Fotos: Natalia Elis

Tras su celebrado debut homónimo, Cómo Asesinar A Felipes volvió a entrar al estudio para grabar Un Disparo al Centro, su nuevo disco. Pero esta vez, el quinteto pasó a ser un grupo de 20 personas, con la ayuda de la Orquesta Filarmónica Juvenil. ¿Jazz-rap orquestado? Su bajista y su baterista conversaron con Super 45 sobre este extraño (y tenso) híbrido musical.

Está a punto de llover en Santiago. La gente corre para llegar a sus casas antes de que el primer temporal inunde la ciudad. Una tensión acumulada por varios días sin lluvia, por arreglos a última hora, por una pandemia mundial que en cualquier momento contagia a nuestro vecino: una bomba a punto de estallar en nuestras caras. Escuchar Un Disparo al Centro (Potoco Discos, 2009) – el segundo disco del combo jazz/hip-hop Cómo Asesinar A Felipes – deja esa sensación: una línea constante de tensión que se mantiene desde el primer minuto y hasta el último acorde.

– “La intención de tensión constante, así como tal, no creo que haya sido pensada. Fue lo que nos salió al momento de grabar. El año pasado fue duro para alguno de los integrantes, lo cual se reflejó al momento de hacer o componer temas. En lo personal, a mí me gusta la idea de que el nuevo disco sea como una sola canción – como los discos de Pink Floyd, por ejemplo – donde los abre y cierra un mismo tema. Y a pesar de que es más corto, la patada en la raja igual se siente”.

Sebastián Muñoz (bajo) es quien responde. El otro que asiste a esta sesión de preguntas es Felipe Salas (batería), quizás el mayor responsable del nacimiento de CAF: fue Salas quien, en su afán de unir hip-hop y jazz, logró cautivar a Marcos Meza (piano y rhodes), Carlos Meza (efectos y tornamesa) y Enzo Miranda (voz) para dar forma al proyecto musical más excitante del 2008. Un proyecto que estuvo en boca de todos el año pasado y con la edición de este nuevo disco – y la compañía adicional de 15 músicos de la Orquesta Filarmónica Juvenil – promete seguir estándolo.

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Felipe Salas: El concepto principal de este disco es la música. La música en sí y todo lo que conlleva: lo que hacemos, lo que nos gusta…

Sebastián Muñoz: … la música que queremos hacer. Y que nos guste a nosotros: si hay gente a la que le gusta eso, la raja. Aunque yo creo que lo que hacemos es para gente más melómana, para la gente que le gusta la música y va a las tocatas. Acutalmente, las tocatas van siempre ligadas a las fiestas: “La Banda de Juanito” más “Dj Tanto”, porque claro, lo que la mayoría busca es el carrete. Pero yo me reflejo en los primeros, en los llegan a la casa a investigar sobre las bandas que acaban de ver.

FS: Pero no es que busquemos ese público… sino que llega. O sea, por mí, ojalá que llegara toda la gente del mundo. Pero al momento de componer no nos enfocamos en eso, sino a lo que cada uno de nosotros quiere escuchar y bueno, eso lo hacemos.

De hecho, muchas de las letras hablan de eso: de disfrutar la música a concho, de prepararse para lo que viene, de disfrutar. Es más, el Koala (Enzo Miranda) cruza muchas referencias entre su disco en solitario, el que sacó con ustedes el año pasado y el actual.

FS: Sí, es casi como una trilogía (risas).

SM: Es cierto, es cierto. En su disco, el Koala habla mucho de la música y de la banda, pero sin hablar de la banda. Qué bueno que le saques el rollo a eso, porque a las letras del Koala es un poco difícil encontrarles el mensaje. Pero si uno le pone oreja a lo que dice te das cuenta que habla de nosotros a cada momento.

FS: El Koala la lleva. Hemos presentado nuestra música sin él, pero no es lo mismo: a mí me gusta mucho más tocar con la formación completa. Aparte que se roba la película, saca la voz, gesticula y bueno, tiene mucha más presencia que nosotros.

SM: Él no es un rapero típico. Tiene mucho de poeta, de artista: le interesa mucho la música. Muchas veces le mostramos algunas bases y no le gustan, no le dan ganas de rapear sobre ellas. Dice que no lo “siente”. Y la idea es que ojalá sienta todo lo que hacemos.

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Personalmente, pienso que en Chile la gente engancha más con canciones pop y con letras que hablen de “bailar y llorar”, si me disculpan la referencia. Es curioso que el discurso del Koala, con lo críptico que es, llegue a la gente. Y más con este disco, que es súper sombrío.

FS: Ese fenómeno es muy bacán. El otro día alguien decía que en Chile había que buscar en la música más experimental, porque lo que se hacía ahí era mucho mejor que lo que se hacía en el pop. Y para mí eso es verdad: son los grupos que investigan más y tratan de hacer otras cosas los que la llevan en Chile. Hay un montón de grupos bacanes que nos los conoce nadie y que son muy buenos.

SM: Y que no suenan en la radio. La batalla con la radio da lo mismo: ambas cosas corren en paralelo y no son comparables. ¿Quién suena en la radio?

FS: Yo el otro día escuché al Pedropiedra

SM: ¡Pero el Pedropiedra es pop y está bien que suene ahí! En una entrevista que leí al guitarrista de The Ganjas decía que la radio es para música que tiene un molde. Y no digo que eso esté malo: ¡ojalá nosotros sonáramos en la radio porque así tendríamos posibilidad de llegar, no sé, a Punta Arenas! El año pasado intentamos sonar en la radio pero, personalmente, eso ya me cansó.

FS: Para mí tiene el mismo peso que alguien “x” venga y te diga que le gusta tu banda, a que sonemos en la radio. Que alguien nos escuche, le gustemos y alucine con nosotros, es mucho más gratificante.

SM: Si, a la larga, al ser independiente avanzas más lento, pero más seguro. Le vas gustando a la gente de a poco: a tu polola, a tu mamá, a tu hermano, a tus ex pololas… a todo el mundo.

UN VIAJE A LA INCOMPRENSIÓN ECLÉCTICA

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Este avanzar lento, pero seguro, tuvo su recompensa el verano pasado cuando fueron invitados a un festival de jazz en Haití. “Ni siquiera habíamos salido a tocar a regiones y nuestra primera tocata fuera de Santiago fue en Haití”, cuenta Felipe. “Fue la Anita (Tijoux) la que nos hizo el contacto con el cónsul de allá y él se comunicó con nosotros: le enviamos prensa y se hicieron todas las gestiones para que participáramos en el festival”.

¿Fue muy tremenda la experiencia?

SM: Fue tremendo como experiencia personal: de partida vas a un país al que quizás no vas a volver, porque no existe el turismo allá en Haití. Y la experiencia musical también fue tremenda: éramos los que no encajábamos entre todo el resto de las bandas que tocaron en el festival. Piensa que había gente que sólo iba a escuchar jazz y se encuentran con un rapero en el escenario, con shorts… era raro.

¿Y la reacción de la gente qué tal fue?

FM: Mira, en realidad nosotros no hablamos tanto con la gente porque, de partida, era otro idioma. Aunque hicimos contacto con un rapero haitiano y cuando él se subía al escenario – porque lo invitamos a tocar con nosotros en los dos shows – y decía algo en su idioma, la gente prendía harto y quedaba la cagá.

SM: Aparte que, como comentábamos recién, el mensaje de la banda se basa harto en lo que dice el Koala. Y eso era al tiro una barrera gigantesca porque no entendían lo que él decía. Igual, uno de los días que tocamos lo hicimos en un lugar que era como la Plaza Italia, frente a miles de personas y claro, todo funcionó mejor.

Y supongo que todo es más complejo y difícil de entender con ustedes porque no son raperos…

SM: Pero el Marcos, nuestro tecladista, tocaba en una banda que se llamaba Trovadores Tales que es entera rapera, que se movía dentro del mundo del rap. ¡El Marcos era entero rapero!

FS: Igual a nosotros, a los cinco integrantes del grupo, nos gusta mucho el rap, es nuestra base. Pero no somos activistas ni talibanes. Tal como nos gusta el rap, nos gusta Miles Davis, Pink Floyd o cualquier otra banda así.

… pero tampoco son jazzeros…

FS: ¡Tampoco somos jazzeros, ni rockeros! ¡No somos nada! (risas)

SM: Y si tenemos un sonido más punk o rockero, es porque a varios de nosotros nos gusta el rock también. Es obvio que nos agarremos de eso y todo se vaya reflejando en nuestra música.

FS: Hablando consistentemente del jazz, éste se basa mucho en la improvisación. Pero nosotros no improvisamos, ni nos mandamos solos en la batería, mostrando nuestro virtuosismo: del jazz tomamos otros elementos como el uso del loop, por ejemplo. Pero tal como tú dices: no somos raperos ni jazzeros.

VIDEO: Cómo Asesinar a Felipes en Haití (2009)