No se puede comenzar sin hacer mención al gran título del octavo disco de los escoceses, toda una declaración de principios rockeros. Aunque mucho de eso no hay, porque esta vez los Mogwai disminuyen la intensidad de las guitarras y los subidones y bajadas a las que nos tienen acostumbrados, en pos de una prevalencia de melodías y un desarrollo algo diferente a lo que venían mostrando en sus últimos trabajos.

Vuelven a contar con la producción de Paul Savage, el mismo que les produjo Young team (Imperial Records, 1997) y se nota el fiato que alcanzan bajo su mando, sonando muy prolijos en la cohesión grupal, más que en la ejecución, que es una característica permanente en ellos. Cierto, puede ser más trabajado que inspirado, como por ahí deslizaron algunas críticas, pero demanda una oída diferente a lo hecho desde Mr. beast (Matador, 2006) en adelante, pues  Hardcore will never die, but you will reserva sus cartas y no va al ataque de inmediato, parodiando estrategias futbolísticas.

Por otro lado, la inclusión de sintetizadores intenta darle un adicional a su sonido, además del uso de voces distorsionadas como en “Mexican grand prix”, donde suenan como Lali Puna. Por un camino más tradicional a su estilo, tenemos al single “Rano pano”, potente y enérgico por dar un ejemplo, y también la suavidad de “Letters to the metro” por dar otro. Así se conjuga una mezcla interesante que, aunque tiene méritos, no supera lo hecho en sus discografía elemental.

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