Este viernes 13 de Mayo Pedropiedra lanza en vivo Cripta y vida (Quemasucabeza, 2011), sucesor del elogiado Pedropiedra (Oveja Negra, 2009). Un disco que trae de regreso su particular visión de la vida y las relaciones humanas. Dos cafés y una agüita de cáscara de naranjas dieron inicio a una conversación que terminó con una declaración de principios que, por muy poco, no se consideró coprolálica. Este es “El extraño mundo de Pedropiedra”.

Pedropiedra no se llama así. Pedropiedra se llama Piedra, Pita, Peter Rap, o Pedro Subercaseaux, según sea la ocasión. No sufre de esquizofrenia: la explicación de estas múltiples personalidades se justifica por su inquieta naturaleza, que lo ha llevado a formar parte de innumerables proyectos musicales, transitando por estilos tan disímiles como el hip-hop, el dub, la psicodelia o el acitón. Sin embargo, fue Pedropiedra la encarnación que, a partir del año 2008, tomó más relevancia.

“Siempre tuve la intención de hacer un proyecto más duradero, con más proyección, en el que no dependiera de otras personas para llevarlo a cabo. Y como las otras dos cabezas de CHC (Gabriel Díaz y Sebastián Silva) estaban dedicados a otras actividades, la música pasó a otro nivel de prioridad. Pero para mí no era así. CHC tuvo su momento, pero ahora yo estoy en esto… aunque siento que hay mucho de CHC en lo que hago”, dice entre risas.

La historia que sigue ya es un tanto conocida. Subercaseaux migra a México, conoce a Leonel García (miembro de Sin Bandera), quien le ofrece su estudio para grabar el que sería su disco debut, Pedropiedra (Oveja Negra, 2009), uno de los trabajos más relevantes de aquel año, cosechando abundantes buenas críticas en las que destacaban su calidad lírica y musical: un disco de pop redondo.

Dos años después, Pedropiedra regresa con un nuevo disco bajo el brazo, Cripta y vida (QSC, 2011). Y aunque parece repetir forma, fondo y recursos narrativos, Cripta y vida parece encontrarse a años luz de su predecesor. Para Subercaseux, la principal diferencia entre éste disco y su debut está en la “salud mental” de las canciones.

Pedropiedra era un disco más ‘buenín’, muy limpio, muy claro en sonido, pulcro en todos los aspectos. Dejaba lugar a menos dudas: era mucho más equilibrado. En Cripta y vida, en cambio, tenía la idea de plantear el disco como un gráfico que subía y bajaba, con distintas intensidades, de tal manera que existiesen contrastes entre las canciones. Algunas más luminosas, otras más oscuras; unas más prendidas y otras más tranquilas. Es un disco mucho más jugado en ese aspecto”, declara.

Pedropiedra

¿El título responde a eso también o hay un significado más oculto, relacionado con la vida y la muerte?

No, no tiene que ver con la vida y la muerte. Se refiere a estos contrastes presentes entre las canciones del disco. A eso y a una cosa un tanto pichulera y torpe, como hablar de un disco casi en el aspecto de “vida y obra de Pedropiedra”.

Pero en las temáticas parece que no existen demasiadas variaciones.

Las temáticas se repiten, aunque esta vez traté de no ser autobiográfico y ocupar más de una posición como narrador. Siempre desde el yo, de todas maneras: es la manera más fácil de abordar las letras. Pero es raro decir eso porque las letras es lo más complicado de hacer para mí: les dedico demasiado tiempo y siempre terminan siendo un problema.

Partes siempre por la melodía, entonces.

Se me dan más fácil las melodías. Tengo una y luego, como si fuera un puzzle, encajo la letra. Pero no tengo un método para hacer las letras, camino por mi casa o salgo a dar una vuelta por la manzana y se me van ocurriendo ideas. Pero hacerlas frente al computador es un reto para mí porque me pongo a mirar Internet, a buscarme en Google, lo que dicen de mí. En realidad no tengo un método para nada (risas).

En algunas entrevistas pasadas hablabas de que te cargaba el concepto explícito de “poesía” dentro de las líricas.

Sí, aunque mis letras tienen una poesía ñurda. Mal que mal, la poesía en las canciones es algo que nunca se puede dejar mucho de lado. Lo que sí, es una poesía que no respeta las figuras literarias o la métrica, los moldes o “leyes” bajo los que se construye la poesía estricta.

Son letras sin mucha solemnidad…

Claro, pero a pesar de no ser solemnes, tratan de temas serios. Esa es la contradicción sobre la que se sostienen mis canciones.

Eso y el sentido del humor, creo yo.

El sentido del humor en mis canciones pasa por no hacer canciones según estas reglas “establecidas” por alguien. Es una tentación muy grande hacer letras serias que luego terminan saliendo muy pintamonos.

Una pausa para retomar la historia. Tras el éxito de Pedropiedra, Subercaseaux vuelve a México el año 2010 para girar por dicho país y, en el intertanto, grabar Cripta y vida. El disco demora en editarse más de lo planeado, debido a el excesivo tiempo que me tomé entre la grabación de la música y el ponerle letra a las canciones. Pasó casi un año y medio entre el día que terminamos la grabación de Cripta y vida y la última letra que escribí”, dice. En el intertanto, Pedro transita entre México y Chile, se hace de nuevos amigos y cambia de sello.

¿Qué tal ha sido compartir con la gente de Quemasucabeza?

Al tocar con el Gepe, el Fernando Milagros o Rodrigo Santis, ha nacido una suerte de “competencia”. Cuando ves a alguien trabajando tan bien en lo suyo, te dan ganas de poner el mismo nivel de profesionalismo que ellos, tomando lo mejor de lo que hacen. Es una influencia más emocional que artística: estar rodeado de gente buena onda, en la que puedes confiar y que te van a decir también las cosas malas, es la raja.

¿Tocarás con alguno de ellos el día del lanzamiento?

Sí, está el Gepe invitado en algunas canciones y quiero invitar a Gonzalo Yáñez en algunos temas, al que conocí en la gira que hice con Jorge González.

¿Gonzalo Yáñez? ¿El de No me acuerdo? ¿El que anduvo con Kel? ¡Qué raro! Mal que mal, él viene de otro rollo musical.

Para mí se trata más de la gente que de lo que hace. No puedo no hacerme amigo de alguien porque su música no me gusta, no me relaciono con ese prejuicio de por medio.

Es obvio, uno crea un montón de prejuicios que pasan por tonteras y argumentos de cabro chico.

Como dicen las viejas en la fila del banco, “uno es persona también” (risas).

A propósito de eso mismo, en lo personal, creo que CHC, justamente, ayudó a mucha gente a quitarse algunos prejuicios de encima.

Puta, es que las letras de CHC eran demasiado divertidas. Para mi fue una escuela lo que viví con CHC. Cada frase era mejor que la anterior y todo era muy desprejuciado, ¡era un muy buen lugar para trabajar!

Pedropiedra

Y para ti, lo que hicieron Sebastián o Gabriel tras la separación de CHC (“La nana”, “La vida me mata”), ¿mantiene el espíritu que tenían en la banda?

Sobre todo lo de Sebastián, que era el principal letrista. Si tú ves sus dibujos o sus películas, las relaciones que existen entre sus personajes, todo eso tiene mucho que ver con CHC: la comedia frente a lo terrible como gran tema, una huevá media infantil, un mundo loco (risas).

Bueno, Sebastián te hizo el arte del disco. La portada es un poco “polémica”, por no decir fea.

Es fea, estoy de acuerdo. Pero es algo que fue hecho a propósito, me gusta que nada esté en su lugar en las gráficas del disco. Toda la gráfica del disco tiene esta cosa pichulera con la intención de decir que, en el fondo, nada en el mundo está en su lugar, todo es un poco loco y feo.

“Vacaciones en el más allá” habla de eso también.

El miedo a dejar de sufrir, a la muerte, es mucho más grande que el miedo a vivir sufriendo. Esa y canciones como “Occidental” o “En esta mansión”, hablan un poco sobre el hastío a lo típico, a la ciudad o a las rutinas.

Es un tema para ti el aburrimiento.

Puede ser (risas). En realidad es algo que va y viene. Los momentos más opresivos son los que me dan ganas de trabajar para salir de ellos. Por eso mi música habla de temas un poco tristes pero sin echarse a morir por ellos, entendiéndolos como parte de las reglas del juego.

Y te ríes de ellos…

Sí. Es porque me dan ganas de que salga algo bonito dentro de lo feo. Si un mojón de caca trae una semilla adentro, sería bacán que la semilla germinara y que creciera una plantita a partir de ese mojón (risas) ¡Ese debería ser el título de esta entrevista! (risotadas finales).

Fotos: Rodrigo Ferrari