El último disco de Bibio es como su portada. Una suerte de adorno que puede quedar perfecto en la muralla de tu casa, previo clavo bien puesto en la pared y con un papel mural que combine. Pero cuidado, si alguna de estas condiciones no se cumplen, el adorno puede estar de más o pasar desapercibido.

Resulta que no todas las canciones que componen este multicolor adorno (o disco, de aquí en adelante) combinan con el resultado final. Cuando Stephen Wilkinson apuesta por el beat violado y la psicodelia de los samplers, está todo en su lugar. Basta con escuchar “Excuses” o la extensa pero cautivante “Pretencious”, para darse cuenta que no estamos frente a un beatmaker ordinario, uno de esos que abundan en Los Angeles y se multiplican por el mundo igual que los computadores. Wilkinson lo sabe y en un exceso de autoestima se atreve esta vez a tomar el micrófono, cantando en algunos cortes y aprobando, aunque no de manera sobresaliente.

El folk -¿por qué no?- bastante más presente en su anterior Ambivalence Avenue (Warp, 2009), que como alguien dijo por ahí es tres discos en uno, también tiene cabida en este nuevo álbum, aunque es la búsqueda desenfrenada por un himno lo que le quita el sueño a Bibio. Por eso encontramos en Mind Bokeh un tema como “K is for Kelson”, el sueño de todo aspirante a estrella del pop indie.

Entonces Bibio gana, pero no rotundamente, a veces la muralla parece no combinar con el adorno, y viceversa, aunque con temas como “Anything New” y “Artists Valley” seguiremos pensando que estamos frente a un ingenioso sin símil, un tipo que todavía puede acertar una nueva jugada maestra.

Encuéntralo en Tienda Sonar en formato CD ($ 13.900). Tienda Sonar está en Paseo Las Palmas, local 017, Providencia