Jamie Lidell se presenta hoy en el Centro Cultural Amanda. Antes de su show conversamos con él sobre las cosas que definen su género musical favorito y sobre cómo uno le da forma a su mundo, pero más que nada,  sobre la importancia de ser honesto con lo que uno hace.

El 2008 Jamie Lidell fue telonero de Elton John, que dijo alguna vez que Jamie es uno de los mejores cantantes vivos . Antes de eso, había editado tres discos de soul hecho a medias con máquinas, que fueron evolucionando desde la brutalidad de Muddlin Gear (Warp/Spymania, 2000), un collage abstracto, oscuro y ruidoso, hasta la soleada amabilidad de Jim (Warp, 2008), que parece ser un compilado de las múltiples emociones que puede conjurar la música de raíz negra.

Antes de eso, Lidell había sido la voz de Super Collider, un dúo que en el papel suena imposible, una especie de matrimonio forzado entre el soul y la electrónica, que funcionó más allá de lo que cualquiera podría haber anticipado. Y antes de eso, Jamie Lidell había nacido, en sus propias palabras, en el lugar de Inglaterra con menos soul: Cambridgeshire.

Lidell dejó Cambridgeshire por Londres, luego Londres por Berlín, luego Berlín por Nueva York, y luego… quién sabe.

Su cambiante sonido tiene que ver con eso, con los cambios de su vida. “Vivir en Berlin fue un cambio para mí, dejé ese estilo de vida londinense, tecno y reventado, de drogarse y estar todo el día hecho bolsa. Donde estaba viviendo, con las personas que salía, todo eso es parte de la música. Es difícil cuantificarlo, sólo después te das cuenta. Puedes mirar hacia atrás y pensar que hacías discos para pagar el arriendo, o para caerle bien a algunas personas. Ahora me siento bien, lo que hago se siente natural, y si la vida está bien, todo encaja, sorpresivamente. Igual no soy un personaje todo el tiempo. No trato de definir contantemente quién soy o cómo hago las cosas”.

Compass, el disco que Jamie Lidell editó el año pasado, puede ser visto como un intento de conciliar en un solo registro todos los momentos de su carrera. Ruidismo, baladas, la sencillez de una voz grabada sin aliños y la complejidad de arreglos que tienen su origen en una máquina.

Me parece que “Compass”, la canción, es tu primer intento serio de hacer una balada, una canción de amor clásica, al viejo estilo. ¿Cómo nació esa canción?
Tenía una sensación, empecé a sentirlo todo de manera diferente. La verdad es que soy un poco gitano, viajo mucho, no me gusta quedarme quieto, y me encontré de repente pensando en que no importaba mucho el lugar donde estuviera, sino que quería estar con mi novia y que ella bastaba para que cualquier lugar fuera el mejor lugar. Antes tenía esta idea de que había un lugar en el mundo que era el indicado para mí, sabes, y bueno, es muy cliché todo, pero no por eso es menos cierto.

Cierto, los lugares comunes son verdades mal redactadas, pero no por eso son menos verdades. Siguiendo con “Compass”, la canción… bueno, también se trata sobre escribir, sobre lo difícil que es poner cosas sobre el papel. ¿Te sientes más un cantautor? ¿Un performista?
Soy un cantautor, pero tal vez no en el sentido tradicional de la palabra. Beck, por ejemplo, es mucho más un cantautor que yo, la verdad. Estuve en una gira con él y es mucho más un compositor de canciones, sabe exactamente dónde quiere ir melódicamente, líricamente. De repente agarraba una guitarra y le salía una canción tras otra, y bueno, si haces eso, editas un disco tras otro, que es lo que Beck hace. A mí me cuesta más, la verdad. Y bueno, escribir canciones, la pega de un songwriter, es un concepto bastante abierto. Mi estilo es escribir las letras y luego hacer canciones, pero no tengo un plan.

Escribes primero las letras, entonces.
Sí, me gusta más así. Porque las melodías me salen fácil, pero las letras son un cacho para mí. Yo no tengo la destreza de otros, me demoro semanas en escribir bien la letra de una canción, en encontrar exactamente lo que quiero decir, retrocedo, me equivoco, me doy cuenta de que lo que escribí no era lo que pensaba. Pero sí, soy un cantautor, es lo que hago, es lo que he hecho siempre. Aunque me siento un poco raro diciéndolo así.

Hablemos ahora un poco de Compass, el disco. ¿Sientes que es un poco más directo que tus otros trabajos?
Sonoramente es muy ecléctico, pero líricamente es muy unitario, es el documento de un momento difícil en mi vida, es más íntimo, más personal, y por eso mismo implicó abrirme mucho más personalmente, quedar más expuesto. Mis canciones antes eran más generales, hablaba de cosas en términos en los que cualquiera pudiera relacionarse con ellas. Pero Compass es más específico, quería capturar y transmitir ciertas energías, ciertas emociones que eran muy personales. Marvin Gaye tiene este disco, Vulnerable, que es así, crudo y hasta medio áspero, y si te la juegas por hacer música con cierto nivel de honestidad bueno, hay que ir hasta el final con eso. La crudeza de algunos momentos de Compass tiene que ver con eso, con que viene de un lugar profundo del corazón. Si algo queda demasiado perfectito, al final me parece un poco falso, y me importaba más producir un disco honesto qe uno perfecto.

Perdona que te pregunte esto, pero todas las semanas nos encontramos con cantantes que quieren revivir el soul, y la verdad tú tienes otra historia, pero no se puede negar que hay cierto fenómeno que periódicamehte inventa una “nueva” voz del soul ¿Qué te parece?
Bueno, es pop. Y la verdad, amo y odio al pop a partes iguales. Crecí escuchando pop, y si suena una canción de Spandau Ballet una parte de mí la baila y la otra quiere salir corriendo. Pero si te refieres a los cantantes que semana por medio salen en Inglaterra cantando como los discos de Motown, bueno, eso no es soul. El soul es prenderse fuego uno mismo, no es sencillamente tomar un par de melodías o golpes de orquesta y citar un estilo musical porque sí. Con Jim me propuse hacer un disco popular, o de cómo tenía que ser el pop según lo entendía yo, pero no le fue tan bien ni me dejó tan satisfecho, así que me aburrí de eso, de coquetear en lo pop. Igual sobre el soul hay tanto que decir… se me ocurre que la mejor definición tiene que ver con lo que te pasa cuando oyes soul, depende todo del factor “yeah!”…

¿Encontraste alguna vez ese lugar que buscabas? ¿Esa ciudad, esa calle, ese departamento?
Uh… bueno, déjame pensarlo. Es difícil. Pongámoslo así. Nosotros somos los que hacemos el mundo a nuestro alrededor. No al revés. Un día te levantas mal y sales a la calle y odias a los árboles, odias a los pájaros, al sol, quieres matar al tipo que está cortando el pasto. Y ese mismo lugar te emociona si caminas por ahí, por ejemplo, cuando estás enamorado. Y quieres saludar al vecino que está cortando el pasto, y te encanta el sol y el canto de los pajaritos. Y bueno, lo de tener un lugar en el mundo depende de ti. Eres tú el que tiene que trabajar para que tu mundo sea un lugar mejor, me refiero al pedazo de mundo que te rodea, los lugares donde ocurre tu vida, las cosas que te importan, por esos tienes que trabajar. Todo se trata de ver la vida con los anteojos correctos.

Fotos: Rodrigo Ferrari