En apenas un par de años, The Pains of Being Pure at Heart pasaron de ser una anomalía en Brooklyn a convertirse en un referente del nuevo pop. Una rareza porque, en medio de la avalancha hipster de MGMT y Passion Pit, los Pains eran unos extraños que empezaron a sacar 7 pulgadas que se agotaron rápidamente y que se remitían al sonido de las bandas noise pop de mediados de los ochenta, como los My Bloody Valentine (MVB) de la época Ecstasy and wine (1989) y The Pastels. Luego, vino un debut homónimo que generó un consenso respecto a cuan interesante era esta música que se creía perdida en los confines de la historia, o en los estantes de melómanos que la devoraban como ratones de biblioteca.

Ahora, The pains… vuelve con un segundo álbum mucho más cercano al sonido del indie pop en los noventa, y han reclutado nada menos que a una dupla histórica: Flood y Alan Moulder. Ellos han trabajado con MBV, Lush, Depeche Mode y Nine Inch Nails, pero más notablemente, en este caso, con The Smashing Pumpkins en Mellon collie and the infinite sadness (1995), tal vez el álbum al cual más se acercan los sonidos de la guitarra y la batería de este Belong.

Las canciones de este segundo elepé, como “Heart in your heartbreak”, suenan sólidas y dinámicas, tal vez más que en sus esfuerzos anteriores, como un paso de este quinteto a las ligas mayores. La producción es el gran plus para lograr aquello, así como las técnicas de grabación, ya que el ánimo de los temas es el mismo que siempre en este conjunto: un pop desprejuiciado, algo nerd y algo naif. No parece importarles, y es más, han hecho de ello su bandera de lucha como chicos sensibles, a la manera de Belle and Sebastian, en una versión más rock y shoegaze, o pre-shoegaze, en realidad.

Las melodías son pegajosas como un chicle rosado en la boca de una adolescente, y los Pains logran hacer suyo un estilo que ha estado siempre ahí, latente, esperando a que alguien lo rescate. La banda la conforman Alex Naidus en bajo, Kip Berman en guitarra y voz, Kurt Feldman en la batería (ojo con su banda The Depreciation Guild que está buenísima), Peggy Wang en teclados y voces, y Christoph Hocheim en guitarra.

Les es merecedor el publicar bajo Slumberland, un bastión independiente del noise pop desde que surgió el género, o desde que éste llegó a Estados Unidos, con otros sellos como K y Pop Narcotic, los que llenaron las parrillas de las radios indie americanas a principios de los noventa. Lo interesante de Belong es poder sonar a todas sus referencias, pero haciendo del todo algo propio y actualizado. New Order no sería una cita descabellada en el nuevo repertorio de los neoyorquinos (basta oír “The body”).

Dentro de todo el vacuo revival ya sea del pop más sintético de los ochenta, o de lo más obvio, al fin alguien rescata lo bueno que se hizo en la escena underground desde esa década en adelante. Beat Happening y Yo La Tengo nacieron ahí, tremendamente incomprendidos y subvalorados. Ni hablar de The Pastels. Sin embargo, The Pains of Being Pure at Heart sigue en su camino de manera independiente y entusiasta, sin tregua, tan sólo por el placer de hacerlo, y de hacerlo bien. Belong es uno de los mejores discos de indie pop en bastante tiempo, no sólo de este año, y es una victoria para sus autores.

Escucha Belong en línea aquí.


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