Menos naif que en su debut, Té, Papaya y Completos, Philipina Bitch se acerca a los ribetes más ácidos del rock en su segundo disco, Vecindad Maldita. La sicodelia clásica (Jimi Hendrix, los Beatles del Álbum Blanco) impregna los nuevos temas, construidos en torno a jams ruidosas. El dúo original compuesto por Felipe Ruz y Sebastián Orellana enrola para la ocasión al experimentado baterista Iván Molina (Santos Dumont, Emociones Clandestinas).

Los penquistas logran tensión y peso con el aporte del temuquense y se pasean desde lo lisérgico (“Güero”), hasta un rock duro estilo Pixies en el Trompe le Monde -“No es mentira (el sauce)”-, pasando por aires de pop inquietante a la manera de los Beach Boys de Pet Sounds en “Pastillita”, junto a sabores de jazz y cabaret en “Tan rápido como Juan”. Los 17 temas grabados gracias al Fondo de la Música por el ingeniero Pablo Mura suenan sólidos y variados.

Vecindad Maldita vale por temas intensos como “Aplasta tu generación” donde el trío incorpora elementos desestabilizadores. Philipina Bitch logra condensar su sonido y pulirlo en este segundo esfuerzo, gracias a numerosos detalles en las grabaciones, desde juegos de voces hasta percusiones, piano y teclados que acompañan las bases de la guitarra, bajo y batería. En ese sentido, Giant Sand puede ser un buen referente para entender hacia adonde se pierden estos temas en búsqueda constante, con guiños a Sonic Youth en canciones como “Seis arriba”.

Philipina Bitch destila un rock subterráneo, cavernoso y de mala leche, donde el ensueño de la sicodelia pronto se convierte en pesadilla, o en un mal viaje. Como álbum, Vecindad Maldita funciona bien en sus ritmos y tiempos, los que se van alternando de manera expansiva a lo largo del disco, el que no decae sino que mantiene la atención en este eterno claroscuro que propone el conjunto. Grabado y compuesto en Santiago, en un departamento en Bellavista, y en Valdivia, este disco resume el período en que estos nativos de Concepción han pasado en la capital, la que se vislumbra desde ya como una ciudad enfermiza.

Pese a su juventud (Ruz y Orellana bordean los veinte años), los Philipina Bitch se hacen cargo de un pasado clásico, dándole oportunidad al desorden y la improvisación para actualizarlo dignamente. La verdad, les sale muy bien.

MP3: Philipina Bitch – “Me voy”

VIDEO: Philipina Bitch – “Seis arriba”