Beck Hansen ha estado omnipresente durante todos estos años en lo que ha existido Super 45. Sus discos siempre nos merecen atención y hemos sabido entender todas sus búsquedas y exploraciones musicales. Aprovechando su segunda vez en Chile, nuestro equipo ha preparado este 5fav, donde nos detenemos en cinco de nuestras canciones favoritas.

Loser
Para muchos, la primera vez que escucharon a Beck fue en 1994, cuando el californiano, flaco y desgarbado, comenzó a frecuentar la pantalla de MTV. Veiamos a Beck con el pelo largo y algo roñoso en un video de bajo presupuesto y muy psicodélico. La canción era “Loser”, primer sencillo de Beck y aparecida en Mellow gold (Geffen, 1994). Como un juego tomado en serio, que se retuerce en un loop de guitarra y cantando esa frase que acabó por ser casi un emblema de una generación: “soy un perdidor (sic), I’m a loser baby, so why don’t you kill me”. El espíritu de ese fraseo, cantado con humor, desidia y menosprecio, es lo que construye la ironía para señalar su motivo y apuntar a una generación despreciada incluso por ella misma. “Loser” es de esas canciones que logran hacerse propias de un momento, y que miradas en retrospectiva terminan siendo concluyentes para un momento y clásicos incomprensibles por lo contemporáneos. Tote Valenzuela

Deadweight
El gran mérito como compositor de Beck Hansen se basa, principalmente, en su sorprendente capacidad para entrecruzar estilos musicales. “Deadweight” es, quizás, la mayor prueba de ello: en ella aflora, por partes iguales, el Beck más experimental (acá con un pie en la la tropicalia brasilera y otro en la electrónica ruidosa) con el Beck más melancólico. “No dejes que el sol te atrape llorando”, dice Hansen, en un tema que aborda las dificultades de sobrevivir a una sociedad represora y aplastante. Pequeño gran single isla que, sin pertenecer a ningún disco, cimentaba el paso para Mutations (1998) y las taciturnas temáticas de Sea change (2002). Gabriel Pinto

Lost cause
Es probablemente una de las canciones más sencillas que ha hecho Beck en su discografía, y seguramente la más triste. Acá no hay reminiscencias al hip hop ni a la electrónica, y la letra deja de lado toda ironía. Se trata de una breve incursión al folk con tintes country del disco Sea change (2002) donde Beck se muestra mucho más introspectivo, de una nostalgia suave y envolvente. Su voz ya no es la del rapero nerd ni esa suma de voces tan característica en sus temas rockeros. En “Lost cause” su voz es grave y matizada para decirnos que se da por vencido, “baby you’re lost, baby you’re a lost cause”, mientras las guitarras acústicas y los teclados avanzan suave en una atmósfera de extraña tristeza. Para seguir la pista de este aspecto más folky de Beck recomiendo revisar “We live again” y “Cold brains” de Mutations (1998), “Broken drum“ de Güero (2005) o la colaboración con Charlotte Gainsbourg en “Heaven can wait” de IRM (2009). Además no está demás mencionar que Ellen Page recientemente interpretó esta canción para un juego de video llamado “Beyond: two souls” (donde la actriz es el personaje principal), presentado como cortometraje este año en Tribeca. Roberto Doveris

Everybody’s gotta learn sometime
Si hay algo innegable con respecto a Beck Hansen es esa increíble capacidad para asimilar estilos que tiene a la hora de componer. El hip hop se le da tan bien como el rock, el country o incluso la electrónica, pero párrafo aparte merece su faceta acústica, en la que saca a relucir un lado mucho más melancólico e íntimo. Mutations y Sea change son prueba clara de lo anterior. Dentro de esa melancolía acústica, Beck cuenta con “Everybody’s Gotta Learn Sometime”. Escrita originalmente por James Warren e interpretada por The Korgis en 1980, el músico la versionó para el soundtrack de Eternal sunshine of the spotless mind, de Michel Gondry. Elección obligada para estar aquí entonces. Por un lado forma parte del soundtrack de una de las mejores películas de Gondry. Pero también nunca fue incluido en algún álbum de Beck y tiene ese aire especial de esos singles lados b, que sin formar parte de un disco aportan mucho a su obra, entregan todo lo que tienen que entregar y cumplen mejor su función solos. Javier Laborde

Broken drum
Pareciese ser que Beck Hansen en esencia es un tipo divertido. Cada una de sus etapas es una mutación, pero esta esencia se manifiesta en todos sus trabajos. Todos, excepto en Sea change (2002), que sin duda hizo una marca en Beck. Pensamos que el tipo divertido había vuelto con Guero (2005), pero en “Broken drum” —escrita tras la muerte de Elliott Smith— reapareció el sensibloide triste para el goce de aquellos sádicos que disfrutamos con el sufrimiento de Hansen. David Salinas