! Baby!

9.- Prefuse 73: Vocal Studies and Uprock Narratives

Con su proyecto Prefuse 73, el músico y productor Guillermo Scott Herren se lanza de lleno en la disección del hip hop bajo la perspectiva de lo que fue el jazz prefuse de principios de los ’70. Hasta entonces un músico más experimental en Delarosa y Asora, y más tranquilo en Savath and Savalas, Herren tritura el hip hop con una técnica de disección, cortes y rearmado (es decir aplicando glitch y clicks and cuts, en un lenguaje más técnico).

Vocal Studies and Uprock Narratives llega a alturas donde tal vez sólo había estado el innovador Dj Shadow (apodado el “Jimi Hendrix del sampler”) dentro de un género manoseado, prostituido y llevado al paroxismo en sus clichés como lo es el hip hop. Con sus (des)trozos, y pegando fragmentos de lo que fue creando o encontrando, Prefuse 73 crea una nueva mirada sobre el estilo, la que dio paso a una a seguidores como RJD2, y eleva este álbum al rango de iconoclasta.

MP3: Prefuse 73 – “Point to B”

10.- Squarepusher: Music is Rotted One Note (1998)

Tom Jenkinson se aboca en Music is Rotted One Note a crear un álbum de improvisación cercana al free funk (cultivada también por artistas como Isotope 217), recordando a un cierto Miles Davis eléctrico. Este bajista (admirado desde por Aphex Twin hasta Thom Yorke, pasando por Flea) se rige por sus propias reglas, y tras dejar el drum and bass extremo de sus primeros discos, se dedica a crear un funk mutante y extraño.

El virtuosismo de Squarepusher no molesta porque llega a ser ridículo y a reírse de sí mismo. Su impulso es incontenible, y el británico arremete con fuerza y concentración sus temas como si se tratara de un match de boxeo. En Music is Rotted One Note, Jenkinson deja un disco gigante, desproporcionado. Es lo que harían aquellos estudiantes de las academias musicales, si tuviesen buenas ideas en vez de ejecutar su jazz fusión como cientos antes que ellos. Este inglés tiene el talento, pero no se la cree, sino que emplea sus instrumentos como una manera de respirar, una forma de vida.

MP3: Squarepusher – “My red hot car”