Aparecido en 1998

Me perdonarán, pero dudo que sea posible disfrutar en todo su esplendor de lo que se define como “música de carreteras” en un país que tiene sólo una, que corre de norte a sur y que termina delimitando importancia geográfica y social a la par. Dios, que sólo atiende en Santiago, lo tiene claro y cualquiera que lo dude no sólo se expone a una eternidad bajo fuego, sino, derechamente, a perderse. Es cierto que, con este comentario, corremos el riesgo de bajar el índice de lectoría de Super 45 en Combarbalá e Illapel, pero todo sea por la necesaria claridad argumental para hablar de nuestros invitados. Calexico, una idea pergueñada por un par de gueros en busca de aventuras en fronteras desconocidas (el nombre del grupo tiene que ver directamente con eso), cae dentro de lo que podríamos llamar música de carreteras, con paisajes áridos y cinematográficos que hablan de excursiones geográfico-emocionales, sin destino fijo. Pueden ser fantasías de sudaca afiebrado, pero si he de tomar alguna carretera en mi vida (ya, ok, mi principio y fin, probablemente sean la Panamericana), espero que la musicalicen Joey Burns y John Convertino y que, aprovechando, sea en el auto de la portada de The Black Light.

Uno que, definitivamente, los hubiese gustado mandar una temporada a Combarbalá a esos pinches gringos es Howe Gelb, alma mater de Giant Sand, banda donde Burns y Convertino forjaron su reputación en el mundillo musical de Tucson, Arizona. Gelb, curtido en los sinsabores de la escena indie-folk por largos 25 años, sólo pudo levantar hombros (y maldecir en un par de entrevistas, por supuesto) cuando la esporádica aventura de sus acompañantes se convirtió en un trabajo de tiempo completo, con un grado de repercusión mayor que la banda original. Luego de los aprontes minimalistas de Spoke (Quarterstick, 1997), Calexico expandiría sus ambiciones y resultados más allá de lo esperado con The Black Light, donde la americana propia de su anterior banda se ampliaba para incluir latin Jazz, spaghetti western y, sobre todo, una ración del mejor tex-mex de la zona. A partir de las ideas que sembraron gente como Los Lobos o Alejandro Escobedo, Calexico (junto a los alguna vez compinches Friends of Dean Martinez), logró unificar la música de raíz, con el rigor académico y la experimentación sonora en una sola manifestación. Para mejor ejemplo, dirigirse a “Frontera” o cómo unir a Tortoise, Morricone y la banda de acompañamiento de Pedro Vargas en cuatro gloriosos minutos de música.

El que, a estas alturas, bostece pensando en una indigestión musical, debió haber estado en la fiesta que protagonizó la banda en Santiago en octubre de 2007, cuando Calexico se reveló como la gran orquesta de matrimonios que siempre ha querido ser. Claro que para esa ocasión no sólo contaban con golazos de la calaña de “Crystal frontier” o “Güero canelo”, sino que el original dúo ya se afianzaba como un sexteto, que lograba reproducir en vivo lo que hasta The Black Light era más bien un trabajo de la dupla original más invitados (incluyendo al mismísimo Howe Gelb y su cruel destino). Ya en la gira de presentación de 1998, a la hora de trasladar a un escenario los aromas latinos de “Sideshow” y “Stray”, el folk-rock de “The ride pt.II” y, sobre todo, las rancheras de “Minas de cobre” y “Frontera”, el dúo se asoció con el Mariachi Luz de Luna. De estos últimos provendría Jacob Valenzuela, luego miembro permanente y clara influencia en la ruta tex-mex más visible en Hot Rail (Quarterstick, 2000) y Feast of Wire (Quarterstick, 2003).

Si obviamos un disco destinado a robarle fans a Wilco con bastante poca fortuna (Garden Ruin, de 2006) y reparamos en un muy bueno, aunque conservador, ultimo álbum (Carried To Dust, de 2008), la carrera de Calexico no presenta puntos bajos, logrando una mezcla difícil de encontrar entre prestigio indie y cierto éxito comercial (banda sonora del film Collateral, mediante). The Black Light se apunta, entonces, como el primero de una seguidilla de triunfos artísticos, en un estilo que los tiene de punta de lanza y referentes obligados. O sea, el día que usted, amable lector, quiera perderse en una carretera diríjase a ellos. Aunque esa carretera sea sólo una y nos lleve eternamente a los mismos lugares.

MP3: Calexico – “Minas de cobre” (en vivo)

VIDEO: Calexico – “The ride (pt.II) en vivo”