Jäje Johanson, el crooner sueco, ha pasado por varias etapas en su carrera: símbolo de la segunda línea del trip hop en los ’90, posterior paso a las pistas de baile con una imagen a lo Ziggy, y desde Self-Portrait (EMI, 2008), una parada más íntima y natural con acento en lo romántico. La calidad no la ha perdido, pese a sus oscilaciones, pero esta figura siempre ha sido digna y grata de oír.

Su nuevo disco es muestra de un estado de introspección y trabajo duro. Toca la guitarra por primera vez en un álbum suyo, graba acústicamente sus temas favoritos para usar en un futuro y según sus palabras, nunca había hecho tanto en solitario como esto. Entonces, se puede inferir que es de lo más personal y honesto que ha ejecutado. Y vaya que suena bien. Con esa sedosa voz como de costumbre, tan elegante y frágil, que embelesa y es la anfitriona al entrar en su universo de buen gusto. Al comienzo parece remontarnos otra vez a la escena de los años cincuenta, siempre con el fantasma de Chet Baker como ícono permanente.

La orquestación de fuste, resulta el marco perfecto en el single “Dilemma” o en “An eternity”. Sin embargo, en esta oportunidad ya en la tercera “Shadows” hay muestras de folk desnudo que marcan la diferencia, o la belleza del piano y canto en “On the other side”. Ejercicios de intensa emocionalidad y precisión instrumental, que resumen el carácter de una obra madura y auténtica. Es una obra que encanta e incita a la conquista, debido a sus ingredientes de romanticismo y sensibilidad irresistible. Spellbound pieza tras pieza revela un plumaje interno más suave y cálido en el cual cobijarse.