Echo & The Bunnymen llega por fin a nuestro país a 36 años de su fundación a mostrar su último disco, Meteorites. Mañana se presentan en el Teatro Cariola, donde podremos revivir lo mejor de su discografía. Te dejamos acá con nuestras 5 canciones favoritas.

Por más que el rock trate de asentarse en Liverpool se le hace difícil, no cuadra. Le dicen la capital del pop y sigue teniendo sentido. El reinado de los Beatles naciendo entre la escena beat, grupos en bares olvidados en los 70s y una nueva generación DIY a finales de esa misma década tomaron el punk como impulso más que como influencia. El sello Zoo Records, la tienda de discos Probe y un bar entrañable y legendario como el Eric (de nuevo en el sector de Matthew’s Street)  fueron el contexto para que Echo & The Bunnymen surgiera.

De a poco fue haciéndose espacio entre los viudos de Joy Division y encantando con sus melodías de pop glorioso o también llamado  “big music”, etiqueta que compartió con su mayor rival: U2. Mientras estos últimos conquistaban la gloria de giras mundiales en grandes estadios; Echo & The Bunnymen perdió a un integrante de su banda en un accidente (Pete DeFreitas), en medio de separaciones.  Pero siempre hubo algún disco que los volvió a poner en la palestra, como es el caso de Meterorites, un maravilloso nuevo álbum editado en mayo de este año.

“The puppet” (Single, 1980)

“The Puppet” fue el tercer single editado por Echo & The Bunnymen, luego de “The picures on my wall” y “Rescue”. Producido por Bill Drummond y publicado por el sello Korova, presenta el mismo amalgama de post-punk y pop oscuro que llenaba su disco debut Crocodiles (Korova, 1980). Con sus versos apocalípticos y suicidas a-la Jim Morrison y los manierismos vocales del Bowie etapa Thin White Duke, abre con la frase “I’ll practice my fall for practice makes perfect”: una profecía de lo que llegaría para los fab4 del lado oscuro de Liverpool. En el año 1982, una presentación del tema sería incluido en el ya clásico film Urgh! A music war, junto con bandas como XTC, The Police, Dead Kennedys, Devo, Pere Ubu y The Cramps. Aparecería posteriormente en la recopilación Songs to learn and sing (Sire, 1985). Edmundo Veloso

“Show of strenght” (Heaven up here, 1981)

El comienzo de la segunda placa de los conejos es un ejercicio de rock épico y grandilocuente. La banda ya siente la confianza suficiente como para comerse al mundo. La carta de presentación de Heaven up here, es una canción repleta de excesos con las guitarras de Will Sargeant que aparecen por todos lados y en todos los colores posibles, el bajo impenetrable de Les Pattison y la batería hiperactiva de Pete de Freitas (¿el Keith Moon del post punk?). Todo esto supervisado por la voz de Ian McCulloch, que suena como un crooner histérico, pero que finalmente aligera el peso de la canción, dejando que la melodía duerma mansamente en su voz. Sin duda, un ejercicio de sus mejores fuerzas. Boris Orellana

 

“A promise” (Heaven up here, 1981)

No deja de ser curioso que, en la edición remasterizada de Heaven up here, Ian McCulloch mencionara que mientras grababa este disco, “What goes on” de The Velvet Undergound sonara constantemente en su cabeza. La evidencia de ello está en el único sencillo de este disco, “A promise”: un riff constante, una batería mínima, un punteo de guitarra dramático y una melodía apenas insinuada. La principal diferencia, sin embargo, radica en la sombría (y afectada) voz de McCulloch y una lírica que invoca la incierta promesa de cambio: “Es exactamente lo mismo / dijiste / es siempre lo mismo / pero lo haré cambiar / en algo igual / lo prometo”. Desgarradora pero no por eso, menos sincera.Gabriel Pinto

 

“The killing moon” (Ocean Rain, 1984)

Bauhaus se habían disuelto hacía casi un año. Mientras probaba el micrófono en una radio, Ronald Reagan dijo, en broma, “le hemos declarado la guerra a Rusia. El bombardeo comienza en cinco minutos”. Twin Peaks estaba a seis años de distancia en el futuro. Alguien trató de asesinar a Margaret Thatcher. A Chile había vuelto el estado de emergencia. Había horror y sangre en el aire. Y un día, Ian McCulloch despertó con la frase “fate up against your will” pegada en la cabeza, salida de ninguna parte. Alguien escribió por ahí que la letra de “The killing moon” no tenía sentido, que era un pastiche de tiempos verbales, personas gramaticales y lugares comunes que no tenía trama ni asunto. Esa persona probablemente no reparó en los fantasmagóricos arreglos de guían la canción desde el principio, en la batería algo desesperada de Pete de Freitas, ni en la forma fatídica en la que McCulloch canta acerca de una chica que se entrega a un hombre que tal vez sea su amante o su asesino. El majestuoso dramatismo de Echo and the Bunnymen jamás alcanzó altura mayor.Pato Urzúa

 

“Lovers on the run” (Metereorites, 2014)

Desde el coro se oye la grandiosidad, los arpegios de cuerdas de guitarra de Will Sergeant y violín, al mismo volumen de la voz acomodada de un Ian McCollough, imperturbable. Perteneciente a su última placa, Meterorites, conserva aquel pop lleno de dramatismo de los comienzos de su carrera sin haber cambiado en lo más mínimo. La frase que da nombre al título, Lovers on the run, parece nada más que un adorno ganchero a una canción que se trata del estado de reflexión interna en que se encontraba el vocalista al componer el disco y que se pueden encontrar episodios de confusión como este: “Here it comes my destiny/Never really knowing what’s still left in me”. Macarena Lavín