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Publicado en abril de 1995.

Wowee Zowee (Matador, 1995) cierra la gran trilogía de Pavement. Desde su debut Slanted and Enchanted (Matador, 1992) y los subsecuentes elogios por parte de medios, incluso los británicos como NME y el Melody Maker, la banda venía afirmando su posición, hasta intentar infructuosamente entrar a la masividad con Crooked Rain, Crooked Rain (Matador, 1994), un par de años más tarde.

Este tercer disco cuenta con una gran variedad de canciones (18) que reflejan a una banda madura y en plena posesión de sus facultades. En lo formal, cada uno de los parámetros explotados por Pavement previamente se manifiestan en su máximo esplendor. Desde el country relajado tipo ‘soy-estudiante-y-me-gusta-pasear-por-el-campo-aplanando-carreteras-soleadas-con- marihuana-en-la-guantera’ de ‘Father to a sister of thought’, hasta el pop ruidoso de ‘Best friend’s arm’ y ‘Kennel District’ o el mid-tempo profundo de ‘Grounded’ (favorita para abrir los shows y una de sus mejores cartas).

El disco hace referencia al american way of life de una manera irónica y mordaz. Los empeños por concentrarse en las cosas habituales de la clase media han dado frutos. Pocas personas pueden hacer poesía con los desechos de una sociedad post industrial como lo hace el vocalista Stephen Malkmus. Citando desde “labios color Barbara Lee” en ‘Rattled by the rush’ (seguido de textos en cut up como “No necesito un sacerdote que me nombre novio” o “Sorprendí a mi viejo llorando”). Otras perlas las hallamos desde el principio del álbum, que empieza magistralmente de manera antifreudiana con un “No hay miedo a la castración en un niño” en ‘We dance’, o en ‘At&t’, donde declara que a la gente desnuda en los hoteles no les gusta que los interrumpan con llamadas telefónicas, y en Grave Architecture que hace una magnífica parodia al sentido mismo de diseñar espacios, al nombrar el tema: “Arquitectura de tumbas”.

Cada canción posee su propia personalidad (muchas se venían trabajando ya desde Crooked Rain, con un registro en demo de ocho de los temas que aparece en la reedición de lujo de ese disco). ‘Black out’ es un magnífico paseo sónico por el Gran Canyon, mientras que ‘Flux=Rad’ es un demencial hardcore de dos minutos, y ‘Pueblo’ una road movie en ácido por la frontera mexicana. Si en Crooked Rain la banda se permitió explorar material vintage para llegar a los ‘sonidos dorados’ (Gold Soundz) que le dieron fama, probando y diseñando cada textura, en Wowee Zowee se dieron rienda suelta junto al productor Bryce Goggin (Dinosaur Jr, Helium, Bettie Serveert) en un estudio en Nueva York.

Con Wowee Zowee, Pavement entrega un álbum en apariencia árido como el desierto y venenoso como un escorpión, pero el miedo inicial se convierte en satisfacción con las escuchas, como cuando se domestica a un animal huraño. Finalmente, tras librar sus secretos, este disco que parece intrincado se oye como un maravilloso universo propio de sonidos. Sin dudas, este es uno de los discos más arriesgados, honestos, desbocados, inspirados y psicodélicos de los últimos veinte años. Eso sí, el riesgo se asumió. Pavement ya nunca volvería a sonreír de la misma forma luego del fracaso comercial de la placa en cuestión. Incluso, luego entran a su fase final, con un Brighten The Corners (Matador, 1997) que se presenta como un caballero demasiado preocupado de cuidar sus buenas maneras, y un sólido Terror Twilight (Matador, 1999), que sin embargo ni Nigel Godrich en las perillas pudo salvar, producto del cansancio y posterior separación de sus miembros.