Establecido en Berlin desde hace tres años, Jorge Cortés responde a Catalina Olivos sobre lo que lo mantiene en actividad y lo mucho (y poco) que ha cambiado respecto a la música en el último tiempo.

El paso de Jorge Cortés por la música chilena de las últimas dos décadas sigue siendo tan impredecible como vital. A fines de los 80s y principios de los 90s, Jorge fue la base rítmica de Supersordo y Niño Símbolo, dos de las bandas de ¿rock? más innovadoras de su tiempo. Pero luego de un viaje a Europa y apreciar el trabajo de DJ Vadim, el baterista decidió que su futuro sería sintético y empezó de nuevo como Cáncer, su primer proyecto electrónico que luego ha continuado con seudónimos como Receptor, Jorge C y, recientemente, Doctor C.

—Desde que estás en Berlín has creado un nuevo alias, Doctor C, que ha recibido elogios de gente como Laurel Halo ¿cómo nació este proyecto?

—Esto partió por algunos sellos de música “exótica” que llegaron a mis oídos como Sublime frequencies, Kindred spirits, etc y también coincidió justo con un largo viaje que tuve hace dos años al sudeste asiático (Vietnam, Tailandia, Cambodia y Laos). Justo antes de partir me llevé una grabadora portátil para registrar todas las sorpresas sonoras con las que me encontraría en esa maravillosa experiencia teniendo en mente el concepto del field recording.

Por otro lado me estaba reencontrando con música africana que escuchaba antes del sello Celluloid y el afrobeat. Y fue así como empecé a aprender percusión, congas y djembe especialmente. En Chile grabé en el estudio de Miguel Tutera con mi profesor Francisco Casanova y me traje las bases para acá. Ha sido muy un proceso muy natural dado a mi pasado como baterista. Todos esos elementos fueron el resultado de Dr. C que ha sido bien recibido por algunos (entre ellos, Laurel Halo) y el cual pienso editar en el futuro en formato LP con algún remixador interesante también.

—Has lanzado ya tres vinilos en este tiempo de residencia en Berlín colaborando con Jamal Moss, Rick Wade, Kalexi Shelby y Fantasna. ¿Cómo ha sido trabajar con estos músicos? ¿Qué han aportado a tu música?

—Han aportado con enriquecer el catálogo de Ojo de Apolo y han tenido la gentileza de acceder a participar. Personalmente me ha encantado poder trabajar con estos músicos que respeto y que he seguido. Cabe destacar a otros valores que se han sumado a proyectos del sello como Kai Alce, DJ Sprinkles y Reggie Dokkes, del cual seria un lujo editar algo de nuevo. Asimismo, el gran sello Deepartsounds de Zurich—con gente en sus filas como Ron Trent y Anthony Nicholson— me editaron con el EP Love songs.

—Por primera vez estas ocupando plataformas visuales para tus temas. ¿Con quién has trabajado y qué te ha impulsado a hacerlo?

—Hasta el momento sólo han sido sólo dos representativos de cada vinilo: uno del tema “El effekto” con la ayuda de vídeos y fotos de Mónica Hinrichsen y míos, más el aporte del cineasta chileno Ginés Olivares (radicado en Berlín hace 14 años). Y el otro del tema “Baile” de Combo EP nuevamente con la ayuda de Mónica y en la edición por el visualista Rodrigo Araya. De ahora en adelante me gustaría seguir haciendo trabajos audiovisuales para cada lanzamiento.


—Has vuelto a tomar clases de percusión africana a lo que se suma el piano. ¿por qué esos instrumentos, cuál ha sido la búsqueda y qué esperas?

—Como te decía, las percusiones partieron en Chile un año y medio antes de venirme. Ahí empecé con ritmos caribeños, africanos y brasileños. Acá en Berlín voy a sesiones con un grupo de percusionistas “Akija” lideradas por un profesor oriundo de Senegal. Sobre el piano, lo estoy aprendiendo metódicamente hace un año y algo, antes mis incursiones melódicas y de teclados eran de una forma intuitiva y autodidacta y decidí formalizarlo ya que me parece una herramienta clave y noble de composición y arreglo. Quiero abordar mis sintes y módulos de mejor manera.

—¿Qué le ha aportado a tu música estar en Berlín y la paternidad? Imagino que algo te han influenciado.

—Berlín me ha aportado mucho desde siempre, antes como turista y ahora viviendo. Es una ciudad súper activa en lo musical (fiestas y eventos de lunes a domingo) y en lo cultural, en general, se siente la efervescencia artística. Al mismo tiempo es relajada, el sistema funciona y es accesible a pesar de lo complicado del idioma.

La paternidad ha sido un vuelco grande en mi vida, una experiencia intensa y de amor. ¡Tengo una pequeña musa para hacer nuevos temitas!

—¿Has escuchado a músicos chilenos últimamente? ¿Podrías decirnos un par que hayan sido inspiradores o que sientas que van por un camino correcto según tu punto de vista?

Últimamente no mucho, más bien los mismos de siempre. No sé si será porque desde que me vine (hace tres años) dejé de leer noticias y seguir los pasos de Chile radicalmente porque necesitaba desconectarme. Sigo disfrutando en lo musical y en amistad con Leo Jefferson, Fantasna, Drumma Recordings, el dúo Lem, Jon Claudio, César y Daniel Nieto. Más el programa radial Perdidos en el Espacio de Jaime Baeza. También destaco a un medio-chileno que siempre me ha sorprendido, Cristian Vogel.

—La revista 5 Mag de la escena house de Chicago no pudo categorizar tu tema “El baile” (del Combo EP) entre jazzie o boogie drums, pero enfatizaron que daba una sensación cósmica, “como si la música fuera captada por una antena de televisión de cristal un sábado en la noche en un fiesta de aliens”.

—Cada cual tiene su percepción, me parece un elogio sólo ser parte de una critica de esa gran publicación. Quizás sin darme cuenta mi afición a las películas de ciencia ficción pudieron haber influido de forma inconsciente, como también mis influencias de animé y manga japonesa.

—Para terminar, cuéntanos de tus planes: gira? Música en otros sellos?

—Los planes de siempre. Componer temas en mis diferentes proyectos (Jorge C.; Cáncer y Dr. C), editar más vinilos, mantener el contacto con otros productores y sellos interesantes. En lo próximo tocaré en Budapest en Lärm Klub y me encuentro en conversaciones con Nsyde Music y Deepartsounds.