Hace algunos meses se encontró una sesión de fotos de Los Vidrios Quebrados que llevó a la publicación del libro Ficciones: Los mil días de Los Vidrios Quebrados, escrito por Gonzalo Planet, que será lanzado este sábado 2 de septiembre en la Sala SCD de Plaza Egaña. Conversamos con los sobrevivientes de la banda, Cristián Larraín y Juan Mateo O’Brien, sobre la música que dejaron hace ya medio siglo.

Los Vidrios Quebrados se estaban acordando de que luego que se editara Fictions en 1967 decidieron irse a la cuna del beat, Europa. De hecho, les habían ofrecido tocar en el Festival de Viña del Mar y en el Teatro Caupolicán, pero lo descartaron por considerarlo muy comercial y era algo de lo que buscaban diferenciarse. Esos escenarios pertenecían a la Nueva Ola, que fue uno de los fenómenos de venta y popularidad más significativos de los años 60s. Así fue como Juan Enrique Garcés (batería) se fue a Barcelona siguiendo a su hermando estaba haciendo un post grado en arquitectura y donde luego conoció a una sueca y se casó. Héctor Sepúlveda (voz, guitarra) se fue a Inglaterra, Juan Mateo O’Brian partió a Francia y Cristián Larraín (bajo y voz) se quedó en Chile porque en ese tiempo era menor de edad y no le dieron permiso para salir del país.

“Y esa fue la estampida de Los Vidrios Quebrados”, dice este último.

El grupo formado en 1964 en la Universidad de Chile editó un sencillo en 1966 (“Friend”/ “She’ll never know I’m blue”) y el álbum Fictions por el sello universitario UES, perteneciente a RCA. La disquera les pidió que cantaran en castellano, a lo que no accedieron y terminaron grabando música según sus condiciones. Su circuito iba desde festivales de colegio a fiestas privadas de quinceañeras “bien”, donde su repertorio se basaba en covers de bandas británicas como los Beatles, Rolling Stones y The Kinks, por nombrar algunos, mientras que los asistentes les pedían algo de cumbia o cha cha chá. Pero su fidelidad a su identidad musical siempre se mantuvo y así se convirtieron en uno de las partes fundadoras de la escena rockera local.

Su aporte está recogido en libros especializados como Prueba de sonido de David Ponce, La primavera terrestre de Fabio Salas, Canción valiente de Marisol García, Canción telepática: rock en Chile de Tito Escárate y en mayor profundidad en Se oyen los pasos de Gonzalo Planet, cuyo título está inspirado en una de las canciones de Los Vidrios Quebrados. El también bajista de Matorral invitó a cantar a Juan Mateo O’Brien cuando lanzó esa publicación y más adelante fue Felipe Cadenasso, vocalista de Matorral, quién produjo su retorno discográfico luego de más de 40 años con el álbum Gran Avenida en 2013.

El sábado 2 de septiembre, los miembros sobrevivientes de Los Vidrios Quebrados se volverán a reunir en un escenario para el lanzamiento del libro Ficciones: Los mil días de Los Vidrios Quebrados, escrito por Gonzalo Planet con fotografías inéditas de Juan Casassus y Nicolás Luco. Un show especial donde interpretarán su single de 1966 y luego Fictions de manera íntegra, acompañados por Felipe Cadenasso (guitarra), Ítalo Arauz (batería), Juan Ariztía (teclado), Cristóbal Garcés (guitarra) y Gonzalo Planet (bajo). Como invitado estará Ignacio Sepúlveda (hijo de Héctor en armónica) y puede que se sume algún invitado sorpresa.

Nos reunimos una tarde de viernes con Cristián Larraín y Juan Mateo O’Brien, en la casa de éste último, junto a un té y sopaipillas  antes de salir hacia los estudios Andes Empire en Providencia donde ensayan para el la presentación del sábado junto a los miembros de Matorral.

—¿Cómo es para ustedes que Fictions sea considerado un disco de culto?
Juan: A mí me enorgullece mucho, me da mucho placer, me siento halagado… realizado. Pero un poco picado porque siempre soñé con hacer cosas buenas en la vida en otras disciplinas, fundamentalmente en literatura. Eso es lo que quería hacer yo y yo escrito novelas, poemas y me reconocen por una cosa que hice cuando teníamos 21 años y todavía viviendo en la casa de los papás.

Cristián: Yo repetí primer año de medicina, entonces sentía que perdía el tiempo porque el disco fue como una diversión, nunca fue un trabajo en serio, profesional. Entonces un amigo que es siquiatra me dijo “si por algo te van a recordar es por Los Vidrios Quebrados”. “Estás loco”, le dije yo. Empecé a darme cuenta de que yo tenía cierta resonancia fue a través de mis hijos y sus amigos. Ellos me hacían darle autógrafo y cuestiones. Después viene este libro de Gonzalo (Planet), Se oyen los pasos, que recogió estas cosas dispersas que estaban en distintos lados. Entonces tiene un gran mérito.

—Fictions cumple 50 años desde su publicación ¿Cómo ha sido la experiencia de volver a tocar juntos?
Cristián: Recuperar a Johnny (Juan Mateo), que hace tiempo que no nos veíamos tan de cerca, ha sido divertido porque me siento rejuvenecido y también estresante porque me cuesta un poco a esta altura. Pero interesante participar y apoyados por Matorral se hace más fácil, porque los chiquillos tocan súper bien y se saben las cosas bastante bien.

Juan: Principalmente es porque son buenos músicos ellos, son mucho mejores de lo que éramos nosotros. Pero eso va a otra cosa. Para que la música sea exitosa, para que haya un impacto y que sea creativa no necesariamente tienes que tener músicos fantásticos. Nosotros teníamos un genio que era Héctor Sepúlveda.

Cristián: Esta volada de “El concierto en la menor” (incluida en Fictions) es porque se le ocurrió innovar a él. Nosotros no éramos músicos.

Juan: Héctor me asombraba porque de repente llegaba con armónica y tocaba armónica. Cualquier canción agarraba la guitarra “toca los acordes” y “tu, tu, tu” los sacaba al tiro, y si no, los inventaba. Nunca había visto una persona tan talentosa como él.

Cristián: Héctor absorbía muy bien la música de los británicos y probablemente escuchaba las voces, los arreglos.

Juan: Pero tú no sacas nada con tener cuatro Héctor Sepúlveda juntos porque tal vez no te funcionen. Un grupo es como un enjambre, un panal, en el cual cada uno tiene una función que hacer. Cristián era el que tenía buena voz, era simpático, era chico, yo que era bueno pa las letras y Juan Enrique que era un gran amigo.

Cristián: Juan Enrique tenía cero oído para la música y trataba de componer, de hacer cosas musicales, pero cuando se sentaba en la batería era impresionante. Confiábamos en él ciegamente. Era el tipo que tenía el soporte, la guitarra, el tambor, el traslado, la parte de producción del show era él. Por ejemplo, después del disco empezamos a cobrar. En ese tiempo estaban los billetes de 50 lucas antiguos (100 lucas de ahora) y Juan Enrique los guardaba, él manejaba la plata en realidad.

Los conciertos en vivo de ustedes eran más enérgicos que lo que quedó plasmado en el disco finalmente.
Cristián: Yo lo que me acuerdo es estar tocando “She loves you” o “Ticket to ride” de los Beatles o algo de los Rolling Stones en vivo y en mi cabeza tengo un público que cantaba y nos envolvía y nosotros felices y era una gran energía la que se producía. Debe haber sido el sonido, que era bien intenso, el cual sí nosotros trabajamos harto, ensayábamos muchísimo y al final tocábamos muy relajadamente.

Entonces su mayor repertorio en vivo fue de covers.
Cristián: Sí, mucho Kinks, mucho Rolling Stones, mucho Byrds, que era lo que la gente escuchaba en el tiempo, porque gran parte de nuestras canciones en vivo al principio era pre Fictions.

Juan: Yo tampoco me acuerdo mucho de haber tocado Fictions… jajaja. Eso es primicia.

Cristián: Poco después de grabado el disco el grupo se disolvió. Cada uno con distintas expectativas, entonces no hicimos mucho Fictions en vivo, un par de veces “Friend” en algún festival o algo. Pero Fictions, que era potente, después no se hizo mucho, faltó tiempo.

Si se disolvieron un poco después tampoco tuvieron la posibilidad de grabar canciones más rápidas.
Juan: Además el Fictions era muy difícil, las voces eran demasiado altas.

Cristián: Tiene arreglos de voces que juntas están tan amalgamadas que yo todavía no cacho cuales son las voces y eso es bien interesante. Uno re descubre este disco cuando lo trata de tocar de nuevo.

Cristián Larraín y Juan Mateo O’Brien de Los Vidrios Quebrados a 50 años de publicar su primer disco Fictions. Santiago, Chile, 18 agosto de 2017. Foto por Helen Hughes

Estaba este tema además de que ustedes no cantaban en castellano.
Cristián: Le contaba a Johnny que en una conversación con Héctor me dijo “te aseguro que el próximo disco va a ser en castellano”. Estoy seguro, seguro. De hecho, la idea estaba porque nosotros hicimos ese pequeño inserto en el disco traduciendo las letras al español para que la gente entendiera un poco qué es lo que estábamos cantando.

Igual es más fácil escribir canciones de rock en inglés.
Cristián: Para nosotros fue muy difícil porque hay una cantidad de frases y cosas que si un traductor las mirara se muere de la risa… eso de traducir literalmente, artículos que no correspondían, etc.

Cuando grabaron, el estudio de esa época era algo precario
Cristián: Sí, el disco tiene una gracia que es un disco artesanal. Es un disco que nunca supimos que podría haber tenido cierta repercusión en el futuro y yo le decía al Johnny que de haber sabido eso no lo habríamos hecho tan artesanal, si no que más pulido, más delicado.

Juan: Si fuese menos fresco le quitaría espontaneidad. La gran lucidez de Los Vidrios Quebrados es que ese sonido fue pese a tener una calidad bajísima de instrumentación.

Cristián: Teníamos un sonido único.

Juan: Cómo suenan los bajos es una cosa impresionante. Yo lo escucho y todavía es vigente.

En vivo: 50 años de Los Vidrios Quebrados + Lanzamiento libro
Sábado 2 de septiembre, 21:00
Sala SCD Plaza Egaña (Mall Plaza Egaña,Local T4, Av Larraín 5862, La Reina)
$5000

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