Cada mes Carmen Duarte nos presentará Lovesongs, una columna donde se abocará a la noble labor de comentar una canción de amor. En sus palabras, “no hay más ambiciones que eso, porque creo que el tema ya es suficientemente grandioso y Stephin Merrit ya lo dijo todo”.

Joe Jackson, ese angry young man británico que a fines de los setentas se movía neurótico y frustrado entre el deseo de no poder tocar a las chicas guapas en la calle, y la calentura que le generaba una Inglaterra que se estaba yendo al hoyo, para principios de los ochentas se había transformado en un crooner del pop. Tímido y misterioso, armado de un piano, un terno blanco y un clavel.

“Steppin’ out”, single de su disco Night and Day (A&M, 1982), donde abundan los teclados salseros y declaraciones del tipo “todo da cáncer”, emerge limpia y triunfante en su despojo pop. Aquí Jackson, como el caballero que es –aunque haya tratado por años de dárselas de muy rudo-, simplemente está invitando a una chica a salir. Tímido y neurótico, con su voz suave y un tempo que parte robótico en los sintetizadores Atari, transforma la canción en una tonada jazz pop que fluye segura sobre una batería programada. Estamos tan cansados de la oscuridad en nuestras vidas / No hay más palabras enojadas que decir que cobren vida / Entra en el auto y maneja al otro lado / Estamos saliendo a la noche / A las luces.

Jackson quiere vivir una de esas noches. Donde los reflejos de los semáforos se ven a través de vidrios empañados y lo que más importa es estar dirigiéndose a algún lugar, para poder rozar por un instante los dedos helados sobre una cubierta de cuerina barata. Tú puedes vestirte de rosado y azul / como una niña / En un taxi amarillo te darás vuelta y me sonreirás / Estaremos ahí en un instante / Si me sigues. Jackson está haciendo una promesa, de una aventura en una ciudad que es un cúmulo de posibilidades y donde él no pide mucho a cambio.

Jackson no está pensando en el revolcón posterior, eso bien podría ser una sentencia de muerte para su paseo nocturno. A Jackson lo motiva otra cosa: el deseo de sentir que tiene todo por delante si tiene la compañía correcta. Más cercano a la treintena, Jackson sabe que esas noches, las de “Steppin’ out” serán cada vez más escasas y se trasformarán en una anhelo corrosivo que lo harán tirarse en la cama y mirar el techo como si ahí hubiera una respuesta. Somos jóvenes pero nos estamos haciendo viejos antes de nuestro tiempo / Apaga la televisión y la radio / ¿No te da curiosidad saber qué encontraremos / Si salimos esta noche?

El video de esta canción no podía ser en otra ciudad que no fuera Nueva York, ese engendro siempre cambiante que promete al que sea, incluso a la ratas del metro, que todo es posible. En una época pre Guiliani, que tiene su lado oscuro en el “American Pyscho” de Bret Easton Ellis y los peep shows de Times Square, Jackson nos muestra un culebrón amable: una mucama tiene la noche de su vida vestida con la ropa y con el hombre de su patrona. Jackson la observa sombrío en su piano, invitándola con su canción a perderse juntos mientras ella da vueltas por ese departamento de la Quinta Avenida.

Solipsistas, ninguno de los dos se toca. La mucama, que sólo vive un delirio, se deja caer extasiada por las posibilidades que le da un vestido con brillos. Jackson la mira triste, ninguno de los se dos atreve, aún teniendo a Manhattan afuera y al Edificio Chrysler que hace la veces de reloj de Cenicienta. En una ensoñación amarga, ambos están pensado lo mismo con distintas personas. Hasta que esa millonaria morena y dura, absoluto contraste de la blonda mucama, abre la puerta y da por terminada tanta tontería.

La empleada, pusilánime al ser descubierta queriendo algo que nunca tendrá, huye de la habitación y el galán que no es Jackson, porque Jackson nunca jugará el rol de galán, le roba la idea al músico y empieza a escribir “Steppin’ out” en la peor suerte de los perdedores. Jackson, con su gorrito de jazzista, sale a la calle helada arreglándose su abrigo y en su expresión parece vérsele resignado, sabiendo que quizá a la mejor de las noches tendrá que invitar a otra señorita.