De cuatro a dos: Perrosky (los hermanos Álvaro y Alejandro Gómez) exuda la misma potencia de Guiso reduciendo el rock a dos acordes sucios o tan sólo al rasgueo de las cuerdas apañadas de la guitarra, más una batería ligera y concentrada. De dos a uno: Gepe es el proyecto en solitario de Daniel Riveros, quien forma Taller Dejao junto a Javier Cruz, en un dúo que ha cosechado muy buenas críticas con su debut El brillo que tiene es lo humano que le queda. De uno a cero: 5 x 5, el debut de Gepe (con la colaboración de Pablo Flores y Sebastián Sampieri), se aleja del sonido hiperquinético de Taller Dejao para acercarse lo más posible al silencio. La fábula es evidente: mientras más sintético, más certero.

A pesar de que El brillo que tiene… cuenta con muy buenas melodías y energía creativa, transcurrida la mitad del disco resulta fácil agotarse frente a canciones de timbre muy parecido. 5 x 5, en cambio, se define por sus siete canciones de folclor minimalista al borde de la timidez, precisas y no pretenciosas, que obligan a poner replay apenas acaba el disco. Daniel Riveros muestra dominio en estos temas, la mayoría de larga data, y es consciente de que no es necesario llenarlos con palabrería, como queda expuesto en el arranque del disco, ‘Namas’: “Y si no tengo na’ que decir/ y si no tengo na’ que cantar/ pa’ qué pierdo el tiempo así/ si lo dicho ya, dicho ya está”. El rasgueo de la guitarra sobre una base simple recuerda a ‘Cerro’, de Familia Miranda, pero lo más peculiar es el fraseo “dejado??? de Riveros, que ocupa palabras cortadas para sus tonás y se apoya en el pulsar de un triángulo y las palmas de Pablo Flores. La experimentación sonora caracteriza a 5 x 5, con el tono dominante de un Casio Tone y la percusión de un timbal de piso más un shaker (instrumento de metal con bolitas en su interior); también hay una grabación de un charanguista hacia el final, que no se detecta fácilmente. Bajo el camuflaje de melodías ancestrales, Gepe hace algunos movimientos intrincados que capturan al auditor y lo hipnotizan.

5 x 5 nace de la dificultad de Riveros para manejar los misteriosos números primos (sic) y constituye la búsqueda de un lenguaje que prescinda de las frases y las palabras, y que genere atmósferas a partir del cromatismo de los instrumentos. Así, ‘Cuento’ se apoya casi en un sólo acorde para dar vida a una rima que podría ser infinita, al modo de “un elefante se balanceaba…”, con un solo de flauta en el final que le da un toque andino al estilo de Los Jaivas; ‘Subida’, en la misma línea, acentúa el ritmo de canción chilota e introduce algunos acordes más (es la segunda canción más entusiasta). ‘Escalera’ es notable por el ritmo delicado, el canto susurrante de Riveros, el adecuado uso de un delay para simular voces extrañas y un quiebre melódico muy influenciado por Víctor Jara (como también ocurre en ‘La noche’, que recurre a un serrucho con arco, y ‘Nahuel’, un nombre imaginario para una canción compuesta en un día).

Este disco en solitario viene a confirmar el talento de Daniel Riveros como un compositor que se hunde en sus raíces para dar salida a composiciones de alcoba, canciones de cuna que dan espacio a la imaginación, a una lírica sencilla y poética, y al sonido puro de los instrumentos autóctonos. Ideal para sumergirse en un sueño plácido con identidad nacional y para estimular el ingenio musical.