Los propulsores de Arctic Monkeys no son los mismos luego de que se mudaron de Sheffield, ciudad que los inspiró a grabar Whatever People Say I Am, That’s What I’m Not. Instalados en Brooklyn, los ingleses planearon hacer, en un momento, su tercer disco de rock más pesado, pero la gran mente productora de Josh Homme (Kyuss, QOTSA) los llevó por otro camino. Les sumergió las cabezas a ciegas en El Rancho de la Luna, ubicado en California, estudio donde Eagles of Death Metal, Mark Lanegan y PJ Harvey también grabaron su música. En el desierto, los cuatro Arctic Monkeys se dedicaron a buscar el instinto de Humbug, disolviendo los vestigios que quedaban de la tormenta mundial que produjeron en 2002.

A lo largo del disco hay ecos de Queens of the Stone Age que se escuchan a lo lejos, por ejemplo en “Crying lighting” y “Potion approaching”, pero éstos se desvanecen entre riffs ajustados y visos rockabilly, que parecen sobreexigir la capacidad erótica de la banda, manteniendo ritmos tensos y temblorosos.

La atmósfera de este disco se mueve en oscuros halos melancólicos que salen de la voz de Alex Turner y del resto de los Arctic Monkeys. Si antes fueron una energía que dejaba sin aliento al auditor, ahora están en una zona desconocida a la que cuesta entrar si no se está al tanto de este proceso.

En la segunda mitad aparece “The fire and the thud” como una dilatación coherente, nada más, de lo que se ha escuchado. Hasta que por fin llega lo mejor de Humbug: “Cornerstone”, una carta acústica al amor perdido que encuentra, paradójicamente y sin esfuerzos, la sensualidad buscada en todo el disco. Tan sólo esa canción, mezcla de detalles sugestivos dichos sobriamente como Morrisey y Jarvis Cocker lo han hecho, deja a Arctic Monkeys con un progreso a cuestas. El resto queda para la masa, que con gusto clamará en los conciertos que se les vienen encima.

MP3: Arctic Monkeys – “Cornerstone”

Video: Artic Monkeys – “Crying lightning”