Hablamos con Jason Pierce, el líder de Spiritualized, sobre la demora y la ambición que definieron “And nothing hurts”, su octavo disco de estudio. También sobre la necesidad de hacer o no álbumes por estos días.

And nothing hurt (Fat Possum) lleva un mes en el mercado y ha cosechado buenísimas críticas. “A perfect miracle”, “I’m your man” y “Here it comes (the road) let’s go” abren el disco y  las tres son conmovedoras, sensibles y por momentos apoteósicas. Pero la placa no decae para nada en las siguientes 6 canciones. Las expectativas de los fans eran altas, porque Spiritualized no publicaba un álbum desde Sweet heart sweet light, lanzado en 2012.

Fue un trabajo que le llevó tiempo, tal vez demasiado, reconoce el mismo Jason Pierce, al teléfono desde Londres. Desde que empezó a componer este disco hasta hoy pasaron cuatro años, pero hace dos se dio cuenta que ya tenía las suficientes canciones para un nuevo álbum. Uno que describe como optimista pero no de la clase “oh, todo está increíble”, sino que real, con una positividad extraña.

Sucedió a fines de 2016 durante las presentaciones en vivo que conmemoraban por adelantado el vigésimo aniversario de Ladies and gentleman we are floating in space. Jason Pierce le dio un giro al disco en el que estaba trabajando. Para esos shows en Londres llevó al escenario una orquesta y un coro gospel, que interpretaba las canciones de ese álbum de 1997 usando partituras. Pierce se preguntó: “¿Por qué no hacer algo similar a esos conciertos, pero con nuevo material?”.

“Creo que la música es la única forma de arte en que haces algo nuevo que mostrar, pero el público pide escuchar cosas antiguas”, agrega J. Spaceman. “Lo entiendo hasta cierto punto”.

—Es verdad, la gente siempre quiere oír canciones viejas…

—Por supuesto que sí. Las canciones son parte de sus vidas. Pero esto no pasa en otras artes. Si eres escritor, en la promoción de tu libro nuevo no lees uno de tus libros viejos. Si eres pintor, no haces una exhibición con tus obras de años atrás.  Es mi sueño como músico sacar un nuevo álbum y poder tocar solo esas canciones. Ese es el plan que tenemos. Veremos cómo nos va. No sé si va a resultar, porque sé que las canciones funcionan juntas. (N del R. En la nueva gira de Spiritualized, toca de corrido And nothing hurt al medio de cada concierto)

—¿Cuánto tiempo trabajaste en este disco desde que empezaste a componer hasta que terminaste de grabar?

—Oh, por un tiempo muy largo. No tenía el dinero que necesitaba para el tipo de álbum que tenía en mente. Siempre me imaginé hacer esas sesiones de estudio grandes como las de Columbia donde grababa Ray Charles o Lee Hazlewood en los 60, por ejemplo.

—¿Entonces tenías que ahorrar algo para terminar el disco?

—Cuando tenía un poco de dinero iba al estudio más cercano a grabar algunas canciones. Se fue armando pieza por pieza. Ninguno de los músicos tocaba en el mismo lugar o tiempo que los otros. Así que yo iba a un estudio, grababa una sinfonía, y al mes siguiente volvía y grababa trombones, guitarras o cualquier otra cosa. Muchas de las cosas más pequeñas como las voces, guitarras, teclados y cosas así las hice en mi casa y no me costó nada. Pero cada vez que necesitaba más espacio o usar un buen micrófono, iba a otros estudios. En realidad, cada vez que tenía la plata.

—¿Lograste el sonido que querías?

—Aunque no suene como una sesión de estudio, se convirtió en algo único. En el mundo de la música siempre se dice que cuando pones a las personas juntas la magia sucede. En mi caso, logré el sonido que quería, pero sin la magia. Varias veces me sentí como: “Qué estoy haciendo aquí”. Pero soy muy obstinado para dejar ir una idea. No quería hacer un disco más pequeño, ni darles a las canciones menos espacio del que merecían. Ellas demandaban sonar como una sesión de estudio y se fueron convirtiendo cada vez en algo más grande y glorioso.

—¿Cuándo decías “esta canción esta lista, voy a parar”? ¿Era muy difícil decidir para ti?

—Sí, bueno, era casi imposible. Paraba cuando me quedaba sin espacio en el computador. Soy como un niño, podría haber seguido para siempre.

—He leído en algunas entrevistas que este será tu último álbum. ¿Todavía piensas así?

—No es que quiera parar de hacer música, porque me encanta. Pero cuando hago discos parece que toda la vida se me fuera ahí. Ahora conozco mis procesos, pero a veces me obsesiono y creo que lo más importante en el mundo son esas 9 canciones, cuando no debería ser así. Este disco tenía una meta. Probé cosas e ideas nuevas que sentía que no había cubierto antes. Puedo hacer discos porque vendí mi último álbum y tengo la suerte de que hay gente a la que le gusta lo que hago. No estoy satisfecho con lanzar música porque sí, como “necesitamos un disco solo para estar de vuelta en la carretera”. Creo que la música es algo muy precioso para eso. He pensado mucho en esto últimamente. Hay músicos que juntan canciones a partir de ideas crudas o bosquejos y a eso lo llaman álbum y hacen que la música pierda valor. La gente necesita más que eso y parece que la industria no lo toma en cuenta. Bueno, eso fue una respuesta larga para una pregunta simple, ¿no?

—Sí. De repente podrías solo lanzar singles de vez en cuando…

—Resulta que la gente no está muy segura de qué hacer con los álbumes. Todos consumen música de manera diferente. Ahora estoy más viejo y sé mucho más de música. No estoy contento con decir “esto ya lo he hecho, hagámoslo de nuevo”. No es que quiera mostrarle a la gente dónde escuchar buena música. Solo estoy tratando de buscar un lugar donde encaje mi música y encuentre su propio valor. No sacar música solo por sacar.

—Exacto, tienes que sacar algo con lo que estés feliz y con lo que puedas aportar, porque sale tanta música todo el tiempo.

—Sí, ese es el negocio. Es algo que Brian Eno solía llamar “el colapso del CD”. Lo del CD ya no aplica, pero se trata de tirar música como si estuviéramos en el supermercado. La música es más importante que eso o debería serlo. Lo que escucha la gente se convierte en parte de sus personalidades, se hace parte de ellos. En los países de Sudamérica el inglés se convierte en el segundo idioma gracias a la música. La gente no siempre sabe qué tan importante es la música en sus vidas. Por ejemplo, cuando te enamoras, escuchas algunas canciones que te hacen sentido en ese momento. Después se quedan en tu cabeza.

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