Quien haya pensado que Fleet Foxes la tenía fácil después de conquistar a todos con su debut homónimo del año 2008, no podría estar más equivocado. Muy por encima de sus propias expectativas, ese disco de folk se convirtió en un verdadero suceso, las más importantes publicaciones musicales lo destacaron como uno de los mejores discos del año y, por amplia ventaja, a Fleet Foxes como la banda revelación. Tenían todo a favor estos chascones barbudos de Seattle, pero el camino a Helplessness Blues (Sub Pop, 2011) no fue nada simple.

“Este disco me costó mi polola. Me costó mi salud” disparó Robin Pecknold -compositor, cantante y líder absoluto de la banda- en una reciente entrevista a la revista inglesa Uncut. Los problemas personales sumados a las dudas creativas y a un obsesivo perfeccionismo, hicieron que exista tres años de diferencia entre la edición de los dos trabajos. Después de la primer mezcla, Pecknold sentenció la vuelta al estudio al decir a sus compañeros: “esto es donde estamos, no donde queremos estar”.

Desde los primeros segundos de “Montezuma”, el encantamiento que ejerce la voz de Pecknold es absoluto e instantáneo. La potente suavidad de su voz es lo primero que se destaca, pero su perfecta convivencia con los coros y los instrumentos es lo que la diferencia. La armonía vocal de Fleet Foxes es, quizás, su principal característica. Es una marca distintiva que no es ninguna novedad, pero que no deja de sorprender. En este segundo disco, además incursionan en el uso de nuevos instrumentos para la banda, que enriquecen su sonido folk rock lleno de matices, como sucede con la línea de contrabajo en “BedouinDress”. La insostenible tensión y la posterior liberación generada con las voces como elemento principal en la épica “The Plains / BitterDancer” es una nueva demostración de la enorme capacidad vocal de la banda. Pero seguramente el núcleo emocional del álbum se encuentre en “TheShrine / Anargument”, que describe cuatro estados de una ruptura: meditación, ira, frustración y soledad, con una intensidad asombrosa y un cierre a pura psicodelia.

“Uno de los principales temas de Helplessness Blues es la lucha entre lo que uno es y lo que quiere ser, y cómo uno mismo es el impedimento para lograrlo”, escribió Robin Pecknold en una carta a través de la página web de Sub Pop ¿Y qué quiere ser este Helplessness Blues? Un disco clásico del folk americano. La ambición y el obsesivo perfeccionismo de su líder han logrado que este conjunto de canciones pueda sentarse en una mesa y conversar de igual a igual con los grandes exponentes del género sin tener que bajar la mirada.