Margaret.

Oh, ¿sabes? Nunca lograrás ser exitoso en algo si no existen problemas entremedio. – Margaret Thatcher

Entre 1988 y 1991, el Reino Unido vivía un momento difícil: las políticas económicas tomadas durante el impopular tercer período de Margaret Thatcher como Primer Ministro, habían dejado al Reino Unido sumido en una fuerte recesión económica. Producto de esto, cientos de industrias habían cerrado sus puertas, dejando en la calle a miles de personas sin trabajo.

Aunque la figura de Margaret Thatcher seguía contando con el respaldo de una parte de la población, el alto nivel de rechazo a sus políticas de gobierno (privatización del agua, disminución de los aportes gubernamentales al Servicio Nacional de Salud, alza en los impuestos, etc.) habían causado que la vida política de Thatcher como Primer Ministro, tras más de 10 años en el poder, llegara a su fin.

En paralelo, cientos de jóvenes desempleados decidieron ocupar aquellas industrias abandonadas para montar fiestas en que los viejos ideales hippies – y un cierto sentido del rechazo a los clubs de baile, como el cada vez más infame The Haçienda – fueran los protagonistas.

“En 1988, me la pasaba escuchando Throbbing Gristle, SPK y cosas así, oscuras. Y de la nada apareció el extásis y el acid-house que, para ser sincero, fueron una luz en medio de todo eso. Antes de que llegara el acid-house, todos nos vestíamos con largos abrigos y collares con púas, pero luego empezamos a usar ropas más ligeras, a meternos toneladas de drogas y a escuchar esta música encendida. Dejé de escuchar la música que había amado por años gracias a esta suerte de ‘recreo’ luminoso que trajo el acid-house.”

Quien habla es Andrew Weatherall, personaje que, en ese entonces era sólo un anónimo DJ y comentarista musical en un fanzine de su propia creación, Boy’s Own. En este fanzine, el año 1989, Weatherall criticó, de manera favorable, el segundo disco de una banda escocesa llamada Primal Scream. Un halagado Bobby Gillespie, líder de la banda, se acercó a Weatherhall para pedirle que remezclara un sencillo de este disco, I’m losing more than i’ll ever have en clave acid-house. Aunque Gillespie no se declaraba fan de esta música, logró entender que en la conjunción del indie-rock y música de baile, estaría el futuro de la música. O algo así.

Según Rob Young, periodista de The Wire, el rol de Weatherall en Primal Scream fue fundamental: “Sin la ayuda de Andrew, Primal Scream hubiesen seguido en la senda de ese rock ‘n roll flojo y sin alma. Se hubiesen hundido en un pantano creado por ellos mismos, con esa postura de estrellas aburridas que luego fue revitalizada por el brit-pop”.

Para Weatherall, sin embargo, las cosas eran completamente distintas: “Cuando remezclé ese tema, tenía un montón de elementos al azar que uní entre sí. Y yo también era uno de esos elementos: lo único que hice fue… abrir las puertas de golpe”. Por cierto, en manos de Weatherall I’m losing more than i’ll ever have mutó completamente: dejó de ser un tema de rock n’ roll a la The Rolling Stones y se convirtió en un himno de la música de baile. En honor a la cantidad de drogas que habían sido consumido durante su producción, Bobby Gillespie rebautizó el tema como Loaded.

Alan.

“Bienvenido al Club Scream-A-Delica:no es sólo otro concierto de pop, acá tenemos entretención para los años ’90” – Andrew Weatherall, en su diario de viaje del tour Screamadelica.

La recepción a Loaded fue sorprendente: Alan McGee, director de Creation Records, no dudó en lanzar el single inmediatamente, alcanzando el puesto número 16 en el ranking de singles del Reino Unido. Al mismo tiempo, Gillespie, sorprendido por los resultados obtenidos, decide comprarse un sampler y encerrarse junto a su banda y Weatherall a experimentar nuevas formas de hacer música. Ayudados, eso sí, por kilos de éxtasis.

Dieciocho meses después de la edición de “Loaded”, Screamadelica salió a la luz.

And we wanna get loaded, And we wanna have a good time.

Screamadelica es uno de esos pocos casos donde es un disco quien define no sólo a una banda, sino a una parte importante del rock de su época. Mientras los ’90 eran inaugurados por un montón de malagestados de Seattle con un disco de acuáticos azules en portada, al otro lado del océano el exceso de heroína, los guiños gospel, el viejo rock norteamericano y, lo importante, la pecaminosa osadía de traer a los DJs a ser parte de la banda, provocaba un cóctel explosivo que definiría buena parte del rock británico de fin de siglo.

Para mal de Bobby Gillespie, fue el partido inaugural de lo que años después se llamaría brit-pop, y que coronaría a un chiquillo buenmozo lleno de talento de las afueras de Londres y a un par de egos solamente unidos por esa mala coincidencia llamada familia.

Tal vez no sea un disco parejo y, de hecho, probablemente Screamadelica ni siquiera sea el mejor disco de Primal Scream, pero eso no le quita valor ni le roba el lugar que tiene al día de hoy, a la distancia, en la conformación de la escena musical de los ’90. En parte también porque los clásicos, esos discos fundamentales y sobre los que se construyen los restantes, se definen por cómo envejecen a varios años de distancia. Y este, pese a ser un disco armado a pedazos -a punta de hits radiales de alto impacto, rarezas, canciones incompletas y remixes- sigue pareciendo igual de fresco, innovador y arriesgado que hace veinte años. Sí, veinte.

Apoyados en partes iguales por el talento, la intromisión de DJs, de productores y de alucinógenos, en un poco más de una hora ayudaron a redefinir el lugar, el momento y el contexto en que aparecieron. Pese a ser un disco que parece incompleto o que cuesta ver como un conjunto gracias a sus altibajos, Screamadelica es, en algún sentido, un disco que define a la banda a pesar de la banda, una gran coincidencia lisérgica que construyó, a través de la mezcla total de influencias, instrumentos, voces y velocidades, una ética musical a años luz de lo que cocinaba Slash en el baño de la mansión de Axl Rose, con ingredientes parecidos pero sin cajas de ritmos. Una bandera clavada en el centro de la pista de baile, desde donde -paradoja de paradojas- sacaron la materia prima de la vanguardia.

Revisen también el 5Fav que realizamos a Primal Scream.