La travesía musical de Peter Silberman se inició como un proyecto de aislamiento, que remite de inmediato a la historia de Bon Iver: él también tuvo que lidiar con un rompimiento amoroso, que lo llevó a quedarse encerrado en su casa por largos períodos debido a un feroz estado de depresión. Pero en vez de nieve y una cabaña, el estadounidense cambió Manhattan por Brooklyn para componer canciones íntimas de folk y lo-fi que –con la adición de dos miembros permanentes– se convirtieron en verdaderas piezas épicas, que reflejan mejor esta suerte de encierro urbano. Ahí es donde entran las odiosas, pero hasta cierto punto justificadas, comparaciones con Arcade Fire.

Este disco debut es una obra conceptual que tardó dos años en concretarse. Desde 2006 Peter Silberman empezó a acumular una serie de grabaciones caseras, para luego –en 2008– registrar un par de Eps, con la participación de Michael Lerner (batería y percusión) y el multiinstrumentista Darby Dicci. El sonido de The Antlers comenzaba a definirse y complejizarse, por lo que ahora faltaba un motivo.

Una fijación de Silberman por los hospitales marcó el punto de partida de Hospice, que narra el distanciamiento de una pareja y que termina con el protagonista viendo morir a Sylvia, su ex, por un fatídico cáncer. A través de letras muy detalladas y cercanas, la historia se acompaña con los altos y bajos sonoros que un trauma así merece. Aquí entran todo tipo de estados de ánimo, que se reflejan en piezas que pasan desde la desesperación hasta la calma.

Desde el aborto que los separa hasta la muerte definitiva, Hospice logra una ecuación perfecta entre la intimidad que le faltó y lo épico que a ratos exudó Funeral, de Arcade Fire. Es cierto, los canadienses llegaron primero, pero hay que saber identificar cuándo se está ante el alumno aventajado de la clase. Y con joyas como “Two”, “Bear” o “Shiva”, este debut se ubica cómodamente entre lo mejor de 2009.

MP3: The Antlers – “Bear”

VIDEO: The Antlers – “Two” (en vivo)