Aparecido en noviembre de 1968

Es probable que, para el grueso de la memoria colectiva, 1968 sea un año impregnado de una inevitable carga política. Cuando se habla de los ’60, estamos hablando de una década de ebullición cultural tan potente, que hizo que la siguiente generación odiara todo lo referente al “baby boom”, nombre con que se generalizaba a esa cosecha que floreció como única respuesta para poder responder frente a los “logros” de sus mayores.

Más de cuarenta años después, el ’68 está asociado a la adultez del rock y a los últimos resabios de sueños e idealización. Jimi Hendrix cerraba una etapa con el poderoso y abrasivo Electric Ladyland; Velvet Underground creaban la mini biblia negra del rock con White Light, White Heat; Captain Beefheart hacían uno de los discos más arriesgados de la historia con Trout Mask Replica y los Rolling Stones comenzaban la seguidilla de sus obras maestras con Beggars Banquet. Los Beatles, en tanto, conscientes que no se podía escalar mas alto después de “A day in the life” (el tema que cerraba Sgt Pepper) sacaban un disco de tapa blanca que contenía un pandemónium de estilos musicales.

Así las cosas, en plena ebullición psicodélica, con la juventud transformada en una fuerza política y la música intentando convertirse en la conciencia misma de su tiempo, ¿qué respuesta se podría esperar de Ray Davies, el genio detrás de The Kinks y creador de “Waterloo sunset”, el himno por autonomasia de la Swinging London? Pues, la más sorprendente de todas: Davies se transformó en el arquetipo de la renuncia y negación a todo ese frenesí que marcó el zeitgeist del fin de una época. Basta poner atención al ignorado e incomprendido en su tiempo The Kinks are the Village Green Preservation Society, para oír la respuesta a la revolución cultural de aquel entonces: el momento en que los Kinks dejan de lado las flores hippies y el mundanal ruido para autoexiliarse y volver a rescatar valores ingleses extraviados.

Village Green… contiene pequeños grandes himnos que ensalzan la mirada de un Ray Davies ácido y melancólico por partes iguales, describiendo en “Picture book” que los buenos tiempos se quedaron en los libros de las fotos familiares, “cuando eras un bebé feliz / hace mucho tiempo atrás”. O en “Johnny Thunder” y “Monica”, donde retrata personajes como el chico malo del barrio o esa chica inalcanzable, pero frente a la cual es inevitable enamorarse. Hasta llegar a una conmovedora oda al obrero que vuelve arrepentido a su pueblo luego de haber buscado fama en la ciudad: “¿No es una lástima que nuestro pequeño mundo haya cambiado?” pregunta en “Do you remember Walter?”.

A lo largo de todo el disco, Davies no sólo disecciona al pueblo inglés y ve cómo el antiguo imperio británico queda cada vez mas obsoleto en un mundo cosmopolita y globalizado. También actúa como un cronista idóneo, con una dedicación y mirada pocas veces vista en el pop, y sus canciones funcionan como polaroids de la cotidianeidad de Londres (no hay que olvidar que los “village green” eran los lugares de retiro donde eran enviados los dandys a recuperar la cordura). Justo antes de la salida de este disco, The Kinks habían llegado otra vez a los rankings con el tema “Days”, pero lo que nadie notaba era que dicho tema marcaba su despedida de ese mundo agotador condenado a las modas pasajeras. En esa misma canción, Ray Davies se despide y agradece por lo vivido, y cierra esa edad de oro. Es un hasta pronto, y bienvenidos a la inmortal villa verde.

MP3: The Kinks – “Picture Book”

VIDEO (aficionado): The Kinks – “Monica”