“Cannonball” apareció en pleno boom del grunge de los 90s. El single, notoriamente más experimental y gracioso que la testosterona dominante en la época, parecía ser el último suspiro de la esencia de los Pixies, especialmente como parte del sello 4AD. De todas formas, y para ponerlo en contexto con el catálogo de Pixies, son pocos lo que catalogarían a Last splash como un disco fundamental e imperecedero (pese a lo que haya hecho con más pena que gloria Veruca Salt). Podrá no serlo, pero es de aquellos discos que los críticos indican que ‘envejecen bien’, que viven a pesar de su éxito, que se sobreponen a su contexto.

La regla de oro del revival es la revisión de esos éxitos ya antiguos -esos que escuchábamos a morir en cassettes de cromo o en manoseados CDs- se reciclan cada veinte años. La vuelta a Chile de The Breeders cumple con precisión ese estándar, celebrando la caja deluxe de Last splash y aportando desde la rabia femenina este año que cerrará celebrando el glorioso 1993 con el debut de Blur en Chile.

Last splash, y las Breeders, en general, no son sólo la banda tras el éxito interestelar de “Cannonball”. Muchos olvidan que en los comienzos la cosa fue una banda paralela entre Kim Deal y Tanya Donnelly de las Throwing Muses y varios más olvidan el aporte de Kim Deal al primer indie rock de los 90s (Sonic Youth, This Mortal Coil, entre otras colaboraciones), yendo mucho más allá que la voz secundaria de la banda de Frank Black. Uno de los sellos diferenciadores de las Breeders, sin ir más lejos, son los juegos de vocalización que se mimetizan con la distorsión eléctrica, un sello de fábrica del que a lo largo de los años se han colgado no solo bandas de raíz independiente -lo que sea que ello signifique- sino hasta modas pasajeras.

Por alguna razón, quizás temporal, quizás porque no estaban hechas para remar la corriente de moda, e incluso pese a “Cannonball”, no lograron entrar en la década de MTV, en la década del éxito, aunque fugaz, de la mano de bandas sonoras de películas de Winona Rider usando jeans perfectos. Quizás todo hubiera sido diferente si Alfredo Lewin o Ruth Infarinato hubieran apostado en las Breeders en lugar de la pléyade de imitadores calzando zapatillas de lona blanca. O quizás no, quizás no querríamos volver a escuchar esa sinfonía de ruidos y distorsión femenina que vienen a presentar íntegro veinte años después. Al final las Breeders, incluídas todas sus mutaciones futuras, nos recuerdan con la reedición de Last splash que existió un momento en los noventa en que las portadas estuvieron concentradas en un rock indie creativo y contestatario liderado por mujeres. Y, de ellas, ninguna se llamaba Alanis. (Marcelo Mena/Claudio Ruiz)

Divine hammer (Last splash)

Sólo dos notas de bajo son necesarias para introducir uno de los mejores sencillos de Last splash, “Divine hammer”. En los casi tres minutos que dura, Kim Deal desarrolla su gusto por las líneas melódicas simples y explosivas – como hiciera en “Gigantic”, junto a Pixies -; pero también por ese imaginario complejo made in Frank Black, en donde la ciencia ficción, las referencias sexuales y la religión se entrelazan constantemente. Precisamente, la temática que se desarrolla en “Divine hammer” no es otra que un cuestionamiento hacia Dios y lo absurdo de estar sometido a cualquier culto religioso. Mientras que a principios de los 90s, hordas de bandas cantaban sobre lo triste y miserable que eran sus vidas, abusando de pesados riffs y voces rasposas, Kim Deal y compañía entregaban una maravillosa pieza de power-pop que escondía mucho más que un simple lloriqueo de post-adolescente incomprendido. (Gabriel Pinto)

Drivin on 9 (Last splash)

La ruta 9 cruza de norte a sur en Estados Unidos por la parte este.“Drivin on 9” es una balada de carretera, y pistolera, que en la voz dulce de Kim es un oasis tanto en Last splash como en el contexto de rock alternativo noventero en la cual está inserto el grupo. Si bien suena bien country, tampoco se ajusta tanto a los parámetros de esa escuela, ya que en vez de hablar de tierra, amor, y nostalgia; la canción es un relato de pensamiento hablado o simplemente un montón de ideas inconexas que cualquiera tiene si es que lleva mucho rato viajando por la carretera. La canción tiene 20 años de edad y es imposible cansarse de oírla. (Macarena Lavín)

Huffer (Title TK)

Nueve años después del éxito explosivo que lograron con Last splash, Breeders lanza Title TK (4AD, 2002) en un momento en que el rock de guitarras atropelladoras era revivido por bandas como White Stripes, Yeah Yeah Yeahs o The Strokes, por lo que el reingreso de la banda al mundo discográfico fue, por decirlo de un modo, por la puerta trasera. Eso dio igual. La prensa lo alabó y los fanáticos disfrutamos del tercer disco de la banda por su envergadura y consistencia; por el espíritu desgarbado e inconformista que las hermanas Deal transmiten con tanta naturalidad, y que a su vez se adecúa tanto a ellas.

“Huffer” presenta uno de los momentos más contundentes del disco. Guitarras con el máximo filo dialogando con la voz esbelta de Kim Deal que se desenvuelve con cierta languidez para propiciar el ímpetu noventero que caracteriza a Breeders. (Tote Valenzuela)

No aloha (Last splash)

Se dice que fue compuesta tras la salida de Tanya Donelly después de Pod, que la escribió Kim Deal tras sufrir un desengaño amoroso y tantas otras historias. Lo cierto es que “No Aloha” (versión pulida de “Cro aloha”, primer demo de esta canción y que hoy forma parte de la reedición de Last splash) nació en el baño de los estudios Cro Magnon en Dayton, en cuyo muro Kim vio escrito “motherhood means mental freeze”, línea que luego caería en esta maravilla de canción. La fórmula quiet/loud estudiada, la casi imperceptible risita de Kim cuando trata de “freezeheads” a quienes creen en la maternidad —muy en la línea del irónico nombre de su banda— , y la maravillosa habilidad de las hermanas Deal para pasar de un arreglo discreto a una explosión de rock siguen —aún después de 20 años— poniéndonos los pelos de punta. (David Salinas)

Cannonball (Last splash)

Primera vista de The Breeders, 2003.

El golpe con el lavamanos fue directo en los dientes. Recuerdo el dolor agudo en mi boca, antes de desmayarme en el suelo musgoso del baño de la Ex Oz. Escucho guitarras, en ecos, hasta que mi amiga me pone de pie otra vez y yo me miro al espejo. Estoy del color de los muertos y pienso en ese metalero de pelo largo de la calle Valparaíso, al que le encargué el Bossanova de los Pixies por correo cuando estaba en el colegio, en la foto que había adentro de Joey Santiago vestido de cowboy soñado y en la voz de Kim Deal que sonaba a Jennifer Tilly cantando y eso era perfecto. Son los 90s otra vez, MTV es bueno y aparece en la tele “Cannonball” quizá presentado por Ruth: quiero meter la cara debajo del agua, tener una gemela, escuchar punk rock del bueno antes que muera y vestirme como hombre. Quiero tocar bajo como una campeona y por sobre todo llamarme Kim. Quiero hacer “a-um” como en su hit planetario, y puede ser que en ese momento lo esté haciendo, porque me duele muchísimo la cara. Y cuando lo toquen por primera vez en Chile, voy a perdérmelo porque me voy a desmayar de nuevo. (Carmen Duarte)