Es habitual que sus presentaciones terminen en una fiesta. Que la gente baile mientras cantan, que sus recitales sean más celebración que otra cosa. Y hasta su disco se llama Fiebre Tagadá, por si a alguien le quedaban dudas de qué iba la cosa. Pero Picnic Kibun saben que lo de danzar es sólo una etapa. Por lo menos, para ellos.

Años atrás, cuando Picnic Kibun ganó el concurso de Nuevos Sonidos de Super 45, me quedé conversando afuera de la sala SCD con Carmen Duarte. Picnic Kibun son buenos chicos. Hacen bailar y bailan, se ríen, suenan bien y sus canciones son deliberadamente livianas. Saben lo que hacen. No son ningunos tontos.

Esa noche, hablando con un cigarrillo en la mano después del que había sido su debut en grande, en el que habían lanzado ropa interior a sus fans y habían sorprendido con su fórmula de pop electrónico bailable en tres idiomas –por tratar de ponerle un nombre-, Carmen dice: “se parecen un poco a Sugar Ray, ¿no?”. Y bueno, musicalmente no se parecen, pero entendí lo que quería decir. Chicos pintositos, diestros, amigos del baile, eficientes, simpáticos. Pop, sí, pero a su manera, sin dar explicaciones.

Y ahora, casi tres años más tarde, Picnic KIbun autoedita Fiebre Tagadá, un disco donde retoman algunas canciones del demo que mandaron a ese concurso, entregan otras nuevas y siguen con lo mismo… pero distinto. Responden Harvey, el vocalista políglota, y Juan, bajista.

– ¿Cómo fue el proceso del disco? Me imagino que han madurado en este tiempo…

H: Sí, fue largo. Igual no es que hayamos estado limitados por nuestra capacidad creativa. El mayor límite fue la plata para financiar el disco.

J: Pasó que cuando nos escuchamos en la radio, en Super 45, nos dijimos, “ya, hasta aquí llegamos, no podemos ser más cool que esto”. Con el tiempo nos tomamos cada vez más en serio, y estamos viendo hasta dónde podemos llegar. Todos tenemos vidas fuera de la banda, y al principio esto no era más que un juego, pero cada vez más fuimos conociendo mejor nuestros instrumentos. Piensa que al principio Picnic Kibun eran unas bases pregrabadas sobre las que cantaba Harvey y poco más.

– Igual la decisión de editar un disco en estos días de MySpace es una especie de declaración de principios… ¿por qué escogieron hacerlo?

H: Cuando tienes una meta como ésta, te programas para hacer cosas que quizás te tomarías con más calma de otra manera. Tienes que aprender cosas nuevas, indagar sobre técnicas de masterización, y eso cataliza las actividades de la banda.

J: A mí me pasa que yo crecí entre vinilos, y editar tu disco es dejar tu testimonio. Es abrir una etapa y cerrar otra. Por ejemplo, cuando vino The Rapture alguien nos dijo que nosotros estábamos entre los candidatos a abrir para ellos. Pero, como no teníamos un disco editado, no había cómo mostrar nuestro sonido. Y el disco también es un evento, es un episodio que te hace crecer, también exige madurez y disciplina como dice Harvey… y también es bonito: ahora, al lado de mis libros, hay un disco que hice yo.

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– Un disco también es un producto de consumo… ¿cómo hay que escuchar el de ustedes? Porque es evidente que la gente baila en sus presentaciones, pero eso no significa que cada vez que alguien apriete play en Fiebre Tagadá se va a armar una fiesta.

H: Las canciones del disco no son sólo para bailarlas. Tiene letras bastante complicadas, hay que escuchar también lo que se dice. Hay canciones que están en tres idiomas… Yo crecí leyendo poesía y me gusta tratar de entender lo que hay detrás de la lucha con las palabras. En el disco creo que hay algo de eso.

J: Sí, cierto, el disco permite apreciar el aspecto lírico, no lo había pensado.

H: Que sean para bailar es un detalle… las canciones de los Beatles las puedes bailar y la gente entiende que además se tratan de algo.

– ¿Ven en este disco algo así como la puerta de entrada a algún sello? ¿Les interesa seguir autoeditándose? ¿Se sienten conectados con otras bandas?

H: Creo que siempre es difícil el asunto de los sellos. Alguna vez postulamos a Sello Azul y no quedamos quién sabe por qué. Y también es un riesgo meterse en un pequeño sello independiente que quizá administra una sola persona que hace promoción y línea editorial al mismo tiempo, y que el resto del tiempo trabaja en una oficina o qué sé yo. Aunque si viene un sello bacán que nos ofrezca algo atractivo sin meterse en lo que hacemos, bien, nos sumamos, entonces.

J: Nosotros hacemos música para la gente que quiera gozarla. Yo creo que por eso jamás vamos a entrar a alguno de los grandes sellos.

– ¿Cómo componen ustedes?

J: Armamos cada canción a partir de una idea que puede ser un verso de una letra, o un pedazos de una melodía, o un loop, o un beat… con eso construimos algo entre los cuatro, y hay hartos accidentes como que se perdió el archivo, o se borró todo, que al final terminan aportando al proceso.

– ¿Planes?

H: Hacer otro disco. De hecho, lo que queremos hacer entonces es experimentar más en la manera de componer, invitar a colaboradores, a cantantes, a productores…

J: Por eso mismo colgamos nuestras pistas de voz en el sitio, para que cualquiera las tome y las remezcle como quiera. Están ahí para que cada uno haga la versión que se le ocurra de una canción de Picnic Kibun. En el corto plazo, vamos a deslumbrar a la gente cuando toquemos el 8 de agosto. Vamos a seguir tocando mucho. Y quién sabe qué pasa después.

Picnic Kibun lanza oficialmente Fiebre Tagadá este sábado 8 de agosto a las 23 horas en el Bar Constitución (Constitución 61, Bellavista). Entrada liberada.

VIDEO: Picnic Kibun – “Drop your panties”