Estuvimos el miércoles 2 de mayo en la segunda sesión del BUDx Boiler Room Santiago. Javier Laborde nos cuenta los detalles.

La semana pasada se celebró en nuestra capital la tercera versión del Boiler Room, un evento que recorre el mundo hace ya varios años y que toma cada vez más fama. Una instancia en la que no solo se nos invita a bailar a centímetros de los djs y productores a cargo, sino también a aprender y conocer mediante charlas y talleres las diferentes aristas exploradas por la música electrónica.

La citación era a las seis de la tarde en el Teatro Italia. Se nos había advertido respecto a la capacidad limitada  del lugar, por lo que llegar a la hora parecía importante para poder ingresar al evento y participar de un conversatorio y luego de una masterclass a cargo de Kenny “Dope” Gonzalez, uno de los pioneros del house neoyorquino.

La gente miraba curiosa y se paseaba por el lugar mientras en una sala más pequeña se llevaba a cabo el panel que daba inicio al evento. Nos quedamos fuera del conversatorio, pero nos hicimos espacio en la masterclass de Gonzalez, mitad de Masters at Work, donde repasó sus inicios, nos contó del origen de alguno de sus samples, colaboraciones y cómo la tecnología ha modificado la manera de producir y remezclar. También repasó las influencias que adoptó de su padre y cómo conoció a su compañero “Little” Louie Vega. Común fue la opinión de que la charla no tuvo como foco principal el aspecto técnico que podría esperarse de una masterclass, aún así Gonzalez nos concedió algunos minutos para mostrar la breve elaboración de un beat en su MPC X y de responder preguntas tipo “cómo ecualizas tus pistas” (sic).

Luego comenzó la fiesta de cierre. El primer turno fue para el porteño Vincenzo Dupré, VNZO, quién se encargó de calentar la pista de baile de manera exitosa y sin perder el tiempo, su DJ set estuvo cargado de techno y acid. Terminada su hora tuvimos el agrado de recibir a Brian Piñeyro (DJ Python) quién hizo caer en gran medida el bpm de la música no así el nivel de baile. Su set en vivo no es fácil de describir ya que Piñeyro crea un ambiente casi pachanguero en lo que respecta a sus percusiones (que rondan los 100 bpm), todo acompañado de texturas y melodías que inducen al mismo tiempo a la melancolía y las ganas de bailar.

Sin siquiera darnos cuenta que habían pasado ya dos horas de fiesta, era el turno del santiaguino Mucho Sueño. Volvimos al techno más tradicional, a ratos incluso al house, y las cervezas que Budweiser regalaba hacía que las colas de los (pequeñísimos) baños se alargaran. Las ansias por ver al plato fuerte de la noche Legowelt crecían y esto se notaba en el gradual atochamiento de personas en el centro del lugar. Los múltiples fotógrafos también llegaron ahí y no hizo falta ni que el dj holandés comenzara para que fuese invadido por múltiples flashes de luces (que lo acompañaron durante la mayoría del show).

Finalmente Legowelt encendió sus máquinas, fue presentado y dió inicio a su espectáculo, el sonido de su mítica 808 y sus alucinadores arpegios detonando en los parlantes nos hicieron caer en la cuenta del show al que nos enfrentábamos, bastó con cerrar los ojos un par de segundos (la luz abundaba) para sumergirnos en el viaje al que nos invitaba el productor oriundo de La Haya. Durante una hora disfrutamos del mejor acid, techno e incluso breakbeat, que podríamos haber esperado. Legowelt se encargó de que su reputación no fuese puesta en duda y, como es de costumbre en Chile, no faltó quienes al término de su presentación gritaran al unísono “Le-go-welt! Le-go-welt! Le-go-welt!”, a lo que el holandés se limitó a contestar con una gran sonrisa mientras firmaba vinilos de DJs locales y recibía abrazos y felicitaciones de quienes estaban a su alrededor.

Nos fuimos contentos, testigos de tremendos espectáculos nacionales e internacionales y con grandes esperanzas a futuro por más instancias como éstas, donde la música y el baile son sólo acompañamientos de lo que es verdaderamente un evento cultural.

Fotos: Grupo Mass.