Aunque muchos tuvieron tiempo más que suficiente para preparar el etiquetado que debería llevar el anunciado Blonde, pocos se atrevieron a hacer lecturas perentorias de un álbum que, al igual que la última entrega de Kanye, a ratos parece un trabajo en proceso, o al menos una colección de canciones sin patria definida. El hilo conductor de este disco siguen siendo las historias, autobiográficas o llenas de ficción, pero siempre guardando un rasgo emotivo, porque transformar la nostalgia en algo cool es algo que a nuestro amigo Frank Ocean le resulta muy bien.

Es verdad, el Ocean del cada vez más bueno Nostalgia, Ultra (2011) y el estupendo Channel Orange (2012) aún está presente en esta nueva entrega, aunque luce un poco oculto entre capas de sonido impredecibles, skits/interludios fantasmas o canciones de producción a ratos cercana al pop, como en “Pink + white”, o -digamos- de autor en “White Ferrari”, entre lo más elevado del álbum. En muchos tracks de Blonde Ocean sigue jugando a las escondidas, aclarando quizá que no pretendía firmar el disco definitivo de R&B moderno, para eso quizá sea mejor probar con Sept. 5th, de dvsn. Es probable que tampoco se propusiera superar el post-soul de James Blake, porque aún tenemos cosas por descubrir del rotundo The colour in anything.

Frank quiso hacer algo más, apelando a su infancia, a los sabios -y un tanto vergonzosos- consejos de su madre; a su relación con las drogas, a su trabajo anterior con amigotes como Tyler, The Creator o Earl Sweatshirt. Y lo consiguió, porque la belleza presente en temas como “Godspeed” o “Self control”, que identificaremos aquí como baladas, súper baladas, o como quieran llamarlas, conviven con la cantautoría casi perfecta de “Ivy”, un tema que el músico ya presentaba en vivo en la época de Channel Orange, y que tiene uno de los versos más perdurables de Blonde: “I thought that I was dreaming when you said you love me”.

Desde las letras, este es un disco alucinado que renueva la capacidad expresiva de Ocean, siempre acompañada de un tono de voz flexible, cercano pese a por momentos apenas insinuar emoción, o por el contrario alcanzar notas imposibles ayudado levemente por artilugios en la producción, aspecto que hace recordar la letra de “Novacane”, presente en su inaugural Nostalgia, ultra: “Zero emotion, muted emotion, pitch corrected, computed emotion”.

Como se sabe, la ayuda en este álbum es variada: desde Beyoncé a Kendrick Lamar o André 3000. Este último, cuya aparición en “Pink matter” (del anterior Channel Orange) aún es digna de estudio y admiración, esta vez solo pasa a saludar con un “rap sobre piano” en formato interludio titulado “Solo (reprise)”. También hay guiños a la tradición soul/pop con la beat friendly “Close to you”, un breve capricho que revive la versión homónima de Stevie Wonder para The Carpenters, que tiene originalmente a Bacharach en los créditos. Todos detalles cuidadosamente estudiados (y soñados), porque Blonde pese a querer tomar distancia como un trabajo complejo, por alguna razón (ahí reside la magia de Ocean) nos atrapa y seduce.