Cuando dieron esta película por primera vez en el Festival In Edit, no cabía un alfiler en la sala del Teatro Mori en Bellavista. El que no haya ido en esa oportunidad, que vaya ahora .NY77: The coolest year in hell es todo un clásico.

Si usted cree que el punk se agota en las crestas, tocar feo y escupir a mansalva, no hay lío. Para nada. Porque, a lo mejor, nos llega un escupitajo, nos muestra su cara más fea y, la verdad, ya no estamos para eso (ojo que sí su retail preferido que tiene algunas camisetas muy adecuadas para adornar todo aquello).  Si, por el contrario, usted piensa que esto del punk más bien tiene que ver con la crítica social y la generación de respuestas ingeniosas con medios escasos, ahí estamos conversando de otra cosa. Dejamos, entonces, a Sid Vicious en el camino y nos acercamos a Joe Strummer. Nos alejamos, entonces, de la isla y dirigimos la mirada (como el bueno de Joe) hacia el Atlántico.

Cuando en 1981 los Clash se paseaban radio en hombro bailando aquello de “The Magnificent Seven”, lo que hacían era posar la vista (con ritmo) sobre una ciudad de sincretismos. De tensiones sociales, pero con salidas ingeniosas. Con las industrias (políticas, musicales, económicas y cuántas más) fagocitando la experiencia individual, pero con las respuestas comunitarias funcionando a la par. Hablamos de New York de fines de los setenta, momento en el que convivieron saqueos y disparos en Queens, asesinos seriales al acecho, Studio 54, Talking Heads, cesantía, Grandmaster Flash, Blondie y todo lo que pudo caber en sus animadas calles. Todo ello lo muestra Henry Corra, con rigor periodístico, pero con un enfoque que bien podríamos definir como punk. Donde rescata aquel ruido que Joe Strummer y algunos más escuchaban atentos. Mientras Sid Vicious ya dormía el sueño de los justos, claro.

Este es el trailer

NY77: The coolest year in hell

Jueves 12,  Sala CineUC, 21:00