Fotos: Solange Reyes y archivo.

Tras la edición de su segundo disco, Fernando Milagros habla de cómo fue escribir canciones bajo múltiples personajes, la influencia de ritmos populares como la ranchera y en qué se parecen Teleradio Donoso, las bandas de actores y Steve Vai.

“Por su atención, gracias” era la frase que se repetía tras cada uno de los papelitos que repartían los niños que subían a las micros amarillas para pedir monedas. Ahí nació el nombre del nuevo disco de Fernando Milagros, el anti-artista por excelencia. Un tipo de 34 años que anda en micro, paga cuentas, toca la guitarra y tiene pegas en el teatro, como cualquier otro trabajo. Con esa actitud presenta al sucesor de Vacaciones en el Patio de mi Casa (07), un trabajo forjado mientras escuchaba harta música de raíz latinoamericana que Cristóbal Carvajal, el bajista de Holden y productor de este disco, le recomendó. Y también hay rancheras, inspiradas en sus viajes por la octava y novena región.

“El disco es bien particular. A veces se apagan las voces y se genera una atmósfera musical para que el público se imagine cosas”, dice. Como por ejemplo, una película que atraviesa un paisaje desértico del medio oeste. El disco tiene algunas canciones instrumentales y otras con letras. Y esas frases son las voces de los personajes que van apareciendo en cada una de ellas.

-Te salió medio triste el disco.

-No sé si eso está muy pensado. Sale no más…

-Claro, no se planea.

-Bueno, Teleradio (Donoso) hace eso igual. “En este disco, primero, vamos a bailar y después vamos a llorar”. ¿Qué es esa huevá? Eso sale no más. Pensar en lo que voy a sentir mañana es medio esquizofrénico, raro y poco natural.

Antes de músico, Fernando Milagros es diseñador teatral y ha trabajado en numerosas ocasiones con la dramaturga Manuela Infante. El teatro es el trabajo que hace mientras apuesta por su proyecto solista. Participó en obras como Prat (01), Juana (05), Rey Planta (06) y La Señorita Julia (de Macarena Teke con Néstor Cantillana). También puso música suya en cine: le pasó la canción “Río” a Rodrigo Ortúzar para su película hecha en México, All Inclusive, además de musicalizar el documental El Poder de la Palabra, que se trata de los trabajadores en las micros en el periodo de transición de las micros amarillas al Transantiago.

-¿El teatro te ha influido en la manera de hacer música?

-Sí, es imposible que no lo haga. Pero es de una manera bien inconsciente. Lo peor que puede pasar es ver a alguien en el escenario y decir “oh, él es actor, porque es tan histriónico”. Las bandas de actores son las que más me carga ir a ver, porque todo es muy simulado. Sabes que están mintiendo.

-¿Nombres?

-Estoy todo el rato pensando en el grupo de la Elvira López (Bobo). Creo que es súper barato, no me gusta nada. Me doy cuenta porque me han dicho. En mi caso, la escuela del teatro se nota en la escritura de las canciones y en los personajes que las cantan.

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– Sin ir más lejos, el disco está lleno de personajes…

-Si uno lo analiza minuciosamente, te dai cuenta de que hay varios hablantes. “Reina Japonesa” es el rollo entretenedor, como de juglar más que el autor. En “Elizabeth Fritzl”, soy como el testigo que ve las noticias. También está el narrador externo en “Nadadora” y “Song for Judas” que tiene que ver más con el Judas de La Última Tentación de Cristo que el de la Biblia. Es una ficción inventada. Esa canción salió de frases automáticas, casi cantando en la ducha. Hay muchos personajes y varios puntos de vista.

-Pero no te gustan los personajes que se creen el cuento en los ámbitos del teatro y de la música.

-Me da mucha lata que los artistas sean megalómanos para agradar a los pares. Pasa en todos los lugares artísticos. En el ámbito de los teatristas, mientras más rara es la huevá, mejor, porque es para que le guste al loco que tiene la escuela de más allá. ¡Cómo tan ombliguista! Me carga. También pasa en la música de músicos hecha para músicos.

-¿Por ejemplo?

Steve Vai, que usa puras técnicas y solamente lo puede admirar gente que se dedica a lo mismo. Como “Ay, qué bueno el solo. Tienes cero alma, pero qué bueno el solo”. Es una lata, no construye nada. No me sirve. Yo creo que cualquier tipo de expresión es para que sea de los demás y no de uno. Uno hace una canción y ya está, la tiraste. Ya no es tuya.

-Lo mejor es que las canciones identifiquen a alguien...

-A una persona normal como uno. Si uno no es nada especial, tampoco. Soy una persona que paga el arriendo, que come, no hay nada del otro mundo. La gente cree que uno es, no sé po, “un artista”. Y yo tengo que ir al banco igual que todos. No soy nada diferente y no me tiro los pelos, ni me pego cabezazos contra la pared.

Ida y vuelta

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La primera vez que Fernando Briones compuso fue en María Milagros, el grupo que integró entre 2003 y 2005 luego de terminar la carrera de diseño teatral. No querían más temas instrumentales, sino que canciones de 3 ó 5 minutos. “Yo era el que cantaba menos mal entre los tres”, recuerda. “Así fue como quedé de vocalista”. Con el trío sólo grabaron dos EP’s, de los cuales sólo el primero fue editado. Luego, Milagros se dio cuenta que ahorraría mucho más tiempo componiendo solo, sin esperar terminar las canciones o las decisiones respecto a las mezclas. Además, todos buscaban cosas distintas.

“A veces uno tiene un hobby que es juntarse con los amigos y tocar en los asados. Pero ahí van surgiendo las diferencias y uno se empieza a distanciar. Me gustaba mucho la idea de ir en forma profesional.”.

El camino de Fernando Milagros ha sido en ida y vuelta. De grabar y tocar acompañado de una banda, para después grabar casi de manera autista su primer disco solista, hasta volver a integrar una banda de acompañamiento como algo instaurado. Porque ahora es Fernando Milagros & the Falsos. Cuando empezó a mostrar las canciones de Vacaciones… se sentaba y cantaba con su guitarra en lugares chicos con dos amigos que lo apoyaban con percusiones y guitarras. “Todo era bien acústico y me sentía como José Feliciano”, afirma. Hasta que en una tocata invitó al batero de María Milagros (Javier Chorbadjian) y se prendió todo.

“En un momento me paré y fue todo más entretenido. Fue como descubrir que estaba volviendo a la idea de banda también. De estar solo un tiempo componiendo y arreglando huevás y después darse cuenta que igual necesitas a tus amigos que te apoyen pa’ tocar. Y ahora en el disco se nota que hay una banda atrás. Ha sido como irse encontrando y decir ‘acompáñame de aquí a la esquina’ y terminas yendo a la playa, ¿cachai?”.

La memoria

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En el lanzamiento del disco Fernando Milagros quiso salirse del playlist programado y dio una agradable sorpresa con “Avenida Perú”. En pocos segundos, despertó a todo el público hipnotizado por la música gringa folkie western. El cantante escuchó mucho a Ennio Morricone en el último tiempo y se hizo adicto a las películas del viejo oeste.

“Avenida Perú” se llama así por la calle que está abajo del cerro San Cristóbal. Y por ahí arriba, en el Salón Tudor, tiene lugar la tocata en la que presenta Por su Atención, Gracias. La canción dice “Si todas las señoritas caminaran iguala que tú/Yo no te vendría siguiendo /No sabes que me estoy muriendo/apúrate que vamos subiendo que quiero llegar a Avenida Perú”. Es la voz de un micrero que hace un recorrido y pasa por esa calle.

“Mi novia vivió harto tiempo en Avenida Perú. Entonces era un poco un homenaje al barrio y a ese lugar, que es súper bonito. Es una parte de Santiago que conserva la idea de barrio. Casas, gente, vecino, el almacén que tú conoces. No hay mucho apego por la memoria”.

-Hablando de memoria: estuviste escuchando mucha música en el sur que te inspiró, ¿no?

-Viajo al sur a menudo porque tengo familia allá. Haber estado un rato de vacaciones y rescatar lo que tiene la octava o novena región, fue el origen de “Avenida Perú”. Allá tienen una enorme tradición de cantantes de rancheras y de canciones evangélicas, de las que cantan en la plaza. Me daban ganas de rescatar eso y ponerlo en el disco.

-¿Viste gente que tocara rancheras?

-Lo he visto muchas veces. Lo encuentro entretenido, me atrae por lo espontáneo. Conozco gente en Yumbel, pastores evangélicos que tocan de todo en las plazas, con referentes muy extraños. Es bonito el espíritu que hay.

-Es que la ranchera es un género cada vez más presente e instaurado en el país…

-Está asumido. Hay disquerías de eso y se venden discos. Hay artistas que las tocan, incluso, acá en Santiago. Es algo que uno tiende a mirar en menos, pero me parece sumamente interesante rescatar. ¿Por qué no ocuparlo? Si tiene ene valor estético también. Es súper difícil meterse en un lugar ajeno, pero yo crecí con eso. Me gustaría ir a estudiarlo a futuro y descubrir más cosas.

VIDEO: Fernando Milagros – “Elizabeth Fritzl”