Es raro lanzar un álbum doble en la era del emepetrés y la crisis de las discográficas. En rigor también fue raro lanzar en 2002 un disco más o menos conceptual. Pero así como lanzar un disco que contase las aventuras de Yoshimi en su melancólica y emotiva lucha contra los robots (Yoshimi Battles the Pink Robots, 2002) estuvo lejos de ser una apuesta fallida , tampoco parece serlo Embryonic, en palabras del propio Wayne Coyne, el disco más experimental en los más de 25 años de carrera (sí, leyó bien) de la banda oriunda de Oklahoma City.

Como si fuese tan imposible de comprender, la música de los Flaming Lips es probablemente la que más raras etiquetas ha recibido por la crítica. Rock experimental, punk sicodélico, surrealistas, extraños. Fearless Freaks. Ellos, más allá de las etiquetas parecen seguir un camino -digámoslo- también extraño, que partió con una particular aproximación al punk en sus primeros discos, para llenarse de capas, texturas y bajos saturados en Transmissions from the Satellite Heart (1993) y especialmente en The Soft Bulletin (1999), para concluir con esa pequeña joya de principios de milenio que es Yoshimi… (2002). En este contexto, Embryonic está mucho más emparentado con la sicodelia galopante de Transmissions… que con la delicadeza de Yoshimi…. Y da un salto cuántico luego de ese tropiezo llamado At War with the Mystics (2006).

Como siempre, en el caso de Flaming Lips, resulta difícil descubrir influencias o explicaciones. Un poco como si la construcción de un disco se tratara de perderse por ahí y confiar en un desenlace feliz. En entrevistas, Coyne se ha encargado de explicar que la elección de hacer un disco doble fue más producto del azar a querer asimilarse -a lo menos conscientemente- a clásicos discos dobles como los de Led Zeppellin o Pink Floyd. De alguna forma, este disco captura sensaciones noventeras lo-fi para hacer un disco con la sicodelia acostumbrada pero sucio, cochino. Con ciertos momentos de luminosidad, pero siempre bajo una tela que forzosamente nos recuerda que estamos frente a científicos en plena experimentación.

Embryonic no tiene himnos, no tiene singles. No hay waitings for superman ni do you realizes. Si me lo permite, a veces da la sensación que este es el disco que haría Syd Barret después de haber echado a patadas a los mofletudos baladistas de Pink Floyd. Como si de una jam session en ácido se tratara, esta vez las armonías de Coyne se emparentan más con Tago Mago de Can que con Animal Collective.

Como siempre sucede cuando se trata de arte, la clave no pasa por tratar de entender lo que “significa” cada cosa en Embryonic. Qué importancia tienen los extraños grititos de Karen O en “I can be a frog” o el por qué de la colaboración con MGMT en “Worm mountain”. O qué quiere decir Coyne cuando canta repetidamente respecto de la diferencia entre nosotros en “Convinced to the hex”. Si hay algo que, esta vez inconscientemente emparenta a este disco con los experimentos de los ’60 es ese entusiasmo progresivo de tratar de llevarnos a lugares extraños, raros y freaks. El lograrlo en épocas de emepetrés y descargas por Internet es, sin ninguna duda, una buena y agradable gracia.

MP3: The Flaming Lips – “Worm mountain”

VIDEO: The Flaming Lips – “I can be a frog”