En un panorama musical plagado de artistas internacionales, siempre es un placer escuchar bandas nacionales que profundizan en un imaginario propio y lo hacen con buenas ideas. Tampoco hay que rebuscarse para encontrar una buena gema. Al extenso catálogo de sellos de amplia difusión como Oveja Negra y Sello Azul – y otros más “establishment”, aunque tal apelativo no sea del todo apropiado en nuestro pequeño contexto-, se suma la entusiasta generosidad de sellos más pequeños que, muchas veces amparados en el alero de la gratuidad de internet, difunden sus canciones con costo nulo para el auditor y una ganancia más que segura.

Los Mil Jinetes, una de las mejores cartas del sello Cazador, es un loable ejemplo de lo anterior. Un poco más quitados de bulla que sus colegas de Fother Muckers, donde comparten el factor común del músico Cristóbal Briceño, han afinado la puntería, crecido silenciosamente y, cuando descargas su disco, te das cuenta que esta filosofía de la música libre va en serio. No se trata meramente de grabar, mezclar y facebookear en un dos por tres para hacerse escuchar como sea, sino de tomarse el tiempo para armar un álbum fino, bien entramado y con un sonido delicioso para que la experiencia sea total.

Podríamos decir, entonces, que Reconoceronte es la confirmación de una apuesta que daba sus primeros pasos en Ándate Cabrita (08), donde el sonido rústico y silvestre era una vocación más que necesaria. Sin embargo, Reconoceronte -para la poca atención que se le prestó en 2009- merece más de una escucha, y esto tiene que ver con dos factores. El primero, es la dudosa sensación global que te deja el primer enfrentamiento: una jugarreta simpática de músicos sin pretensiones, tiempo libre por montón y muy poco ego.

Y esa impresión, que podría jugar en contra de cualquier otra banda, es la mejor arma de Los Mil Jinetes, pues como ya no hay nada que perder, les das una segunda oportunidad y vas descubriendo la arquitectura de las canciones folk-pop, la inteligencia de los arreglos, la calidez de su sonido y la profundidad de la hermandad entre Briceño y Andrés Zanetta (que en vivo se acompañan de más jinetes), y bueno, ya a las dos semanas te encuentras atrapado en uno de los discos más entrañables del año. Así de simple.

“No puedo dejarla pasar” tiene ese paso de gaucho sufrido, de estepa eterna donde los valores no sirven de nada y los sentimientos derrumban al más débil. Caléxico, trompetas, percusiones de huiro, metalófonos encantadores, el desahucio de Briceño, todo suma para corear unas letras tristes, y de estampa zen para seguir andando. “Pastor de elefantes”, el primer tema que subieron al MySpace, ya da cuenta del giro delicado que tomaron en este asalto de rinocerontes, con el paso de elefante bien marcado, una intro afablemente larga y la astucia de esas bases sampleadas que le dan un exquisito sabor nortino a la melodía.

“Tarde muy tarde” genera identificación con ese ánimo flojo y distendido, esa sensación de ir viajando en bus rumbo a la costa con el sol encegueciendo la mirada. “De las montañas hasta el mar”, empática y campechana, entrega consejos aprendidos en el camino mientras avanza con solidez y cuadratura, cayendo en pequeños agujeros de percusiones dinámicas, palmas vitalistas, sonidos espasmódicos y guitarras zigzagueantes.

Los otros puntos altos de este álbum están en las canciones más jugosas, dicho con todo el respeto que permite esta expresión, y que les augura un éxito seguro en tierras trasandinas. “Luna de día” cuenta con unos teclados de película, y el pastiche colorido y romanticón al que nos invitan, de cine de trasnoche, barrios populares, radio AM, canción cebolla y bolero urbano, levantan más de una sonrisa. Hay conocimiento musical, hay tiempo para desarrollar las ideas, y el sonido huachaca permea cualquier intento de solemnidad. “Reconoceronte” tiene un andar de cumbia colombiana, y por qué no, también de cumbia villera, y es imposible no reír cuando cantan a vivo pulmón “¡Soy su jinete pero no su dueño!”. ¡Notable movimiento de caderas de estos jinetes desvergonzados y sin frenos!

Para cerrar, basta decir que Reconoceronte no es un disco perfecto, y eso es lo que lo hace más sólido, pues se percibe la sabia intención de que no todo suene ni tan pulido ni tan estructurado. Canciones pequeñas y más grandiosas comparten con hidalguía y fluyen con fuerza hacia el tema final, “Un lugar desconocido”, que denota el alegre futuro de Los Mil Jinetes: nuevas tierras para seguir cabalgando con el sol y el viento a favor, la muerte en una maleta y las aventuras en sus riendas.

MP3: Los Mil Jinetes – “Pastor de elefantes”

DISCO: Descarga aquí Renoceronte (Cazador, 2009)

VIDEO: Los Mil Jinetes – “Tarde muy tarde”