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Esta banda inglesa tan sólo con su primer álbum se hizo un nombre, revitalizando en parte todo lo que iba en evidente decadencia, siendo respetuosos de la estética revisionista que ha caracterizado a la presente generación musical. Dialogaron cara a cara con los sonidos de Interpol, otorgando a las guitarras punzantes un aire energizante y con fuerte inclinación pop; una refinada y melódica manera de componer que remitía en parte al legado de Ian Curtis y compañía.

Estos aires de frescura que al inicio cautivaron en profundidad al público y que hicieron de The Back Room (2005) uno de los discos más vendidos en Inglaterra y en EEUU, ya se ven con distancia. Es difícil discernir qué es lo que descansa en estas composiciones oscuras y singleras; si yace un talento único o en verdad se trata de una revisión estilística vacía y cercana al pastiche. Al parecer la novedad está obligada a funcionar por momentos, instantes de sorpresa e impacto que cada vez duran menos. Por lo menos, esa es la tónica de An End Has a Start, el nuevo disco de la banda.

El primer single ‘Smokers outside the hospital doors’ es efectivo. Lo nuevo de Editors se vende como pan caliente, con un sonido poco original, la intrepidez ya no parece ser la idea central de los de Birmingham sino una búsqueda dentro del mismo pop y del mercado, lo que finalmente deriva en homologarlos a toda esa gruesa lista de bandas de chicos melancólicos cuyos vocalistas famélicos siguen los pasos de un Thom Yorke que ya no tiene sentido de ser. Los precisos acordes de ‘Munich’ o la fuerza de ‘Fingers in the factory’ han dado pie a una serie de recursos melódicos cuya función es conmover al estilo Coldplay. Manteniendo los graves de Tom Smith y las guitarras de Chris Urbanowicz, la línea del disco intenta involucrar al oyente por lo sutil, por el efecto nostálgico de las composiciones que en ese sentido están correctamente ejecutadas y hasta logran alcanzar la belleza. Pero hablamos del mismo concepto de belleza que manejan Saybia o Keane, que perfectamente podrían estar en la banda sonora de una serie televisiva sobre amores juveniles, con canciones que van de candidatas a engrosar las compilaciones del adulto joven del futuro.

Los coros en algunas canciones se emparentan a la épica de Arcade Fire y las sintetizaciones hacen penetrar agudos que inyectan calor, intensidad y dinamismo en los temas, a diferencia del frío esquema de The Back Room cuya rigidez y repetición sonora heredaba toda la potencia de Joy División. Sin embargo la temática de las letras sigue siendo un conjunto de elegías oscuras con alusiones a lo catastrófico (muerte, enfermedad), pero la luz musical que genera cada tema, esa línea que sube hasta un alto clímax y que entrega energía esperanzadora a quien la oye, le quita el peso a las frases de Smith y desvía el camino de su poética.

And End Has A Start es, en definitiva, un gran álbum para el mercado y un gran álbum para oír. Tiene varios de los elementos que su productor Jacknife Lee había trabajado con otras bandas. La intensidad que tan bien queda en la música de Snow Patrol o la sensiblería pop de Kasabian le quitan fuerza a la propuesta de Editors, que quizás estén ingresando a otro territorio más luminoso y digerible. Por lo mismo es imposible quedar indiferente; la composición está tan bien lograda y la postproducción es tan precisa que cuesta no involucrarse en los vaivenes sonoros hechos para conmover, aunque esté en desmedro de la fuerza que la banda había trabajado en su debut. Quizás convenga comenzar a entender a estos nuevos “Editors??? y desligarlos de la impresión que generó su primer álbum; una tarea difícil si pensamos en The Back Room como una de las mejores hazañas en el reciclaje post punk de la década.