Michael Jackson murió como vivió: en público. Con cámaras a su alrededor (o, por lo menos, esperándolo fuera de su fastuosa mansión), con el mundo llorando y burlándose por partes iguales (para sincretismos, el titular de hoy de La Cuarta), y con pesar hasta en lugares exóticos como Chile. Podríamos decir que para comentarios sobre pedofilia y excentricidades, mejor sintonizar Primer Plano o leer Las Últimas Noticias, pero es tan tenue la línea entre el artista y su vida que es imposible no relacionar niños abusados y moonwalking, Neverland y Thriller. Bueno, a eso se le llama pop: pura desmesura.

Ah y, claro, también está la música. Se puede decir sin problemas que Jackson fue efectivamente el primer artista negro en ser completamente aceptado por el público blanco en Estados Unidos. Ray Charles siempre fue el tío Tom y James Brown, un grande en el ghetto. Fue Jacko, el primero, que a fuerza de pasteurizar el funk y el soul, se transformó en la bisagra de unión entre ambos mundos. Ello, con la inestimable ayuda de Quincy Jones en las labores productivas y del innegable talento del finado que, por alguna extraña razón, se desvaneció a partir de 1984. Es, en Off the wall (Sony, 1979) y Thriller (Sony, 1982) donde se acumulan los hitos por los que acordarse sin mofa de Michael Jackson.

También podemos referir a la época en Motown con las 4 comparsas (y el padre-manager sádico de turno), pero su soul domesticado no se acerca a la mezcla entre comercialidad y groove que dieron pie a varias cumbres del mejor pop pasteurizado: “‘Don’t stop ‘til you get enough”, “I wanna be startin’ something”, “Thriller” y, claro, “Billie Jean”. Cuando para tararear una canción nos fijamos en el bajo, cuando eso genera el paso peor imitado de la historia y, más encima, nos logra poner del lado del truhán que NO quiere reconocer un hijo ilegítimo; estamos hablando de algo grandioso.

Es por ese sonido que tan bien se escuchaba en los equipos modulares de la década de los 80s (y que, cosas del contexto, tan feo nos sonaba en los 90s) que dan ganas de entrar caminando hacia atrás a las oficinas y salas de clases hoy. Y tirar el sombrero al público. Y rememorar al músico escondido tras esa vida digna de Willie Wonka. Acordarse de la música entre tanta desmesura.

VIDEO: Michael Jackson – “Billie Jean”