Spencer Krug pertenece a una generación que entiende cabalmente que la música es un proceso creativo en expansión constante, abierto e ilimitado, que no es necesario encerrar bajo normas concretas ni autoimpuestas. ¿Cuántas mentes brillantes del rock han sentido la necesidad de comulgar con un discurso único y/o lineal que no contravenga a las necesidades de expresión que el mismo artista se impuso sin plena conciencia?. Ciertamente la mayoría. Sin embargo figuras como Bradford Cox (Deerhunter, Atlas Sound) o Alex Turner (Arctic Monkeys, The Last Shadow Puppets), por nombrar algunos, comprenden este dilema creativo y erigen agrupaciones, ya sea solistas o bajo la compañía de otros músicos con las mismas necesidades, que les permiten, bajo otro envoltorio pero con un alma única y distinguible, expresar ciertas motivaciones sin ofender el desarrollo de sus otros proyectos, transformándolos en un complemento necesario para comprender mentes que divagan constantemente.

Así Krug, con sus bandas Swan Lake, Frog Eyes, Sunset Rubdown y Wolf Parade, logra reunir y desarrollar abiertamente, sin remordimientos, todas sus inquietudes musicales en frascos de distinto color, pero provistos de la misma esencia. Sunset Rubdown, bajo este prisma, encuentra el artificio más experimental de su creador. Los pasados discos Random Spirit Lover (2007) y Shut Up I’m Dreaming (2006) fueron muestras de un genio único, en el cual la instrumentación caótica y en exceso sirvió como recurso de expresión válido y altamente efectivo.

Dragonslayer sigue la misma concepción y utiliza los mismos recursos, pero definitivamente está construido de una manera distinta. Al igual que el disco At Moun Zoomer de su proyecto Wolf Parade, Krug arma en su mente un rompecabezas de sonidos que desarrolla de una manera más directa hacia el oyente, sin pretensiones mayores, alejado de todo barroquismo; pero que mantiene esa complejidad de estructuras tan propias de su genio. En ese juego es acertado pensar que la inclusión más protagónica de la voz secundaria de Camila Wynne le permite un desarrollo más armonioso, fluido y comprensible de su trabajo, como se puede escuchar en temas tan intensamente melodiosos como “Silver Moons” o tan aglutinados de estructuras y complejidades como “Black Swan”.

Uno de los puntos más intrigantes de Spencer Krug es el desarrollo de sus letras, que muchas veces se confunden en medio de tanta complejidad de fondo y terminan siendo muy difíciles de seguir. Como nunca antes, es posible encontrar las conexiones, los puntos comunes y el significado de sus composiciones, pero siguen siendo tan intrincadas como siempre y es posible ver referencias a temas de otros discos o de sus otros proyectos. ¿Alguien ha hecho el reparo de que el tema “Paper Lace” está incluido también en el disco que Swan Lake lanzó este año?. ¿Quién puede hacer dos versiones de una misma canción y que ambas posean los elementos para hacerla tan buena?. No es de extrañar que Spencer Krug sea el responsable.

En definitiva, Dragonslayer carece de ciertos elementos tan apetecidos de los anteriores discos de Sunset Rubdown, pero el refinamiento de su recursos expresivos hace mantener este disco como una obra que no envidia en absoluto el complejo de sonidos de sus antecesores, y demuestra las capacidades de un Spencer Krug totalmente inspirado, que bordea los límites de la genialidad. Un disco necesario para tu catálogo musical.

MP3: Sunset Rubdown – “Black Swan”

VIDEO: Sunset Rubdown en Black Cab Sessions