Se acerca el fin de año y es momento de recapitular. Qué mejor excusa, entonces, para retomar el saludable ejercicio de armar una lista con los discos de la temporada que más giraron en nuestros reproductores, tal como es costumbre de un buen tiempo a esta parte.

Entre novedades que refrescaron el ambiente, joyas ocultas que se hicieron un lugar en medio de los sabores de la temporada y el retorno de clásicos en plena forma, acá están los 45 mejores discos internacionales según nuestro equipo. De seguro habrán títulos que alguien echará en falta –un riesgo que asumimos al momento de armar el ranking- pero lo importante es que se trata de obras que supieron capturar un estado de gracia particular en sus autores, y que, más allá de la repercusión mediática recibida, esperamos mantengan sus virtudes intactas como testimonios de la época que los vio nacer. Hay muchos estilos y tendencias, pero al final del día, es solo música. Y nos encanta (Pablo Meneses).

45. Jeff Tweedy – WARM (dBpm Records)

La noticia es que Jeff Tweedy tiene un disco debut recién en 2018. El líder de Wilco ya se había dejado ver con el disco que hizo junto a su hijo Spencer Sukierae (2014) y el sorpresivo Together at last (2017), en que con guitarra acústica reinterpreta el cancionero de su banda principal. La muerte del padre de Tweedy acompaña a este disco debut, que además funciona como banda de sonido de su estupenda autobiografía (Let’s go, so we can get back). WARM, de entrada, se parece bastante poco a un disco de Wilco. Ofrece a un Tweedy con una muy poco común confianza y desnudez. Si en su libro da cuenta como sus cumbres creativas en realidad lo tenían al borde del colapso, WARM pareciera ser el resultado de reconocerse también en la adultez y con muy pocas cosas que demostrarle al resto. Un gustito íntimo y macizo que todo adulto debiera tener derecho a darse (Claudio Ruiz).

44. Eric Cheneaux – Slowly paradise (Constellation)

Cuando se habla de “discos de música experimental”, un no-género tan difuso como inabarcable, más de alguna ceja levanta y sobran los comentarios escépticos que tratan de invalidar estos trabajos, ya sea por aburridos, por complejos o simplemente, por no ser entendidos. En Slowly paradise (Constellation, 2018), el canadiense Eric Cheneaux entiende que la mejor manera de silenciar estos comentarios, es crear un puente entre la experimentación y algunos referentes más pop. Acá hay trazas de Sade, Robert Wyatt y Arthur Russell; de country, folk y música concreta; pero es también una invitación a aceptar la música experimental como algo salvaje y sumamente reconfortante (Gabriel Pinto).

43. B. Fleischmann – Stop making fans (Morr Music)

Aclaremos las cosas desde el principio: este es un disco que cabría perfecto en eso que llamábamos indietrónica, por ahí a comienzos de siglo. La explícita referencia al famoso disco en vivo de los Talking Heads en el título podría dar ciertas pistas a lo que nos encontramos dentro, pero la verdad es que fuera de la ansiedad existencial tan propia de David Byrne, son más bien escasos los puntos de comparación. Es refrescante exponerse a Stop making fans en una versión más madura en la larga carrera de Fleischmann, donde deja de lado el glitch y el IDM que ha abrazado a lo largo de los años por referencias más explícitas a cosas como The Notwist. Un disco que ofrece una mirada fresca a lo comercial y la libertad artística con mantras colados entremedio de beats y melodías pegajosas (Claudio Ruiz).

42. David Byrne – American utopia (Nonesuch, Todomundo)

Luego de años dedicado a proyectos literarios y discos a medias con personajes como St. Vincent, Caetano Veloso o su viejo amigo Brian Eno, David Byrne regresó a principios de marzo con American Utopia, que fue anunciado como “el primer disco realmente solista en 14 años” del ex Talking Heads. Sus diez canciones son un esfuerzo consciente por emitir un discurso global de fácil asimilación, elaborado en base a pop, junto a los ritmos latinos y percusiones caribeñas que le quitan el sueño a Byrne desde hace varias décadas: una mezcla que funciona sobre todo en cortes como “Gasoline and dirty sheets”, “Bullet”, “Everyday is a miracle” o la infalible “Everybody’s coming to my house”. El resultado final no es todo lo redondo que uno desearía , pero aún así, nos muestra a un músico que, a pesar de los años, no pierde el miedo a experimentar, tal como pudimos ver en su memorable show del festival Lollapalooza. Un motivo más que suficiente para seguir teniéndolo en cuenta (Pablo Meneses).

41. Oneohtrix Point Never – Age of (Warp Records)

El complejo mundo de Daniel Lopatin parece expandirse en cada nueva entrega, agregando detalles o incluso luciendo más cercano que de costumbre. Esto último pasa en Age of, un disco publicado por la disquera Warp durante nuestro invierno. En temas como “Black snow”, uno de los adelantos de la placa, aparece sin problemas el Oneohtrix Point Never menos elusivo, esta vez con la ayuda y presencia de James Blake, cuya figura se nos presenta durante práctimente todo el álbum, tras ingresar a la nave de Lopatin en calidad de productor. La belleza y soledad parecen ser algunas obsesiones recurrentes en Age of, que entre sintetizadores, voces angelicales y repentinos túneles, nos conduce por ideas que a susurros piden ver la luz del día. Por suerte, el buen Daniel aquí nos da un respiro (Freddy Olguín).

40. Robyn – Honey (Konichiwa Records)

En una época en que la música pop se valida por la cantidad de discos, sencillos y vídeos que un artista puede sacar por año, la sueca Robyn realiza una apuesta que rema contra la corriente: lanzar un disco luego de ocho años dedicada a colaboraciones, intermitentes EPs y DJ sets. Por eso mismo, Honey (Konichiwa Records, 2018) se escucha y entiende como un trabajo atemporal, que entiende el entramado pop actual como un proceso histórico a largo plazo, en el que residen múltiples géneros (Robyn pasa del Hi-NRG al techno y de la balada pop al ambient, con una facilidad que sorprende) y en donde cada tema se levanta como una postura estética absolutamente crítica a los medios de producción actual. Probablemente, el suceso pop del año (Gabriel Pinto).

39. Jaakko Eino Kalevi – Out of touch (Weird World)

Definir como excéntrico al finlandés Jaakko Eino Kalevi es algo mezquino. Sin ninguna duda que lo es, pero también es un observador agudo de su tiempo y circunstancias. Con ya cuatro discos con su nombre, el nórdico se mueve justo en ese borde de lo familiar justo donde empieza el mal gusto y la chabacanería (como esos discos de música instrumental que rondaban en la mayoría de los hogares cuando niños). Desde ahí Kalevi va desarmando el pop a su antojo en diferentes direcciones y tiempos. Suena familiar, ¿o no? ¿Se puede bailar? A veces. Si bien Out of touch no es tan bien logrado como su disco homónimo del 2015, sigue estando muy por delante de gran parte del pop que trata forzosamente de estar a la vanguardia. Primero porque no se olvida de las canciones y segundo porque tampoco lo está buscando. ¿Puede el pop de avanzada del siglo XXI estar construido sobre retazos de lo más rasca de la música orquestada de los 80s? Todo el rato (Cristian Araya Salamanca).

38. Idles – Joy as an act of resistance (Partisan Records)

La rabia contra el sistema sigue siendo una parte esencial del sonido de esta banda de Bristol, Reino Unido. “No somos una banda política en el sentido que apoyamos a un partido u otro. Somos políticos porque es parte de nuestra vida cotidiana, está en mi mente continuamente”, dice su vocalista John Talbot ante el riesgo de convertirse en un “Billy Bragg” del punk rock. En este segundo disco, Idles exploran terrenos más descarnados donde Talbot flirtea con la emotividad (la pérdida de una hija) y las coyunturas políticas (Brexit, inmigración). Si en su debut ya habían ganado muchos seguidores por la honesta intensidad que impregnaban sus canciones, ahora doblan la apuesta y salen bastante mejor parados (Boris Orellana).

37. Tor Lundvall – A dark place (Dais Records)

Conocido en los círculos neofolk por su trabajo como ilustrador de portadas para Sol Invictus, el pintor estadounidense Tor Lundvall divide su tiempo entre la pintura y la música desde 1997, evolucionando desde el pop oscuro hacia un sonido más ambiental, basado en sintetizadores, que conserva estructuras cercanas a la canción. Inspirado por la muerte de su padre, el material de A dark place es tal como sugiere su portada, con un inquietante rostro dividido en dos: En su primer álbum cantado desde Sleeping and hiding (Dais, 2009), Lundvall desgrana el miedo, la pena y el dolor de su pérdida, exorcizando demonios al mismo tiempo que deja entrar algo de luz a su habitación (Pablo Meneses).

36. Preoccupations – New material (Jagjaguwar)

Si bien en este tercer disco, los de Calgary (Canadá) mantienen esa vibra oscura de sus discos anteriores con el post punk ochentero como referencia, ahora logran separar los pasajes experimentales de las canciones más enérgicas y rockeras. Es así como dotan al disco de lo que antes faltaba, una precisión pop -en el mejor sentido del término- que ahora también recoge influencias de los primeros Echo & The Bunnymen y Killing Joke. Su disco más accesible a la fecha y, también, el mejor (Boris Orellana).

35. Jorge Elbrecht – Here lies (autoeditado)

Poco le bastó al costarricense formar parte de las publicaciones de Ariel Pink, Alvvays, Gang Gang Dance y Wild Nothing. En esta ocasión, Jorge toma todas sus influencias para meterlos en un álbum que, si bien se podría resumir como una mixtura de sus gustos personales, resulta impecable a la hora de lograr reunir darkwave, shoegaze, post punk y sus momentos más metaleros en composiciones que permiten repetidas escuchas sin cansancio (Rodrigo Herbage).

34. Daniel Blumberg – Minus (Mute)

Minus no va a ganar ningún premio al optimismo. Blumberg parece aquí tratando de expiar pecados de juventud, superar fracasos amorosos y, al mismo tiempo, encontrar un lugar en el mundo. No parece una tarea fácil y escuchar el disco de punta a punta parece ser una manera de acompañar a Blumberg hacia aguas menos atormentadas. Con 28 años y una carrera, a decir verdad, ligeramente confusa (fue parte de los Cajun Dance Party y luego de la banda británica Yuck), Blumberg se apoya en Sparklehorse, algo de Talk Talk por ahí y hasta en un piano a la Elton John, para dar cuenta de sus tribulaciones. Termina con la notable “Used to be older”, donde un coro de infantes parece indicar el camino de salida (Claudio Ruiz).

33. Mount Eerie – Now only (P.W. Elverum & Sun, Ltd)

¿Qué viene tras la muerte un ser amado? ¿cómo se sobrevive a ello? Si en A crow looked at me (P.W. Elverum & Sun Ltd, 2017), Phil Elverum – el hombre tras Mount Eerie – ponía sobre el papel, de manera explícita y sin ningún filtro, cómo se sentía tras la reciente muerte de su esposa, este año con Now only explica cómo se acepta esa pérdida. Es un disco triste, construido entre giras, presentaciones en festivales y conversaciones con otros músicos. Es un disco sobre gente viva que extraña a gente muerta. Sobre tener que explicarle a una hija cómo era su mamá cuando estaba viva. Y sobre todo, es un disco lleno de canciones de amor, esperanza y soledad (Gabriel Pinto).

32. Goat Girl – Goat Girl (Rough Trade)

En el video del segundo track “The man”, podemos ver a las cuatro integrantes de Goat Girl tocando sobre el escenario y en la primera fila del público a hombres suspirando. En otra escena, muchos hombres se agolpan tras las rejas, unos se desmayan y la desesperación e idolatría es evidente. Goat Girl muestra un cambio en torno a la manía fan, usualmente femenina, que no dista mucho de lo que estas chicas intentan hacer en la vida real. El grupo inglés quiere romper con una especie de mafia que domina el circuito indie de Londres, dominado por bandas masculinas. Quieren poner otra voz, ser un nuevo referente. Con pocas canciones editadas y a punta de conciertos, el famoso sello Rough Trade las fichó, lanzando este disco homónimo lleno actitud, riffs noventeros y un refrescante surf rock. ¿El resultado? Un debut enérgico, altamente rítmico y adictivo. (Macarena Lavín).

31. Babasónicos – Discutible (Sony Music)

A estas alturas de su carrera, seguir estableciendo la diferencia entre las dos etapas de la banda (y añorar la primera) no tiene mucho sentido. La verdad, en sus casi 30 años, Babasónicos han sido siempre fans de Morricone, el bolero, el glam y la electrónica; lo que sucede es que desde su ataque de honestidad final con Jessico (Popart, 2001), no han visto la necesidad de modificar el camino. Aunque un poco sí, porque Discutible, no tiene el impacto directo de sus anteriores, pero tiene un título polisemántico, letras escritas con elegancia y sentido del humor, la solvencia de una ajustada banda y algunos hits, aunque menos visibles que antes. Como su compinche Daniel Melero, Babasónicos siguen siendo capaces de elaborar sesudos discursos que, por suerte, se revisten de una engañosa simplicidad (Jorge Acevedo).

30. Nils Frahm – All melody (Erased Tapes Records)

El alemán Nils Frahm lleva cerca de diez años redefiniendo lo que se entiende como música contemporánea, entrelazando su formación como pianista clásico con su fascinación por el downtempo, el dub y el ambient. En All melody (Erased Tapes Records) este puente que se tiende entre sus distintas influencias está más presente que nunca: sea en los paisajes sonoros llenos de sintetizadores de “Kaleidoscope”, las síncopas de “Sunson” o las reminiscencias krautrock del tema que da nombre al disco, Frahm se consolida como un músico ecléctico, capaz de profundizar en varios géneros al mismo tiempo, sin que por ello pierda consistencia (Gabriel Pinto).

29. The Goon Sax – We’re not talking (Chapter Music)

The Goon Sax debutaron con el estupendo Up to anything (Chapter Music, 2016), donde a punta de canciones pop exquisitas y adolescentes esquivaban las comparaciones obvias con la banda del padre del guitarrista, The Go-Betweens, también de Brisbane, Australia. Además, cuando lo grabaron todavía no había mayores de edad en el trío. Dos años después siguen tirando de la misma hebra, poblando su segundo disco de canciones que parece que se desarman como si a veces les contara entonar. Pocas cosas más bonitas que embriagarse de confusiones adolescentes en clave Orange Juice (Claudio Ruiz).

28. Dorian Concept – The nature of imitation (Brainfeeder)

Orquestación electrónica y melodías jazz de alta complejidad protagonizan el segundo disco de Dorian Concept, colaborador y amigo de Flying Lotus. A veces parece la banda sonora de un videojuego de alta tensión; otras veces, las piezas vocales cantan en coro como una inteligencia artificial en estado delirante. Pero sea cual sea el escenario, The nature of imitation es un viaje impredecible y turbulento al más puro estilo del sello Brainfeeder, que se adueña de toda atención y que deja líneas de sintetizador tarareando en la cabeza por largo tiempo (Sebastián Rodillo).

27. Anna Von Hausswolff – Dead magic (City Slang)

Nacida en Gotemburgo y criada en un hogar que fue caldo de cultivo para la creatividad -su padre es compositor y artista visual- la sueca Anna Von Hausswolff nos entrega en Dead magic una obra oscura, compleja y visceral, que fue registrada en parte utilizando el órgano de la Catedral de Mármol de Copenhague. Los cinco temas del disco siguen la senda de Dead Can Dance, Kate Bush y Nico, entre otros, proyectando la influencia en una obra fresca y renovadora. Ideal para amantes del darkwave y el neoclásico, y, en palabras de la propia Anna, para quienes “acepten el misterio y la ambigüedad en una sociedad extremadamente materialista, donde todo necesita ser explicado” (Pablo Meneses).

26. Kamasi Washington – Heaven And Earth (Young Turks)

Heaven and Earth es un disco conceptual de dos horas y media. Así, con esas dos características dichas de entrada, es difícil que la música que lo contenga llegue a un público lejos de los nichos a los que pertenece. Pero Kamasi Washington parece estar más interesado en reconocer sus patrones estéticos (Sun Ra, Pharoah Sanders, Coltrane) que en complacer el gusto popular. Y, por incongruente que parezca, vaya que le resulta. El disco abre con “Fists of fury” y una frase cuesta sacarse de encima “Our time as victims is over / We will no longer ask for justice”. Hay ahí una exploración sónica ambiciosa, que cuela improvisación y un tempo constante y sugerente entremedio de un cover de una oscura película de kung-fu de los 70s. Spiritual jazz para las masas del siglo veintiuno (Claudio Ruiz).

25. Father John Misty – God’s favorite customer (Sub Pop)

Este hombre tiene carisma, es un gran performer en el escenario (como lo vimos en el aniversario Fauna) y escribe por montones. Tanto que edita un álbum por año. Su soledad y rebeldía ante la religión que marcó su niñez en una familia metodista es la marca que trae God’s favorite customer, disco más concreto y preciso que su pretencioso álbum anterior. Tomemos como ejemplo la canción “Mr. Tillman”, que muestra directamente su herencia del pop clásico de Elton John, John Lennon solista y sobre todo de Harry Nilsson, lo que el músico recrea con una narración exquisita, como si fuera una simple conversación que tendría compartiendo una taza de café, confesando las cosas que quisiera hacer hasta las dudas que le aquejan. Una conversación a veces deprimente, pero con destellos de sarcasmo que te sacarán más de una carcajada con la mejor música de fondo. (Macarena Lavín)

24. SOPHIE – Oil of every Pearl’s un-insides (Transgressive Records)

En el año 2015, un artículo de The Wire decía que la música del colectivo inglés PC Music (al cual SOPHIE pertenece) tenía como fuente de inspiración el pop inglés de los 90. No, no el britpop, sino proyectos de rápido consumo, como las All Saints o Billie Piper, pero también los sencillos comerciales de Saint Etienne, Underworld o Shampoo. Al escuchar Oil of every pearl’s un-insides, todo eso queda en evidencia, pero también hay mucho más por descubrir. Lo suyo es un complejo entramado pop, en donde aparecen harmonías distorsionadas, líneas de bajo deformes y sintetizadores New Age. Inclasificable, transgresor y sumamente disfrutable, el debut en largo de SOPHIE señala el camino de lo que debería considerarse a futuro como “música pop comercial” (Gabriel Pinto).

23. Shame – Songs of praise (Dead Oceans)

La cepa británica del post punk es la única que puede unir el desparpajo del punk, la postura arty y el pop. Este quinteto es un nuevo ejemplo de que estos tres elementos bien disueltos en agua pueden darle al auditor canciones intensas y épicas, donde pueden convivir la elegancia proletaria con la postura pseudointelectual. Donde en un mundo ideal los Blur más despeinados se alimentan de The Fall en vez de los Kinks (Boris Orellana).

Sigue leyendo la segunda parte de los discos internacionales del 2018 para Super 45 aquí. Revisa también nuestros elegidos chilenos acá.