Carmen Duarte mensualmente nos comenta los pormenores de las más adictivas canciones de amor. Este mes “We’ve only just begun” de The Carpenters.

Es imposible separar a The Carpenters de la tragedia. La ululante voz de Karen Carpenter -esa que guardan muchas niñas desde Kim Gordon de Sonic Youth a la más anónima que cantaba ida frente al espejo, como un recuerdo inconsciente, casi prehistórico de lo que pensaban que significaba ser mujer en un mundo de pequeños ponys y trenzas al viento- jamás dejará de tener un eco de muerte.

Karen Carpenter, la cantante con la voz más linda del mundo, y su hermano Richard, ese Ken perfecto y sonriente que fue alguna vez el hombre más guapo que pisaba la tierra, eventualmente terminarán adictos a los laxantes y a las pastillas de dormir, sumidos en el infierno de caer en desgracia en el Billboard y la pesadilla doméstica de nunca ser más que hijos en technicolor de padres constipados.

Karen, la heroína de las radios mal sintonizadas y de vinilos que se escuchan crepitantes frente a la chimenea, será encontrada muerta por su madre en 1983, a los 32 años, con el corazón destruido a punta de torturar sus intestinos.

The Carpenters es por sobre todo un ejemplo de lo que es perfecto y aún así está podrido. Esa imposibilidad histérica de ser feliz a pesar de tenerlo todo y terminar como una maldición, consumido por demonios.

The Carpenters es tanto la horrible película tipo Lifetime que aterrorizó a hordas de niñas que veían “Cine en su casa” a principios de los ’90, sobre eso de matarse de hambre (“The Karen Carpenter Story”, Joseph Sargent, 1989) como ese estupendo y ominoso mediometraje de Todd Haynes, narrado con barbies y que entra de lleno en el mundo masoquista y enrarecido de Karen (“Superstar: The Karen Carpenter Story”, 1987).

Por eso “We’ve only just begun”, uno de sus más singles más recordados y que los hermanos Carpenters consideraban su tema insigne, contenido en el insuperable Close to you (AM, 1970) no puede ser escuchado sino que de esa manera ambivalente.

Con su tempo que va progresivamente haciéndose más acelerado, panderetas californianas, teclados análogos en su esplendor y unas armonías vocales sedantes en su dulzura, “We’ve only just begun” es un joya setentera con la venia de Burt Bacharach, que se balancea justa entre la voz de Karen y el talento de Richard en los arreglos.

Inicialmente compuesta como un comercial dirigido a jóvenes parejas recién casadas, para incentivarlos a comprar su primera casa, en tiempos donde aún no se conjugaban las palabras “crisis-sub-prime” y “acuerdo-pre-nupcial,” la canción va en dos direcciones: es tanto un deseo de buena suerte para los recién casados y un amuleto que puede protegerlos (Cuando cae la tarde/Sonreímos/Tenemos tanto de la vida por delante/Encontraremos un lugar donde podamos crecer/ Y sí! Recién hemos comenzado).

Funciona también como un compendio de consejos tipo liturgia de matrimonio que harán que el cometido perdure (Compartiendo horizontes que son nuevos para nosotros/Mirando las señales del camino/Conversándolo/sólo los dos/Trabajando juntos día a día/Juntos/Juntos). Inevitable fue, con su condición de mega hit, que se transformara con el tiempo en un lugar común en matrimonios demasiado rosados y en graduaciones donde espinilludos adolescentes lagrimean graves al pensar que el mundo se les acaba porque terminan el colegio.

Pero el subtexto es inevitable. Ese donde la felicidad doméstica no es suficiente, o donde termina siendo precisamente una farsa en un mundo donde hay cosas más importantes en juego. Si el pop habla de las vivencias íntimas y el rock de los grandes discursos, el mismo año que aparece Close to you, la guardia nacional norteamericana asesina a cuatro estudiantes que protestaban en contra de la guerra de Vietnam en la universidad de Ohio State: la resaca hippie ha dado como resultado unos setentas duros, rabiosos y con un presidente Nixon que tres años después invitará a The Carpenters a cantar para él en la casa Blanca.

El mismo presidente que encarnará esa vergüenza corrosiva llamada Watergate. Infames, The Carpenters representarán para esa generación de críticos de rock todo lo que está mal del establishment. Porque el mismo año que aparece “We’ve only just begun”, muere Jimmi Hendrix ahogado en su propio vómito y Janis Joplin deja de existir por una sobredosis de heroína: simplemente no es época para ñoños.

Como tampoco lo es para matrimonios. Desde principio de los ‘60 a finales de los ’70, las tasas de divorcios en Estados Unidos subieron drásticamente, sólo para estabilizarse en los ‘80. Así, “We’ve Orly just begun” es una canción que necesariamente debe tener su negativo donde ya no hay referencias a encajes blancos, sino que platos que vuelan, niños llorando, borracheras solitarias a media noche y sombras con maquillaje corrido que se escapan por los pasillos.

Al igual que “Wouldn’t it be nice” de The Beach Boys, esta canción no existe sin preguntarse sin algo de desazón qué pasó después. Porque “We’ve only just begun” con su candor y buenas intenciones, esconde una promesa siniestra: quizá puede ser la canción más amarga que se escuchó jamás.