5Fav nunca se ha tratado de elegir las mejores canciones de nuestras bandas favoritas. Sí las que significan (o han significado) algo para los que colaboramos en este sitio. A las sensaciones, momentos o recuerdos que estas evocan. Beach House es, ante todo, una banda evocadora. ¿De qué? No lo tengo muy claro. Una idea: la melancólica voz de Victoria Legrand – el atractivo más grande de Beach House – parece concentrar en cada nota algo que solo la gente que ha sentido mucho (y no vivido) lo sabe. Algo que hace parar los pelos y enfrentarte a un pasado lejano, más triste o más feliz que el actual.

Este 5Fav, se trata de eso.

“Master of none” (Beach House, 2006)
No quiero hablar de las razones (y tengo miles) de por qué llamaron a su segundo disco Devotion, porque tengo mil más para explicar las ironías que tiene ese título. Hoy me pidieron dar las razones de por qué cuando escuché por primera vez a Beach House supe que serían algo importante en mi vida. Así que vamos con eso porque para hacer copy paste de Wikipedia ya tenemos a demasiados.

La primera vez que escuché a Beach House fue viendo en YouTube esos puntitos en blanco y negro, de cuando la tele se apaga o no tenía señal. En ese video que alguien les hizo para subir esa canción gigante llamada “Master of none”, dejó de existir la semana siguiente. Pero en esa tele sin señal, supe que los Beach House eran demasiado en lo que intentaban hacer con su música.

Ese día me llevó a esa obsesión del que no es bilingüe y no puede irse a dormir sin saber que era eso hermoso que te pasó. No podía terminar el día sin tener la certeza de que lo que decían las letras, estaba a la altura de lo que te pasó escuchando la canción.Y obvio que no estaban las letras en Internet y obvio que tuve que escuchar la canción 3000 veces para descifrarla. Y hoy que la he vuelto a escuchar 10 veces para escribir esto, puedo decir que la escucharía 100 veces más. (Pablo Rosenzvaig)

 

“Gila” (Devotion, 2008)
El carácter lenitivo de Devotion (Carpark, 2008) suponía que cada track nos remontara más allá de la experiencia musical. Y en canciones redondas como “Wedding bell” o “Some things last a long time” el dúo de Baltimore no solo lo conseguía, también nos condenaba a futuras escuchas prolongadas y al seguimiento “devocional” de la voz de Victoria Legrand, siempre bella e implacable, como toda verdadera musa. “Gila” fue esa canción-catedral espaciosa, atemporal e imponente que escapaba sutilmente al conjunto, transformándose en un sencillo propio de los colores que Alex Scally impregnaba en su instrumentación. Es a la vez una pieza representativa de aquella época de la banda, que a través de ejercicios ensoñadores como este demostró que no pretendía llevar a cabo otro fatuo intento de impostura nostálgica, lo suyo era de verdad el culto al cielo y al infierno, a través de genuinos himnos de pop onírico. “Pick apart the past, you’re not going back/So don’t you waste your time…”. (Freddy Olguín)

 

“Walk in the park” (Teen Dream, 2010)
Cuando a principios del año 2010, se filtró Teen dream, no le di importancia. Amigos y conocidos me decían que lo bajara, y no lo hice. Casi 5 meses después, ante los numerosos ruegos y comentarios positivos, decidí bajarlo. Y solo necesité escuchar “Zebra” para saber que Teen dream era un gran disco. En ese tiempo, conversaba mucho con Milton, la mitad masculina de Dënver. Y emocionado, le dije que “Zebra” era la mejor canción del año, que no había nada mejor, que la podría cantar mil veces o algo así de exagerado. Él me dijo que tenía que prestar más atención a “Walk in the park”, que era la joya del disco. Por supuesto, no lo hice en el momento.

A fines de ese año, tratamos de volver con una ex-polola y por distintos motivos, seguía escuchando el Teen dream de Beach House todos los días. No volvimos. Y entonces presté más atención a “Walk in the park”, a la letra, al significado de ésta, a lo que me pasaba a mí. Solo ahí le dije a Milton que tenía razón. (Gabriel Pinto)

 

“Take care” (Teen Dream, 2010)
Perdí la cuenta de la cantidad de veces que esta canción ha corrido en repetición desde principios de 2010, ese verano raro cuando llegó este disco como de sorpresa y que no pude soltar hasta septiembre. Quizás es porque “Take care” cumple con el rito de mis canciones favoritas. Un coro repetitivo, un comienzo medio balbuceado y un ‘crescendo’ -ese ‘crescendo’- que hace perder de vista cuando termina la repetición de esa culebra de frases inconexas que son las letras de Beach House, entre medio de las cuales suelta un par de verdades, un par de cachetazos que, desde ese pop de ensueño, te conectan con la realidad. “Take care” me gusta, además, porque me imagino que de alguna forma esa suerte de mantra que Victoria repite una y otra vez me lo dice a mi, a ese ser egoísta que tiene un amor que a veces hace daño, que quema cuando pide que cuiden de él. No hay mejor forma de quedarse dormido en un invierno frío que con los susurros de Victoria prometiéndome que va a estar todo bien. (Claudio Ruiz)

 

“Myth” (Bloom, 2012)
Este decenio está lleno de discos que comienzan así, tímidos, de a poquito, como a escondidas, sin mayores pretensiones. A la mayoría ya los olvidamos, pero hay un grupo minúsculo que ha quedado allí, como fotografiando un par de momentos que por alguna razón se resisten a ser olvidados. Detras de una letra inescrutable, “Myth” nos lleva con un paso infantil, como a ciegas, a una historia que encuentra tanto la esperanza del éxito como el recuerdo agridulce de momentos que se fueron. Tal vez de eso se traten las buenas canciones que jamás se podrán disfrutar en un estadio. “Myth” es, para mi, de esas canciones que suenan cuanto mejor con los ojos cerrados, para llevarte a esos lugares que creemos reconocer pero que solo hemos visitado en sueños. (Claudio Ruiz)


(Gráfica por Ignacio Mardones)