Era una invitación a un baile, a una fiesta llena de alegorías sobre la vida y la muerte, a un asesinato grupal para, de una vez, matar la música: el homónimo primer disco de Cómo Asesinar a Felipes no sólo le daba una vuelta de tuerca a la fusión de jazz/hip-hop; también lograba, trabajo lírico y metáforas mediante, oponerse a un contexto musical liviano y demasiado amable. La preguntas lógicas ante un inminente segundo disco eran las siguientes: ¿cómo superar lo alcanzado en el primero? ¿Cómo lograr tal contundencia por segunda vez? Y al abrir el disco, uno encuentra la respuesta: matándose.

Rodeados por una orquesta de monstruos, cinco ataúdes decoran el arte interior del disco. Y en cada ataúd, un miembro de CAF. Ese es el punto de partida (¿o de llegada?) para un nueva conceptualización en el sonido y la estructura lírica de los Felipes. Si en su primer disco, Simón Temato –también conocido como Koala Contreras– invitaba a un mortífero baile (“Nada más, nada menos”), una voz en off nos aclara desde un principio que lo que se escuchará en este nuevo trabajo apunta hacia otro lado: “(…) este es un álbum de reflexión, puedes bailar también si quieres, pero la intención no era crear ese frenesí de baile, sino una circunstancia más emocional, más reflexiva (…)” (“De principio a fin”).

Un Disparo al Centro es un disco oscuro, lleno de samplers que hacen referencia a situaciones angustiosas, preguntas introspectivas e inquietantes reflexiones. En un lúcido diálogo con ellas, los versos de Contreras se enfrentan a esta sensación de pesar, obligando al oyente a poner atención a cada frase y así, solo así, encontrar la luz al final del túnel, tras ese viaje de ida – y vuelta – hacia la sombría muerte. Y si la dinámica de Dj [email protected] y Koala Contreras son los epitafios de este funeral, las melodías que la acompañan, es la marcha fúnebre. Acompañando al teclado, la batería y el bajo, la Orquesta Filarmónica Juvenil cumple su parte: los bronces auguran penumbras; las cuerdas, lloran la pérdida; las maderas, cobijan el desamparo de las almas destrozadas.

Sin respiro, cada tema suma tensión y condensa la angustia contenida de un año duro en intensos 22 minutos. 22 minutos que, finalmente, logran llegar a buen puerto gracias a la unión de sus partes y a un disco que, como reza el diálogo final, ha resultado ser el shock necesario para sobrevivir: “(…) toda esa sensación de dolor la he sacado hacia fuera y me ha liberado de una manera brutal (…) ha sido muy bonito, pero muy duro (…) pero ahora me siento absolutamente liberada”. ¿Qué si CAF han hecho un mejor disco? No. Porque esta banda no es CAF, al menos no son los mismos Felipes del primer disco: esos murieron. Acá hay unos Felipes que renacieron. O, mejor aún: que sobrevivieron.

MP3: Cómo Asesinar a Felipes – “La puerta no se abre sola”

VIDEO: Cómo Asesinar a Felipes – “Cuando la verdad no encaja”