Aparecido en abril de 1998.

El documental es imaginable: los hermanos escoceses Marcus y Mike Sandison pasan una temporada en Canadá a fines de los ’70 o comienzos de los ’80, donde descubren las películas educacionales producidas por la productora estatal National Film Board of Canada. Como todos los niños, ven televisión, escuchan música y se aburren. También, juegan a grabar sus propias películas en Super 8 y a componer sus primeras canciones, que registran y mezclan artesanalmente en cassettes.

Ya adultos, los hermanos forman un dúo electrónico llamado Boards of Canada y estas revelaciones (que conocimos gracias a una entrevista publicada en Pitchfork, en 2005) cobran sentido al escuchar Music Has The Right To Children, su primer LP, de 1998.

Es que aquí el tema es –fundamentalmente– la niñez. Gracias a los samplers y las habilidades para mezclar, los hermanos recogen fragmentos de sus recuerdos y los reconstruyen como piezas electrónicas que podrían constituir un completo catálogo de sensaciones infantiles (desde las eufóricas hasta las siniestras). Así, entre las piezas se escuchan murmullos de niños, risitas, voces adultas que repiten incomprensibles mensajes entrecortados, melodías como canciones de cuna y también susurros terroríficos. Este material se reunifica gracias a los beats, las secuencias, las repeticiones que se superponen sobre bases que a veces recuerdan al hip hop: son los latidos que subyacen a estas viejas postales.

El ejercicio resulta conmovedor y nostálgico a pesar de que este disco se catalogó dentro de la IDM (Intelligent Dance Music), la pretenciosa y cerebral etiqueta que pretendió integrar beats con ambient y hiphop a mediados de los 90. Lo notable es que una vertiente tan racional y sofisticada de la electrónica pudiera mostrar obras tan exquisitamente orgánicas como Music Has The Right To Children. Escuchar “An eagle in your mind”, “Telephasic workshop” o “Roygbiv”, algunas de las canciones más largas, es como sumergirse en viajes emocionales, a la deriva de lo que se pueda recordar y reconstruir. Además, los músicos se permiten intercalar pequeñas viñetas, de no más de un minuto y medio de duración, que muestran una experimentación más radical: “The colour of the fire” o “Bocuma”, por ejemplo, no son canciones, sino recuerdos en estado puro.

El sonido de este disco ha sido copiado muchas veces, y su influencia se puede escuchar entre los que aún se atreven con la electrónica seria, pasado ya el vendaval de las fiestas y los DJs de plástico. En la mencionada entrevista, sin embargo, los músicos confiesan un dato que puede resultar más elocuente de su éxito: National Film Board of Canada, la productora de películas, ha usado como banda sonora algunos de los temas de Boards of Canada, el grupo. Es decir, el documental existe; también en Music Has The Right To Children.

MP3: Boards Of Canada – “Aquarius”

VIDEO: Boards of Canada – “Roygbiv”