Esta postal va segura el 8 de junio. Se apagarán las luces y el DJ de turno bajará, por fin, el ruido del verano de nuestro descontento (imaginado). Y de nuestros zapatos que queríamos mirar ensimismados como esos chicos ingleses. Y, nosotros, nostálgicos de un pasado no vivido, nos arreglaremos el flequillo, hundiremos la panza incipiente y miraremos con algo de sorpresa el escenario. Extrañados por esa pedalera de efectos que alguien se olvidó de instalar.

Aunque bien podríamos preguntarle al slacker de barba que aparece guitarra acústica en mano, a pesar de que sospechemos que algo tenga que ver con la desaparición. Pero es imposible reclamar, porque este tipo de delicado look homeless ya ha comenzado a cantar. Arpegiando suave y exorcizando los demonios de Nick Drake en el camino. Al final, 20 años son más que suficientes para levantar la vista de los zapatos. Adios, Slowdive, shoegaze e idioteces. Con ustedes, un hombre, su guitarra, gorro y tranquilidad: Neil Halstead.

Al final del día, uno es hijo de su tiempo. De sus grandezas, pero sobre todo de sus miserias. Y cuando se tienen 19 años, vives en Inglaterra a principios de los 90s y te conseguiste una pedalera a buen precio, por qué no hacer un poco de ruido. Y juntarte con una chica guapa de angelical voz y tapar su registro con montañas de distorsión. Eso hizo Neil Halstead al frente de Slowdive, facturando tres buenos discos, pero con el handicap de ser lo suficientemente pequeño y burgués como para no ser tomado muy en serio. Hoy existirán los defensores de Just for a day (Creation, 1991) o Souvlaki (Creation 1993), pero hay que recordar que en su momento la prensa los acogió con frialdad y desdén.

Como el bueno de Neil se le da bien eso de la encogida de hombros (mira cómo no le importa tu tremenda cara de decepción en pleno concierto acústico), cambió de estilo y, por qué no, de nombre con algunos amigos de Slowdive. Así, pasó a llamarse Mojave 3 y descubrió que el folk pastoril se le daba de maravillas. Usted, amante de la pedalera, habrá escuchado piezas como “In love with a view” o “Lovesongs on the radio” ¿No ha necesitado, luego de forma urgente un camión de pañuelos desechables? ¿Alguien le había comentado que no tiene el corazón bien puesto?

Tal como su compañera Rachel Goswell, nuestro trovador decidió en 2002 que ya era de hacer un disco solista como Dios manda. Que vendría a ser el comienzo de la historia que nos convocará el sábado en el Bar Loreto. Pero, claro como el del incipiente gorro ya componía la casi totalidad del repertorio de Mojave 3, aquel primer disco se parecía bastante a la vena folk de su banda madre (en “Seasons” o “Driving with Bert”), incluso con algunos dejos psicodélicos, como aquel “See you on the rooftops”. Sleeping on the roads(4AD, 2002) sería, entonces, la primera referencia de una obra con pocas variaciones, pero con intensidades cada vez más profundas.

Cuando escribes de un disco de Neil Halstead (y ya van tres), en verdad, escribes de todos. Mortal y maravillosamente parecidos, tanto el debut como los siguientes Oh! Mighty engine (Brushfire, 2008) y Palindrome hunches (Brushfire, 2012) recurren a una instrumentación espartana (bueno, hay pianos, bastantes cuerdas, pero no mucho más que eso) y a un concepto que de tan viejo, ya parece inexistente: las canciones. Esas exóticas, con estrofas, estribillos y letras. Con pocos “lalalas”, aunque sin muchas palabras. Pequeñas viñetas de estados de ánimo, generalmente crepusculares, que no te piden más que dos minutos para aparecer (y desaparecer de inmediato).

Para mejor referencia escuchar una obra delicada como Oh! Mighty engine, prodigio de contención y sencillez. Un disco que se anima a subir el tempo con un par de números como “Always the good” (con, ¡herejia! caja de ritmos) y “Queen Bee”, pero que tiene sus mejores momentos cuando, melancolía en ristre (y un par de guitarras acústicas) deja en el aire la belleza de “Witless or wise” o “Elevenses”. Ese acercamiento despojado casi roza el exceso en el sucesor Palindrome hunches, donde se pierde algo de inspiración y se acentúa la desnudez sonora.

Algo de eso veremos la noche del sábado, con un satisfecho Neil Halstead, que (dicen) recibe sugerencias del público y no tiene problemas para recordar a sus anteriores bandas, pero que no abandona ese enfoque acústico (y gorro, barba y look de recién bajado del avión) que lo caracteriza desde hace una década. Ahí estará para contarnos esas historias de gente un poco triste, pero sobreviviendo. Y nos lo dirá pausadamente. Y nos contará todo lo bien que cae Jack Johnson, dándole absolutamente igual lo que tu (y yo) opine(mos) al respecto. Y cerrará una noche que será como una canción suya: sin dolor, esperando con tranquilidad la mañana siguiente.

SONIK presenta
ANIVERSARIO SONIK
NEIL HALSTEAD (Slowdive / Mojave 3)
Invitados: INVERNESS
FIESTA POST SHOW A CARGO DE DJ RODRIGO OTERO y CRISTIAN75
Sábado 8 de junio en BAR LORETO (Loreto 435, Recoleta)
$10.000 (preventa especial sólo 20 entradas) | $12.000 (preventa normal en tienda Sonik) | $15.000 (día del evento)
CUPOS LIMITADOS