C’mon vuelve a las raíces de Low. En su disco nuevo, el trío de Duluth ha dejado atrás el quiebre reflejado en Drums and guns (2007, Sub Pop), un álbum compuesto tras la ruptura del equilibrio mental de Alan Sparhawk (voces y guitarra). Junto a su esposa, Mimi Parker (voz y batería), ya llevan 9 discos desde 1994 y una carrera que los ha consolidado como una de las bandas más trascendentes del indie rock, a un nivel similar al de Yo La Tengo.

C’mon parece reunir elementos de todo lo que han experimentado hasta ahora, en una faceta accesible que sigue la veta de The great destroyer (2004, Sub Pop). Las capacidades de ambos se han expandido a través de los años, desde el minimalismo de sus inicios hasta sus experimentaciones atmosféricas e intimistas en Secret name (1999, Kranky) y Things we lost in the fire (2001, Kranky).

El trío lo completa el nuevo bajista Steve Garrington, y si bien el producto es inmediato, refleja a una banda en plena posesión de sus facultades creativas: cada elemento suena en su lugar. La elección del productor es sorprendente, si se considera que es alguien que ha trabajado con gente como Ke$ha, Justin Bieber o Paris Hilton: Matt Beckley. Alguien muy distinto a Steve Albini (quien ha trabajado con Pixies y Nirvana), uno de sus productores anteriores.

Beckley logra un resultado muy prístino del sonido de Low, capturando esa belleza profunda y cálida que es la esencia de la banda. De hecho, él mismo ya había trabajado con Sparhawk en su “otro” grupo: Retribution Gospel Choir. La religiosidad (el guitarrista y su mujer son mormones) impregna los temas nuevos de Low, en los que vibra una emotividad sagrada a flor de piel. No es casualidad que C’mon haya sido grabado en una iglesia, la que habían usado con anterioridad en Trust (2002, Kranky), y que esa acústica tan especial le dé un brillo sincero a las composiciones.

Tras el quiebre de Sparhawk tras una gira, luego de lo que tuvo que internarse para salir de un estado caótico, el futuro de Low se veía incierto, sobre todo tras una declaración de principios tan nihilista como Drums and guns, que hacía tabula rasa con todo su estilo y que se internaba en un ámbito más frío y descarnado. C’mon vuelve a las mejores y más conmovedoras baladas de la banda.

“$20” es una declaración de amor sobrecogedora, por ejemplo. Mientras, “Majesty/ Magic” incorpora como invitado a Nels Cline de Wilco en guitarra y pedal steel, en un tema intenso y demoledor como los mejores del grupo. El grupo convive en su universo con músicos como Red House Painters o Bonnie ‘Prince’ Billie, donde lo pausado del golpe es sólo para agregarle fuerza a su propuesta.

C’mon viene a demostrar que Low no ha perdido un ápice de su magia, es más, ésta brilla más cristalina que nunca. La banda es la misma que compuso el bello The curtain hits the cast (1997, Vernon Yard), tan sólo han pulido más su estilo, sin pretensiones. Como ellos cantan en “Nothing but heart”, no son otra cosa que corazón, y ahí radica su encanto.

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