¿Tanto escozor produce el término “balada”? ¿Acaso todo tiene que consumarse en el desgarro de Jeff Buckley o la austeridad de Leonard Cohen? Defensivo, Javier Barría argumenta hace un par de meses en una entrevista: “Mi idea es darle una vuelta al concepto de lo romántico. Soy cliché, pero a mi manera”.

El compositor arma declaraciones melódicas sensuales y leves, con recursos escuchados en tantas canciones del pop, pero procesados con elegancia entre melodías de guitarra cristalina, arreglos al teclado y el susurro cómplice en el fondo. De intención no explícita, la propuesta se verbaliza acogedora: “Qué ganas de que el fin de semana no tenga fin/ que se coma todo el calendario”, pronuncia entre la cadencia de “Cortinas Naranjas”.

Y es que, a pesar de llevar una decena de discos articulados en su casa, Barría no comulga con la precariedad del sonido chileno, sino más bien con el sentido común de la musicalidad latina: el hilo que hilvana la ternura en Drexler, el hype de Johansen o la coquetería de Marisa Monte. Introducción a la Geometría es un disco de compartirse, llamarse, buscarse, esperarse. La excepción en “Sábado solo” o “Foto movida”, donde la insatisfacción rompe el tenor del álbum, temple que se reconstruye con apurado cariño en “Venditas”, uno de los puntos más altos del disco.

Calmo, sin sobresaltos y lleno de caricias tibias, en Introducción a la Geometría se extraña la voluntad explícita del autor por transgredir o provocar. A lo mejor este afán es justamente lo que define la pretensión del indie. Pretensión que no comparte Barría: ya dice él que hace las cosas a su manera.

MP3: Javier Barría – “Geometría”

VIDEO: Javier Barría – “Ciego, nudo y desenlace” (de Ciudadano B -2007-)