battles.jpg

Que algo sea premeditado y alevoso, alude más a un crimen que a un logro. Como si el cálculo fuera una bajeza al compararlo con generar reacciones desde la emoción más sensiblera. Pero sucede con algunas propuestas conceptuales basadas en el ejercicio constante y el análisis obsesivo de sus alcances que logran resultados tan redondos que termina por mostrar el sinsentido de jugar a la emoción vs. la ejecución. Y afortunadamente ese el caso de Battles.

Cuarteto formado por miembros de Don Caballero, Helmet, Lynx y el músico Tyondai Braxton, Battles es una amalgama de math y prog rock tan experimental como futurista. Con dos EPS a cuesta en Warp Records, Mirrored es su primer disco luego de cuatro años de existencia y una sorpresa desde la primera escucha, destinado a volver las orejas hacia los terrenos peliagudos de las composiciones recursivas y matemáticas. Formados como una banda de rock tradicional, Battles arma un disco entero en una secuencia de canciones de introducción, desarrollo y final que siguen patrones determinados de ritmo y melodía, con un pulso frenético que suma y sigue, aumentando la intensidad con composiciones galopantes repletas de secuencias sonoras que dejarán contento al más fanático defensor de krautrock. Como físicos locos de la música, Mirrored parece lleno de fórmulas y artefactos que hacen que este post-rock apocalíptico y upbeat se escuche desde el futuro, sobre elaborado en sus filtros, voces de high-pitch, pedales y maquinitas que aparecen y desaparecen como en un videojuego.

El punto de inflexión y lo que hace a Mirrored un agrado de escuchar, es lo entretenido de su ejecución. Cargado de una energía maratónica, los músicos suben y bajan en secuencias, detienen los ritmos y vuelven a la carga con riffs procesados, teclados que juegan a tocar una sola nota y una batería que parece siempre un batallón en marcha. Muscular y adrenalínico, las guitarras pueden irse en los acordes más progre hasta que el ritmo para y la banda vuelve a la carga sin muestras de cansancio. Basta ver el video de su primer single ‘Atlas’ para darse cuenta que lo trasmiten desde los audífonos es exactamente lo mismo que ellos ejecutan: ahí se ven a los miembros de la banda que llevan el ritmo con la espalda, sinuoso con los pies, espático con las manos, todos al unísono. Como si fuera algo incontrolable y por ningún motivo quisieran dejar de hacerlo.

Un disco para escuchar de un tirón, con el vértigo de estar ante algo asombroso y la impotencia de no poder verlos en vivo para sentir el piso retumbar con esa percusión demoledora.