Ayer se cumplieron 30 años desde que New Order editaran el single 12″ Blue monday /The beach (Factory), cerrando así la etapa de transición entre la descarnada intensidad de Joy Division y el pop electrónico que les granjearía tantos adeptos como detractores.

Inolvidable desde su portada (el clásico diseño de Peter Saville imitando a un disco flexible), Blue monday nos envuelve por casi ocho minutos en una deliciosa textura formada por baterías programadas, líneas de bajo superpuestas – tanto orgánicas como maquinales- y ritmos secuenciados junto a la inexpresiva voz de Bernard Sumner. La melodía, introducida a destiempo en la grabación por Gillian Gilbert, fue considerada como un “feliz accidente” que sólo hizo crecer la magia.

Aunando influencias tan variadas como Sylvester, Donna Summer, Kraftwerk y Arthur Baker, la canción pronto comenzó a ser objeto de múltiples remezclas al mismo tiempo que New Order siempre buscaron reconstruirla en vivo, como si no existiera la versión definitiva (saludable costumbre compartida, entre otros, por Wire); todos ingredientes que lo convirtieron en el single 12″ más vendido de todos los tiempos. Nada mal para una canción compuesta en reacción a las quejas del público por no hacer bises en los conciertos.