Carmen Duarte mensualmente nos comenta los pormenores de esas lacrimógenas canciones de amor que de una u otra forma terminan sonando en tu radio o reproductor. Este mes “Against all odds (Take a look at me now)” de Phill Collins.

Phil Collins no tendrá perdón. Megaestrella de los ‘80, calvo inglés sospechosamente conservador y demasiado enclenque para despertar ninguna fantasía, será lapidado una y otra vez en el foro donde se juega el buen gusto. Se lanzarán como en un loop las viejas acusaciones: fue una estrella infantil sin mayor suerte y su primer disco como adolescente (con Flaming Youth) fue una obra conceptual sobre una nave nodriza que abandona la tierra antes de una hecatombe.

Tras la partida de Peter Gabriel de Genesis, se le enrostrará haber corrompido a una de las bandas más queridas de la escena progresiva con su voz de ardilla y su pasión obscena por el pop. Y no contento con eso se recordará que se lanzó en una execrable carrera como solista, donde jugó a pasarse de listo y entregó cosas como “Sussudio” y la banda sonora de “Tarzán” de Disney.

Para colmo, saldrán los trapitos sucios: le pidió el divorcio a su segunda señora por fax, demandó a sus propios músicos por cobrar demasiadas regalías y se ha gastado parte de su inconmensurable fortuna, en algo tan absurdo como coleccionar memorabilia de la muy norteamericana batalla de El Álamo. Ante eso, a Phil no le quedaría más que caminar cabizbajo observando la mirada de acero de sus detractores, robado de toda nobleza por publicistas y cineastas  ingeniosillos.

Es difícil darle el pulgar para arriba. Que el hombre esté casi paralizado de dolor por el desgate de huesos que le acarreó años de tocar batería como pocos, creando técnicas de grabación pioneras y haciendo un trademark de sus redobles con surround de cine, podría ser una atenuante.

Pero cuando el dedo gordo tiemble y se le exija una prueba máxima de genio y se recuerden indecencias como “Easy lover”, ¿qué habrá de mostrar Phil? ¿Que ha resultado ser para hip hoperos con suficiente street cred  una fuente de incontables sampleos dadas las secuencias rítmicas de sus canciones? ¿Que “In the air tonight” debe estar entre las mejores canciones de los ‘80, aunque hoy hasta el bruto de Mike Tyson festine con ella? Todo esto no será suficiente. Cuando Phil clame inocencia, deberá ocupar “Against all odds” para salvarse.

Lanzada originalmente en 1984 en la banda sonora de la película del mismo nombre, fue compuesta tres años antes en el período de grabaciones de su primer disco solista Face value (Atlantic, 1981). Justo cuando la ensoñación suburbana de Collins de casarse con su amor de la universidad, que se transformó en madre de sus hijos, dueña de sus perros y señora de su mansión, se iba por el desagüe cuando ella se enredó en un sucio affaire con su decorador.

Phil estaba hecho pedazos. “Cómo puedo dejar que te alejes caminado/Que te vayas sin dejar rastro/Cuando yo me quedó aquí respirando contigo/ Tú eres la única que realmente me conoció/Cómo puedes alejarte de mi/Cuando yo lo único que puedo hacer es mirar como te apartas”. En una balada simple, apartada de sus fuegos artificiales progresivos, Collins explora un formato de piano y arreglos de sintetizadores depurados, con voces femeninas tenues pero sin poder restarse de incluirle una secuencia de tambores ciclópeos en el punto peak de la canción. Lo que funciona.

Porque “Against all odds” es una canción sobre ese momento más grande que la vida misma donde hay algo crucial en juego, tan descomunal que no queda más que despojarse de todo eufemismo y apelar a la sensibilidad más extrema. “Por lo que mírame ahora/ Hay sólo un espacio vacío/Y no hay nada más que me recuerde/ la memoria de tu cara/Mírame ahora/Sólo hay un espacio vacío/ Y que tu vuelvas conmigo está en contra de las probabilidades y eso es lo que tengo que enfrentar”

Algo definitivamente se ha roto, y la pareja de la canción sucumbe a la desazón de darse cuenta que ya no pueden sostener la mirada más de lo que lo hacen dos extraños en la calle. “Against all odds” no es juicio de quien tiene la culpa ni menos el griterío vergonzoso de quien pide una segunda oportunidad sin dignidad. Phil, con su flema británica, sabe que ambos son responsables pero que él, en su calidad de dejado, tiene una chance ínfima de felicidad y con una confianza admirable, va a jugarla.

Con un tono suave y tranquilo, en la medida que avanza la canción, Collins va volviéndose cada vez más ronco, hasta terminar con un vozarrón blusero y doloroso en su improbable mezcla de impotencia y seguridad casi lunática. Con ello, Collins se transforma en la simpleza de su balada en una figura enorme y meritoria, un hombre devastado pero que aún así tiene un plan y que está dispuesto a quedar detenido en el tiempo, expectante ante el asomo de la idea de que algo podría ser distinto

“Ojalá pudiera hacer que te dieras vuelta/Te dieras vuelta y me vieras llorar/Hay tantas cosas que necesito decirte (…) Por lo que voy a esperarte/ Es todo lo que puedo hacer y es lo que tengo que enfrentar/Mírame bien ahora, porque yo voy a seguir parado aquí/Y que tú vuelvas conmigo está en contra de las probabilidades/ Es la oportunidad que tengo que tomar”.

Con su tono de gesta, modesta en su alcance narrativo pero transformada en su valor por la potencia con que Collins se expresa, hay algo extrañamente honesto en “Against all odds”. Como un rapto o un momento de debilidad en una carrera basada en un cálculo milimétrico. Ese asomo de vulnerabilidad combinada con un esfuerzo admirable por sobreponerse al desastre, aun cuando se sabe que va de perdedor, hacen que “Against all odds” no pueda dejar de ser escuchada con una notable vocación de grandeza.

Una canción capaz de ser incluida en Wembley 85’ -ese cúmulo de buenas intenciones ochenteras de tratar de “alimentar al mundo” que fue Live Aid- en donde Collins hace su entrada con su estilo ridículo y ligeramente inadecuado y se manda luego una interpretación sentida como pocas, y capaz de hacer callar por largos minutos las pifiaderas de un estadio demasiado grande para él y su piano.