Nadie llora cuando muere un poeta. Lo hemos visto de cerca con la partida de Gonzalo Rojas, que mereció escasos minutos en nuestra televisión abierta. Y tal como el autor de “Contra la muerte”, el poeta y músico Gilbert Scott-Heron, Gil a secas para el mundo de la música, nos dejó ante la indiferencia del mainstream el viernes pasado. Murió a la edad de 62 años en el hospital St. Luke de Nueva York.

Scott-Heron libró una silenciosa batalla contra la muerte, que lo persiguió durante un par de décadas, debilitando su organismo (pese a su edad no tan avanzada parecía un anciano), aquejado por el Sida y el consumo de drogas. Fatal combinación, que durante varios pasajes de su vida estuvo a punto de opacar su inmensa obra e influencia.

Han dicho que fue el padre del rap, que sus versos influyeron en el spoken word y que su poesía es clave para el movimiento de música negra en Chicago, su ciudad de origen. Lo cierto es que Heron fue todo eso y más, aunque él jamás haya reconocido halagos ni títulos de ninguna índole. Hay mucho de su tono, voz y lírica en todo el ideario de la música negra, en el rap más primario, en los versos de Ursula Rucker, en el hip-hop contestario de Public Enemy, en el rap positivo y emo de Common y Kanye West (ambos de Chicago).

Activo desde los setenta con una pluma que vio momentos insuperables como Pieces of a man (1971) o la mil veces reseñada “The revolution will not be televised“, obras con las que se ganó prematuramente la etiqueta de clásico. Con frecuencia su nombre se escribe junto a Last Poets o Curtis Mayfield, que ya es mucho decir. Sin embargo, él no hizo otra cosa que adentrarse en el infierno, la cárcel, el crack, la cocaína y quién sabe qué otros flagelos que terminaron arrastrándolo a la decadencia.

Una decadencia que por fin tuvo una leve pausa con I´m new here (XL, 2010), una bitácora de la destrucción y en definitiva, su testamento y despedida. Quien no haya visto en temas como “Me and the devil” la cumbre de la poesía maldita (negra) y el hip-hop de alcantarillas, debería reconsiderar su gusto por la música. Quien no haya sentido la estela de Scott-Heron en temas como “The people“, donde Common samplea al malogrado black poet, ya debería saberlo: se nos fue un grande que (otra vez citando a nuestro Gonzalo Rojas) nunca tuvo otro negocio que estar siempre diciendo la verdad. RIP Gil Scott-Heron.