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Fotos por Pablo Yovane

Paisajes sonoros melancólicos y atmósferas catárticas. Letras tormentosas al son de guitarras shoegaze. Así es Monstruos Bajo la Cama (2005), el primer álbum del compositor Rodrigo Jarque. El mismo que inspiró al director Matías Bize para escribir el guión de Lo Bueno de Llorar, su nueva película que verá la luz en la segunda mitad del año. ¿Cómo construir una historia de (des)amor a partir de las imágenes que evoca un disco? Ambos tienen la respuesta.

Santiago. Primer día nublado del año. Largas colas emergen de los paraderos esperando volver a casa. Como sacado de una película italiana, un pequeño condominio de terrazas y pasillos anchos, anclado en el límite de las comunas de Providencia y Ñuñoa, es mudo testigo del paso de escolares, vendedores ambulantes y jubilados que pasean a sus mascotas. En su interior, el silencio es total, salvo una vehemente voz masculina que emerge desde una puerta semi cerrada del segundo piso:

Say what again! I double dare you, say what one more God damn time!

Acto seguido, la puerta se abre y aparece un tipo delgadísimo y con barba de tres días. Es Matías Bize. Está en un break de la post producción de su tercera y más ambiciosa película, ‘Lo Bueno de Llorar’, y lo dedica íntegramente a ver Pulp Fiction. Un film fundamental para entender porqué su instinto lo impulsó a decidirse por la Escuela de Cine en vez de una carrera tradicional hace casi una década. “Cuando chico, prefería mil veces jugar a la pelota o escuchar música que encerrarme a ver películas. Pero el primer director que me marcó de verdad fue Tarantino”, afirma. “La veo y le sigo encontrando cosas. Es súper norteamericana pero, al mismo tiempo, capaz de tocar temáticas universales”.

A su lado, vestido de un riguroso negro, el músico Rodrigo Jarque apila unos discos en medio de un departamento adaptado como centro de operaciones para la última etapa del film. Tras un rodaje que se prolongó por sólo once días, Lo Bueno de Llorar enfrenta sus últimos retoques antes de ser exhibida en varios de los festivales más importantes de Europa. Es el proyecto más ambicioso de Bize hasta la fecha: una película de mayor presupuesto que sus antecesoras cuya trama se desarrolla la noche en que una pareja termina su relación. Pero, para la dupla, representa el final de una historia que comenzó hace cuatro años cuando, en una fiesta de amigos en común, Bize le pidió a Jarque que compusiera el soundtrack de la que sería su ópera prima, En la Cama. Lo que vendría después, sería parte de las casualidades (¿o causalidades?) del destino.

“Las canciones fueron mutando a un lado distinto al presupuestado, por lo que me bajé del proyecto???, recuerda Jarque. “Sin querer, me había salido un disco???. Meses después, En la Cama se transformó en la película sudamericana más premiada del año y, paralelamente, Jarque lanzó Monstruos bajo la Cama, un disco de atmósferas melancólicas y afinaciones barrocas cuyo título hacía una doble alusión al film y al tormentoso período personal que vivió durante el proceso de composición. “Estaba desempleado y viviendo en un sótano. Más encima, lo grabé un verano, una época donde ninguno de mis amigos se encontraba en Santiago. Fue un proceso bien solitario y catártico???.

¿Y cómo es que el disco llega a inspirar ‘Lo Bueno de Llorar’?
M.B: Rodrigo me pasó el disco justo cuando estaba empezando el proceso de guión de la película. Era una forma simbólica de cerrar un proceso que se había iniciado por una conversación entre los dos. Al poco tiempo, Monstruos se volvió uno de mis discos de cabecera y coincidió con que compartía un espíritu muy parecido al de la película. Si Lo Bueno de Llorar era melancólica y llena de silencios, Monstruos… reflejaba mucho su trama introspectiva, basada en un proceso que todos hemos vivido, como una separación de pareja. Así comenzó todo.

¿Qué fue lo que más te sedujo de Monstruos para idear una historia en base a sus canciones?
M.B: El disco evoca muchas imágenes y, pese a que varios pasajes son instrumentales, sus temas son como pequeños grandes cuentos. El proceso de insertarlo se dio de manera súper inconsciente: cuando escribía la historia, siempre tenía el disco de fondo, y me ayudaba a sintonizar con el espíritu del guión. Después les mandé un par de tracks a los actores vía mail, para que las conocieran. Al final, me pasó que toda la gente en Barcelona, desde el productor hasta el último roadie, rayaron con el disco. Felizmente, también se transformó en la banda sonora del rodaje.

Finalmente, Bize no sólo seleccionó tres temas del álbum – ‘Patio XXIX’, ‘Monstruos’ y ‘Jamás Abras los Ojos’- para incluirlos como temas centrales en su banda sonora, sino que también llamó a Jarque para componer el resto de la música incidental junto a su hermano Diego Fontecilla. “Fue un proceso bien riesgoso, pero súper enriquecedor”, reconoce Jarque. “Matías trabaja los silencios de sus películas de una forma muy musical. El desafío era cómo llenarlos sin perjudicar la escena. Uno, por el ego natural de músico, siempre está tentado de incluir violines y orquestaciones, pero a veces bastaba con una nota de piano repetida y ya estaba???.

¿Dirías que ese espíritu de ‘hacer más con menos’ es el principal punto de conexión entre sus formas de trabajo?
R.J: Más que minimalismo, yo prefiero decir sencillez. Ninguno de los dos cree mucho en el virtuosismo. Para mí, no hay mucha diferencia entre una película como En la Cama y un músico como Kevin Shields. Ambos apelan a una lucidez súper simple, pero que te desarma. Como las respuestas de un cabro chico.

M.B: Yo creo que el espíritu común entre el disco y la película es la ausencia de parafernalia. Más que tener una producción millonaria, el fin es poder contar una buena historia. Mientras menos te luzcas, mucho mejor.

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Entre los puntos en común que unen a Bize y Jarque, el más desconocido recae en su estrecha relación con los rubros del otro. Mientras Matías llegó a ser un violinista de aceptables conocimientos en el colegio, Rodrigo es un cinéfilo consumado, que en sus presentaciones en vivo incorpora fotografías e imágenes de películas antiguas y ha colaborado en la composición y producción de obras de teatro como Los Poseídos y La Micro. En su itinerante historial incluye presencias como músico invitado en Elso Tumbay y Casino hasta interpretaciones de música klezmer junto a Gitano en el tema central de El Rey de los Huevones (2006).

“Para mí, la principal fuente de inspiración son las imágenes. A la hora de componer, el punto de partida puede ir desde una foto que me evoque un cierto estado de ánimo hasta el diálogo de una película. Incluso los escritores que admiro son súper cinematográficos, como Kafka y Thomas Mann. En ese sentido, existe una ventaja al trabajar con Matías. Ambos sabemos de lo que el otro habla???, afirma Jarque.

¿Cómo nace tu relación con la música, Matías?

M.B: Mi conexión viene de súper chico, cuando me me metí harto con el rock clásico y, esencialmente, con bandas como Pink Floyd. Pero, más allá de los géneros, la música que más me gusta es la que es capaz de emocionarme, lo que es muy parecido a lo que me pasa en el cine. Más que una pintura o una instalación, la música es el único arte capaz de afectarte directamente, sin pasar por ningún filtro. Luego, se transformó en un elemento fundamental a la hora de armar mis películas.

En ese sentido, ¿qué músicos fueron determinantes en tu formación?
M.B: David Bowie aún me parece interesante. Me encanta que cada disco sea distinto al anterior. Además, es uno de los pocos que sobrevivió a los’80 de buena forma. Y, cuando más chico, Syd Barrett era una figura súper importante. Hoy me interesan bandas como Yo la Tengo y Sigur Rós. Nunca me ha gustado la música muy virtuosa, sino que la más tranquila y emocional.

R.J: Para mí, OK Computer fue un punto de inflexión. Lo escuché un año después que salió, porque soy medio caído del catre con los discos. A partir de Radiohead, empecé a ir para atrás y descubrir bandas como Ride, Slowdive y My Bloody Valentine, que hasta hoy escucho a diario.

Pese a que ocupan el formato de ficción, ustedes abordan temáticas súper personales. ¿Cuánto de autobiográfico hay en sus trabajos?
M.B: En mi caso, la conexión es total. No es que yo haya vivido las historias de Sábado o En la Cama tal como los personajes, sino que trato de abordar temas que conozco o procesos estoy descubriendo. Por eso me resultaría tan difícil retratar la historia de un personaje, a menos que estuviese muy inmerso en su realidad. La otra vez veía Last Days de Gus Van Sant, y la encontré súper jugada e interesante. Pero no porque fuese un retrato fiel de Kurt Cobain, sino porque era una historia de ficción basada en él, lo que la vuelve mucho más universal.

R.J: A mí me pasa algo parecido. Trato de ser autobiográfico pero, al mismo tiempo, de no ser tan evidente. Así el mensaje puede tener mucho más alcance. En Monstruos… siempre traté de sugerir las letras, más que cantarlas. Por eso la voz es súper subliminal y no la puedes identificar del todo. Y eso es genial, porque me ha pasado que cada persona reescribe la letra de manera muy distinta y personal.

¿Cuál sería el rol que le gustaría que cumpliera Lo Bueno de Llorar?
M.B: Que se conecte con alguna experiencia similar que haya vivido la gente. No hay nada mejor que eso.

R.J:
Que pudiese lograr el mismo efecto del disco: evocar algo. Yo ya la vi y puedo decir que deja muy para adentro.