Desde su aparición en los escenarios nacionales, Protistas cosecharon múltiples elogios, tanto por la novedad de su propuesta, como por la fuerza de sus presentaciones en vivo. Su primer largo, el también celebrado Nortinas war (Cazador, 2010), sirvió de puntal para una serie de proyectos que refrescaron la alicaída escena local del “indie-rock”, más dedicada a explorar los aspectos más sonsos y burdos de la psicodelia sesentera.

En contraste a ellos, Protistas construyeron en Nortinas war un imaginario sonoro a partir de referentes tales como Animal Collective, Pavement y algunos relacionados con el folclor chileno. Era un trabajo inquieto e intuitivo, en el que destacaba la espontaneidad con que la banda desarrollaba sus canciones. Lo paradojal era que, en esa espontaneidad, Nortinas war perdía consistencia: Protistas, al buscar un sonido que reafirmara su identidad musical, terminaban por diluirse en un mejunje de “citas” musicales sin un norte claro.

Las cruces (Cazador, 2012) es un trabajo más reposado que su debut y, extrañamente, más intenso: incluso la voz de Solar, siempre excesiva en el uso del falsete, se percibe contenida, dejando espacio para que afloren complejas armonías, coros brillantes y tintineantes guitarras. En los momentos más calmos del disco (la inicial “Rosetta” o “Napas subterráneas”), estos detalles sobresalen, creando una atmósfera emotiva y cálida. Y aunque contrastan con los momentos más ágiles del disco (el single “Granada” o “Huesos de cristal”, por ejemplo), éste no pierde cohesión.

Por el contrario, gracias a esta dicotomía que, en cierta manera, tensiona el disco en toda su longitud, Las cruces funciona como un todo y no sólo como una colección de canciones “influidas por”. Que el disco cierre con el desarrollo épico y expansivo de “Una vuelta al mundo” (y sus múltiples alusiones a la libertad espiritual), es la prueba fehaciente de esta tensión sonora, resuelta acá con una fuerza inusitada.

El brillo que tiene es lo humano que le queda (2004), el primer y único trabajo de los disueltos Taller Dejao, brillaba en toda su duración y golpeaba fuerte, con energía. Guardando las distancias, Las cruces es, en sonido, el pariente más cercano que tiene este disco en el panorama chileno actual. Obviando la vulgaridad lírica que Solar y compañía insisten en desarrollar ( y que tiene su peak más alto en la insípida “Supertroll”), este parece ser el principal mérito de Las cruces. De ahí que no pocos lo catapulten como uno de los más interesantes trabajos editados este año.