Bajo la perspectiva de los años, la propuesta de los hermanos Arizaleta, bajo el nombre de El Columpio Asesino, ha mostrado signos de rápida maduración desde su ya lejano debut de 2003, pero no es hasta su tercer disco, La Gallina (Astro Discos, 2008), donde alcanzan en forma plena su esencia musical, con la cual desbordaron y sudaron una personalidad única, que terminó caracterizando a estos músicos españoles, alejados de cualquier punto de comparación, creando un ente musical único y ejemplar en la escena de España.

Por ese entonces, la siguiente duda quedaba abierta: ¿la plenitud de una banda puede significar abrir una puerta para pasar a la habitación siguiente,  o -como en la mayoría de los casos- representa un golpe a ciegas sobre la misma?

Diamantes viene a responder esta pregunta después de tres años. Y no es de extrañar el acertado título del disco, pues bajo toda perspectiva, el desarrollo de El Columpio Asesino sigue puliendo sorpresas de gran valor. Un disco completo, de abrumadores e intoxicantes nueve temas, manejando inconfundiblemente sus más variados referentes, esos mismos que han servido para el juego de sus anteriores trabajos, pero sobresaliendo por terminar siendo más depurados y sin perder la esencia de su propia creación, llena de complejidad, desquicio y agresividad.

La primera parte del disco es el mejor exponente de la convergencia de El Columpio Asesino como referencia musical. “Perlas” y “Toro” son temas con una fuerza descontrolada, tanto que la versión extendida del segundo muestra cuatro complejas estructuras musicales que bien podrían ser parte de temas independientes, pasando de un sonido muy fiel a Sonic Youth, por dar un ejemplo de cercanía, para terminar convirtiéndose en un tema con altas dosis de pop español.

“Diamantes” y “Corazón anguloso” terminan de englobar el abanico de posibilidades musicales de este trabajo, abriendo el punto de inflexión de un ruidoso y potente inicio, hacia sonidos más sintéticos y de crecimiento sostenido. Es posible ver desde este punto todo lo que ha sido El Columpio Asesino a lo largo de su historia, de manera inmejorable e imborrable, con regalos absolutamente acertados, como la preciosa versión en español de “The endless plain of fortune”, del disco Paris 1919 (Reprise, 1973) de John Cale (acá nombrada “Cisne de cristal”), con una Cristina Martínez protagonista y sobrecogedora, o la versión de “On the floor”, de los vascos We are Standards.

Diamantes sigue la fuga de ideas en las letras de los navarros y, como en el pasado, lleno de oscuras y tensas referencias a la provocación, con ideas concretas y sin desvíos, con una sinceridad que se agradece como su sencillez, transformando simples párrafos -en los casos en que sea posible aplicar el vocablo simplicidad en las líricas presentes en el disco – en himnos, con los que cualquier oyente puede sentirse plenamente identificado.

El escenario de hoy muestra que El Columpio Asesino establece un universo propio dentro de la música española, la cual no se puede negar que está viviendo un gran momento, pero igualmente marcan la diferencia por ser un producto incomparable e inspirador y que sin lugar a dudas está en su mejor momento. Pues bien, ha quedado demostrado que tres años no son nada, envejecer así es ideal.